Hacer la América
- Origen histórico: La fórmula nace del ciclo migratorio que llevó a millones de europeos al Cono Sur entre 1850 y 1930, con Argentina y Uruguay como destinos principales. América funcionaba en el imaginario como la fortuna que…
- Variantes frecuentes: Hacerse la América · Venir a hacer la América
- En otros idiomas: «to strike it rich» (EN)
Emigrar para enriquecerse y volver con fortuna; hoy se dice también de quien prospera deprisa en un sitio nuevo o gracias a una oportunidad.
Hacer la América es emigrar para enriquecerse y volver con fortuna. La fórmula nombra un proyecto completo: cruzar el Atlántico, trabajar sin descanso unos cuantos años y regresar al pueblo con un capital que allí nunca se habría juntado. Hoy se aplica también, casi siempre con ironía, a quien prospera deprisa en cualquier sitio nuevo.
Qué significa exactamente
Lo primero que hay que entender es que la expresión contiene el regreso. No dice emigrar; dice emigrar, hacer dinero y volver. Esa tercera parte es la que la distingue de cualquier otra manera de nombrar la migración, y la que explica su tono. Quien se iba a hacer la América no pensaba quedarse: pensaba levantar una casa en el pueblo, comprar tierra y sentarse a mirarla.
De ahí sale una figura muy concreta del imaginario español, la del indiano. Así se llamaba al emigrante retornado con dinero, y no es una figura literaria: las casas de indianos que salpican Asturias, Cantabria, Galicia y Canarias, con sus palmeras plantadas en el jardín como certificado de haber estado al otro lado, son el rastro material de la expresión. Cuando alguien decía que fulano había hecho la América, se refería a eso exactamente.
La misma frase cambia de perspectiva según quién la diga. En España se mira desde el punto de partida: el que se fue. En Argentina y Uruguay se mira desde el punto de llegada: el que vino. Y ese cambio de foco trae consigo un cambio de tono, porque desde el país receptor la frase suele decirse con ironía cariñosa sobre un antepasado que vino a hacerse rico y acabó de panadero, de tranviario o de sastre.
El uso moderno ha ampliado el campo sin perder el sarcasmo. Hoy se dice de quien cree que va a forrarse con un negocio, una inversión o un traslado, y casi siempre se dice para desinflar esa expectativa. Rara vez se emplea en serio y en presente. En serio y en pasado, sí: al hablar de la familia, la frase recupera toda su carga histórica.
No debe confundirse con descubrir América, que significa decir una obviedad como si fuera un hallazgo, ni con el sueño americano, que apunta a otro sitio y a otra cosa. La diferencia con este último es sustancial y merece detenerse: el sueño americano consiste en quedarse y prosperar allí; hacer la América consiste en volver. Son dos proyectos migratorios distintos, y el idioma los distingue.
De dónde viene
Del mayor ciclo migratorio de la historia de España, el que llevó a millones de europeos al Cono Sur entre mediados del siglo XIX y los años treinta del XX. Argentina fue el segundo país receptor de inmigración del mundo en aquel periodo, solo por detrás de Estados Unidos, y Uruguay recibió, en proporción a su población, todavía más. Gallegos, asturianos, canarios, vascos y catalanes formaron parte de esa corriente en cantidades que cambiaron la demografía de las dos orillas.
La construcción gramatical es una metonimia limpia. América no es aquí el continente, sino la fortuna que el continente prometía. Por eso el verbo hacer, que normalmente pide cosas —hacer dinero, hacer carrera, hacer las Américas—, puede aquí llevar un nombre propio: se hace la América igual que se hace el negocio. La lengua identificó el lugar con el beneficio y se ahorró la palabra intermedia.
Hay un dato que apuntala el contexto de manera muy sólida: el italiano tiene fare l’America, con el mismo sentido y nacida del mismo movimiento migratorio. Los italianos fueron, junto a los españoles, el otro gran contingente que llegó al Río de la Plata en esas décadas, y en los barcos, los conventillos y los mercados de Buenos Aires y Montevideo las dos lenguas convivieron a diario. La coincidencia no es casual: la fórmula pertenece a ese caldo compartido.
La expresión aparece en la literatura y en la prensa de la época a ambos lados del Atlántico, en un contexto donde el hecho social era tan central que no necesitaba explicación. Lo que no hay es un primer testimonio identificado y fechado que permita decir aquí nació.
Hasta qué punto está probado
El marco histórico no admite discusión. La emigración masiva ocurrió, las fechas están establecidas y el retorno del indiano enriquecido es un fenómeno documentado hasta en la arquitectura. Sobre eso no hay nada que matizar.
Lo que queda en el terreno de lo probable es la genealogía concreta de la fórmula. No se sabe si nació en español y pasó al italiano, si nació en italiano y pasó al español, o si surgió a la vez en las dos lenguas por la misma presión expresiva, que es lo más verosímil dado que sus hablantes compartían barco, barrio y oficio. Tampoco se conoce el primer uso escrito ni el lugar donde se registró.
Conviene desconfiar de cualquier relato que sitúe el nacimiento de la frase en un puerto concreto, en una fecha concreta o en boca de un personaje concreto. No hay base para nada de eso. Lo honesto es decir que la expresión nace del hecho migratorio, que es incontestable, y que su recorrido exacto dentro de la lengua no se ha podido establecer.
Cómo se usa hoy
En España sigue viva, aunque con pátina histórica. Aparece sobre todo al hablar de antepasados —el bisabuelo que se fue a Cuba, el tío que se fue a Buenos Aires— y en sentido figurado para rebajar expectativas ajenas: no vas a hacer la América con esto. En zonas de emigración tradicional, como Asturias, Galicia y Canarias, conserva más peso emocional que en el resto del país, porque allí las familias tienen historias reales que contar.
En Argentina y Uruguay es de uso corriente y se dice desde el otro lado del viaje, con la ironía de quien sabe cómo acabó la aventura en la mayoría de los casos. Suele acompañar al relato familiar del abuelo o el bisabuelo, y lleva incorporada una constatación que se sobreentiende: casi nadie hizo la América, casi todos se quedaron trabajando.
Fuera de esos tres países se entiende por contexto pero no forma parte del habla corriente, y ahí está el dato que más importa saber. En México, Colombia, Chile o Perú la frase no se emplea, sencillamente porque esos países no fueron el destino de aquel ciclo migratorio. En México, además, el proyecto migratorio equivalente apunta al norte y no al sur, y se nombra con otras palabras: irse al otro lado, irse al norte. Decir allí que alguien se fue a hacer la América obliga a explicarse.
Un aviso sobre el tono. Aplicada a migrantes actuales, la expresión puede sonar condescendiente, porque arrastra la idea de que el que se va busca enriquecerse y no sobrevivir. Con los antepasados propios funciona como afecto; con los recién llegados de hoy, con frecuencia no.
Sobre la forma, dos observaciones. El artículo femenino es obligatorio y no se puede prescindir de él: se hace la América, nunca se hace América. Y conviene no mezclarla con hacer las Américas, en plural, que en el habla peninsular se ha usado para referirse a irse a América sin más, sin insistir en el enriquecimiento ni en el regreso. La diferencia entre el singular y el plural es real, aunque en el uso corriente se difumine con frecuencia.
Expresiones parecidas
Para el enriquecimiento rápido sin salir de casa, el español tiene hacer el agosto, que se refiere a aprovechar una temporada o una circunstancia favorable, y ponerse las botas, que añade la idea de hartarse. Ninguna de las dos implica viaje, y esa es la diferencia esencial.
Del lado de la tierra que promete abundancia están atar los perros con longaniza, que describe un país o un lugar donde sobra de todo hasta el disparate, y la tierra prometida, de origen bíblico, que nombra el destino ideal al final de un camino largo. Esta última se cruza a menudo con la nuestra en los relatos migratorios, y con la misma ironía cuando la realidad no acompañó.
En el Río de la Plata, el ciclo completo tiene su propio vocabulario: laburar para el trabajo duro, guita para el dinero, tirar manteca al techo para el derroche del que ya llegó. Ese último es interesante porque describe el momento siguiente al de nuestra expresión: el del enriquecido que enseña lo que tiene.
En inglés, to strike it rich cubre la parte del golpe de fortuna pero no la del retorno. El American dream cubre la migración y el ascenso, pero implica quedarse. Ninguna de las dos traduce del todo hacer la América, porque en inglés falta justamente lo que en español sobra: la idea de que el destino final del emigrante era el pueblo del que salió.
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Argentina
Enriquecerse tras emigrar
Mirada desde el país de llegada, con ironía frecuente
«El bisabuelo vino a hacer la América y se quedó de panadero.»
España
Emigrar y volver rico
Mirada desde el país de partida
«Se fue a hacer la América y volvió con un caserón.»
Uruguay
Emigrar para enriquecerse y volver con fortuna; hoy se dice también de quien prospera deprisa en un sitio nuevo o gracias a una oportunidad.
Ejemplos de uso
- «En casa bromeamos con que el pequeño se irá a hacer la América en cuanto termine la carrera.»
- «La jefa se fue a la delegación de Berlín a hacer la América y en dos años ya dirige el departamento.»
- «Dicen en el barrio que el del bazar vino a hacer la América y ya tiene tres tiendas abiertas.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to strike it rich
Literalmente: dar con la veta
IT
fare l'America
Literalmente: hacer la América
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «hacer la América»?
Emigrar para enriquecerse y volver con fortuna al lugar de origen. El regreso forma parte del significado: no es solo irse, es irse, hacer dinero y volver. Hoy se aplica también, con ironía, a quien prospera deprisa en un sitio nuevo.
¿De dónde viene «hacer la América»?
Del ciclo migratorio que llevó a millones de europeos al Cono Sur entre 1850 y 1930. América nombraba la fortuna que allí podía hacerse. El italiano tiene «fare l'America» con el mismo sentido, nacida del mismo movimiento.
¿Es lo mismo que el sueño americano?
No. El sueño americano consiste en emigrar, prosperar y quedarse. Hacer la América incluye el regreso: se iba a juntar un capital para volver al pueblo con él. Son dos proyectos migratorios distintos.
¿Se usa «hacer la América» en México?
No forma parte del habla corriente mexicana, aunque se entiende por contexto. México no fue destino de aquel ciclo migratorio; allí el proyecto equivalente apunta al norte y se dice irse al otro lado. Sí es común en España, Argentina y Uruguay.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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