En martes, ni te cases ni te embarques
- Origen histórico: El refrán está documentado en los repertorios castellanos del siglo XVII en formas más largas, con la mudanza y el corte de la ropa entre las cosas prohibidas. Su raíz es astrológica y romana: el martes es el…
- Variantes frecuentes: En martes, ni te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes · Martes, ni te cases ni te embarques · En martes, ni tu casa mudes ni tu hija cases
- En otros idiomas: «Friday the 13th» (EN)
El martes es día aciago y no conviene emprender en él nada importante: ni boda, ni viaje, ni mudanza. Es la superstición calendárica más viva del español.
La historia que circula por internet es falsa. Aquí se explica por qué.
El martes es día aciago y no conviene emprender en él nada importante: ni boda, ni viaje, ni mudanza. Eso dice el refrán, que es la superstición calendárica más viva del español y la que mejor ha resistido al calendario laboral. Hoy se repite medio en broma, pero sigue moviendo fechas de firma y de vuelo.
Qué significa exactamente
No estamos ante una enseñanza moral sino ante una regla de prudencia mágica: hay días buenos y días malos para empezar cosas, y el martes está entre los peores. El refrán no explica por qué, se limita a prohibir, que es como funcionan las supersticiones bien asentadas.
Lo interesante está en la lista de lo prohibido, porque no es caprichosa. Las versiones largas añaden más elementos —ni de tu casa te apartes, y en otras formas la mudanza y hasta el corte de la ropa nueva— y todas comparten un rasgo: son actos irreversibles que exponen a la fortuna. Casarse era un contrato indisoluble y una operación económica familiar con dote de por medio. Embarcarse significaba subirse a un barco de vela con una probabilidad real de no volver. Apartarse de casa o mudarse suponía perder el amparo de lo conocido. Cortar la tela para hacer una prenda era gastar de una vez un dinero que costaba meses reunir, sin posibilidad de deshacer el corte. El refrán no prohíbe trabajar en martes ni sembrar en martes: prohíbe apostar en martes.
El verbo embarcarse ha hecho además un servicio impagable a la supervivencia de la frase. Casi nadie se embarca ya en el sentido literal, pero embarcarse en un proyecto, en una hipoteca o en una obra se dice todos los días, y esa lectura figurada mantiene el refrán perfectamente utilizable en una oficina.
De dónde viene
La raíz es astrológica y romana. La semana planetaria heredada del mundo antiguo puso los días bajo el patrocinio de los astros y sus dioses, y el martes es el dies Martis, el día de Marte, dios de la guerra. Las lenguas romances conservaron esos nombres —martes, mardi, martedì— mientras las germánicas sustituyeron los dioses latinos por los suyos propios, con la particularidad de que el inglés Tuesday también quedó bajo un dios guerrero. Marte arrastra hierro, sangre y violencia, y un día así se consideraba contrario a todo lo que se emprende con esperanza.
Sobre esa base trabajó toda la Edad Media. Los calendarios medievales traían listas de días aciagos en los que no convenía sangrar a un enfermo, iniciar un viaje ni comenzar una obra, y la astrología convivía sin conflicto aparente con el calendario litúrgico en la misma cabeza y a veces en la misma página. El martes castellano es un resto de aquel sistema.
Correas recoge el refrán en 1627, y lo hace en formas más largas que la que hoy usamos, con la lista de prohibiciones ampliada. La versión corta que ha llegado a nosotros es un resumen, no el original, algo bastante habitual: el refranero se abrevia con el uso y conserva lo que mejor suena.
Conviene añadir un dato de contexto que explica la fuerza de la creencia. En una sociedad sin seguros, sin partes meteorológicos y sin medicina eficaz, elegir el día era la única gestión del riesgo al alcance de cualquiera. No se podía hacer nada contra un naufragio ni contra unas fiebres, pero sí se podía retrasar la boda al miércoles. La superstición calendárica no es tanto una creencia sobre el cosmos como un procedimiento para sentir que uno decide algo.
Hasta qué punto está probado
Está documentado en los repertorios castellanos del siglo XVII, y su explicación astrológica es la aceptada, apoyada en el nombre mismo del día y en el paralelo romance. Lo que no se puede fechar es el momento en que la creencia general en el martes aciago cuajó en este refrán concreto y con esta lista de prohibiciones. Esta ficha se marca como desmentido por el origen alternativo que suele contarse, que es histórico, concreto y falso.
Lo que se cuenta por ahí (y por qué no cuadra)
La explicación que corre por internet, por la televisión y por muchas aulas es que el martes es día aciago porque en martes cayó Constantinopla ante los turcos, en 1453. La caída de la ciudad habría marcado a la cristiandad hasta el punto de contaminar el día de la semana, y de ahí saldría el refrán.
Hay que reconocerle a esta historia una virtud rara en los bulos: la fecha es exacta. Constantinopla cayó efectivamente un martes, el 29 de mayo de 1453, y el episodio fue un golpe enorme para la Europa cristiana, con eco inmediato en toda la literatura y la predicación del momento. No es un dato inventado. Cuando alguien la cuenta, está manejando historia de verdad, y eso la hace mucho más resistente que las anécdotas de reyes y ahorcados.
Lo que falla es la dirección de la explicación. La mala fama del martes es anterior y más ancha que el episodio bizantino: está anclada en Marte y en la semana planetaria, y no se limita al castellano. El italiano tiene un proverbio que desaconseja casarse o partir tanto en viernes como en martes, y ese emparejamiento con el viernes es incomprensible desde Constantinopla, porque la ciudad no cayó dos veces ni en dos días distintos. Lo que comparten el castellano y el italiano no es un recuerdo histórico, sino una herencia romana: los mismos dioses en los mismos días.
A eso se suma que la desconfianza hacia los días señalados forma parte de un sistema anterior, el de los días aciagos de los calendarios medievales, que ya existía cuando Constantinopla todavía era cristiana. Y hay un detalle de método que conviene retener: una fecha exacta impresiona, pero no demuestra nada por sí sola. En cualquier semana hay un martes, así que cualquier catástrofe tiene una posibilidad entre siete de haber ocurrido en martes, y siempre se puede buscar hacia atrás un desastre que encaje. La caída de Constantinopla no fundó la superstición; se le añadió después como certificado histórico, que es un movimiento clásico: primero existe la creencia y luego se le busca un aval con fecha.
Cómo se usa hoy
Sigue vivo y se dice en tono ligero, casi siempre con una sonrisa que permite al hablante no comprometerse con la creencia. Esa ambigüedad es la clave de su supervivencia: nadie tiene que declararse supersticioso para citarlo. Y sin embargo funciona. Hay quien evita firmar una escritura, tomar un vuelo o inaugurar un negocio en martes, y en particular en martes y trece, y lo hace explicando que él no cree en esas cosas pero para qué arriesgarse.
Se recorta constantemente. Basta un en martes, ni te cases para que el interlocutor complete. La coletilla larga, ni de tu casa te apartes, se recupera cuando alguien quiere hacerse el enterado, y suele ir acompañada de la aclaración de que la versión completa es más antigua.
En México y en el resto de América la creencia es igual de firme y se concentra en el martes trece, que es allí el día temido por excelencia, no el viernes trece. Esa diferencia con el mundo anglosajón sigue sorprendiendo a mucha gente, y el viernes trece ha ido ganando terreno en España por vía del cine y de la prensa, sin desalojar al martes. Son dos supersticiones distintas conviviendo, cada una con su historia.
El martes trece merece un apunte, porque suma dos creencias que nacieron por separado: la del día de Marte y la del número trece, ligada al recuento de los comensales de la última cena. Su combinación es moderna y se ha reforzado en el siglo XX con el cine y los medios, que necesitan una fecha para el reportaje anual.
Como enseñanza, el refrán supone una visión del mundo en la que el tiempo no es homogéneo: unos días valen más que otros y el calendario tiene relieve. Cuesta juzgarla desde fuera con superioridad, entre otras cosas porque seguimos organizando la vida con días marcados, aunque ahora los llamemos festivos, aniversarios o fechas señaladas.
Expresiones parecidas
El pariente más cercano es año bisiesto, año siniestro, que aplica la misma desconfianza a la irregularidad del calendario, solo que a escala de año en lugar de semana; la lógica es idéntica, porque lo que rompe la rutina del cómputo se considera sospechoso. Las cabañuelas pertenecen a otra familia, la de la predicción meteorológica popular, y no juzgan el día como bueno o malo, sino que lo usan como pronóstico. La noche de San Juan ocupa el extremo opuesto del calendario mágico: allí la fecha no prohíbe, sino que habilita, porque es la noche en que las hierbas curan y los ritos funcionan. Puestos en fila, los tres muestran que el calendario popular español no era una lista de fiestas, sino un mapa de riesgos y oportunidades repartido a lo largo del año.
⏳ Cronología y Registro Histórico
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Argentina
El martes es día aciago y no conviene emprender en él nada importante: ni boda, ni viaje, ni mudanza. Es la superstición calendárica más viva del español.
Chile
El martes es día aciago y no conviene emprender en él nada importante: ni boda, ni viaje, ni mudanza. Es la superstición calendárica más viva del español.
Colombia
El martes es día aciago y no conviene emprender en él nada importante: ni boda, ni viaje, ni mudanza. Es la superstición calendárica más viva del español.
España
El martes trae mala suerte para empezar algo
Se dice medio en broma, pero hay quien evita firmar o volar en martes 13
«La firma la dejamos para el miércoles, que en martes ni te cases ni te embarques.»
México
Misma creencia, muy asociada al martes 13
En Hispanoamérica el día temido es el martes 13, no el viernes 13 anglosajón
«Ni loco viajo mañana, es martes 13: en martes ni te cases ni te embarques.»
Perú
El martes es día aciago y no conviene emprender en él nada importante: ni boda, ni viaje, ni mudanza. Es la superstición calendárica más viva del español.
Uruguay
El martes es día aciago y no conviene emprender en él nada importante: ni boda, ni viaje, ni mudanza. Es la superstición calendárica más viva del español.
Venezuela
El martes es día aciago y no conviene emprender en él nada importante: ni boda, ni viaje, ni mudanza. Es la superstición calendárica más viva del español.
Ejemplos de uso
- «Mi abuela se negó a que hiciéramos la mudanza un martes: en martes, ni te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes.»
- «El profesor bromeaba con dejar el examen para el miércoles, que martes ni te cases ni te embarques.»
- «En la agencia de viajes juran que los martes venden la mitad de billetes: en martes, ni te cases ni te embarques.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
Friday the 13th
Literalmente: Viernes 13
IT
Né di Venere né di Marte non si sposa non si parte
Literalmente: Ni en viernes ni en martes se casa uno ni se marcha
Preguntas frecuentes
¿Qué significa en martes, ni te cases ni te embarques?
Que el martes se considera día de mala suerte para emprender algo importante: casarse, viajar o mudarse. Las versiones largas añaden que tampoco conviene salir de casa.
¿Es verdad que viene de la caída de Constantinopla?
No. Es una racionalización posterior. La mala fama del martes viene de Marte, dios de la guerra, y de la semana planetaria romana, y la comparte el italiano. Que la ciudad cayera en martes se usó después para dar aire histórico a la superstición.
¿Por qué en español el día de mala suerte es el martes y no el viernes?
Porque en el mundo románico pesa la asociación con Marte, dios de la guerra, heredada de la semana planetaria romana. El viernes trece anglosajón tiene otra raíz y llegó al español tarde, sobre todo por el cine.
¿Y el martes trece?
Suma dos supersticiones independientes: la del día de Marte y la del número trece, ligada a los comensales de la última cena. La combinación es reciente y se ha reforzado en el siglo XX por el cine y la prensa.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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