Comulgar con ruedas de molino
Tragarse una mentira descomunal o aceptar sin rechistar algo absurdo que nadie con dos dedos de frente admitiría.
Tragarse una mentira descomunal o aceptar sin rechistar un disparate que nadie con dos dedos de frente admitiría: eso es comulgar con ruedas de molino. El chiste está en el tamaño, porque la hostia de la comunión es una oblea finísima y la rueda de un molino pesa cientos de kilos, y las dos son redondas.
Qué significa exactamente
La expresión no describe cualquier engaño. Describe uno que se ve venir. Para que funcione, la falsedad tiene que ser evidente, tan grande que solo alguien decidido a no mirar puede pasarla por alto. De ahí la desproporción de la imagen: no se trata de tragar algo un poco más grande de lo normal, se trata de tragar una piedra de molino.
Esa condición la separa de sus vecinas. En tragarse el anzuelo el engaño está bien hecho y la víctima cae porque no había manera de detectarlo. Aquí no hay habilidad ninguna: hay descaro por un lado y ceguera o resignación por el otro. Comulgar con ruedas de molino es un fallo de sentido común, no de información.
La frase reparte además dos papeles según cómo se construya, y el reparto importa. En la forma simple, el sujeto es el crédulo: quien comulga es quien se lo traga. En la forma causativa, hacer comulgar con ruedas de molino, el sujeto es el otro, el que pretende colocar el disparate, y ahí la acusación cambia de destinatario. Esta segunda construcción es la más frecuente en el lenguaje político y en las quejas de consumidor, y suele ir con verbos de intención: nos quieren hacer comulgar, pretenden hacernos comulgar. Lo que se denuncia entonces no es la ingenuidad de nadie, sino el atrevimiento del que lo intenta.
Hay un matiz que se pierde con frecuencia y que da a la expresión buena parte de su fuerza: no siempre se trata de creer. A veces se trata de tener que aceptar. Cuando un trabajador dice que en su empresa hacen comulgar a todo el mundo con ruedas de molino, no está diciendo que sus compañeros sean tontos, está diciendo que se les obliga a dar por buena una versión que nadie cree. Hay ahí un componente de sumisión forzada que la imagen recoge bien, porque comulgar es también un acto público que se hace delante de los demás.
Su hábitat natural es la negación. La forma que más se oye es la primera persona negativa, yo no comulgo con ruedas de molino, dicha como advertencia y con cierto orgullo. Conviene no confundirla con el otro comulgar con que existe en castellano, el de no comulgo con esas ideas, donde el verbo significa compartir un pensamiento y no hay ninguna rueda de por medio. Las dos construcciones conviven, y a veces se contaminan.
De dónde viene
El origen está en la imagen misma, y es de los que se explican en una línea en cuanto se colocan los dos objetos uno al lado del otro.
La hostia de la comunión es una oblea de pan ácimo, blanca, circular y de un grosor casi de papel. La rueda de molino, o muela, es una piedra circular de gran diámetro y varios cientos de kilos que gira sobre otra para triturar el grano. Lo que empareja las dos cosas no es solo el contraste de tamaño, es que ambas son discos. El salto mental va de la cosa redonda más liviana que existía en la vida cotidiana a la cosa redonda más pesada que uno podía imaginar. Sin esa coincidencia de forma, el chiste no tendría gracia; con ella, es inmediato.
Conviene tener presente hasta qué punto ese segundo objeto era familiar. En una economía de molinos de agua y de viento, la muela no era un tecnicismo: se veía, se oía trabajar y se sabía lo que costaba moverla. Hacían falta varios hombres o una bestia para manejarla. Cuando alguien decía que le estaban dando de comulgar con una de aquellas piedras, todo el mundo tenía en la cabeza una imagen concreta y un peso concreto.
El verbo tampoco está elegido al azar. Comulgar procede del latín communicare, poner en común, participar de algo junto a otros, y en la lengua eclesiástica pasó a designar el acto de recibir la comunión. Ese fondo de participación colectiva explica la deriva figurada que el verbo conserva en no comulgo con esas ideas. Y explica también por qué la expresión sirve tan bien para hablar de versiones oficiales: comulgar no es una creencia privada que uno guarda para sí, es un gesto que se hace en público, en fila y delante de testigos.
Hay además un componente de irreverencia que explica parte del éxito de la fórmula. Poner una muela de molino en el lugar de la hostia consagrada es una broma que roza el sacrilegio, del tipo de las que el castellano del Siglo de Oro producía con notable soltura. El vocabulario religioso era el material más disponible que había, y la lengua popular lo usaba para todo, incluidas las bromas gruesas. Expresiones como esta, o como armarse la de Dios es Cristo, salen de esa misma libertad.
La expresión está recogida en la paremiografía clásica castellana, entre ella el vocabulario de refranes de Gonzalo Correas de 1627, y figura en el diccionario académico, que la define en términos muy próximos a los que aquí se han dado. Es decir, no estamos ante una reconstrucción: la frase está documentada desde antiguo con el sentido que sigue teniendo hoy, que es algo bastante menos común de lo que la divulgación etimológica suele dar a entender.
Cómo se usa hoy
Sigue plenamente viva, y no como reliquia: se emplea a diario. Su territorio principal es España, y está también asentada en México, Colombia y Venezuela, mientras que en el Cono Sur resulta menos familiar y allí se recurre a otras fórmulas para lo mismo.
El registro es coloquial, pero de los que suben sin problema a la prensa y a la tribuna parlamentaria. De hecho, el debate político es su terreno predilecto, seguido de las reclamaciones a compañías, aseguradoras y administraciones. En cualquier discusión sobre una explicación oficial poco creíble, la frase aparece antes o después.
De carga religiosa efectiva no le queda nada apreciable. La usa gente sin ninguna relación con la práctica católica y no se percibe como irreverente, aunque conviene reconocer que el chiste original sí lo era. En un contexto devoto muy estricto podría chirriar, pero es una situación excepcional.
Sobre la construcción, hay dos avisos prácticos. El primero: en primera persona y en negativo funciona como declaración de escepticismo y queda bien; en tercera persona y en afirmativo señala a alguien como crédulo y resulta ofensivo, así que conviene medirlo. El segundo: la forma causativa es la más útil en discusión, porque acusa al que engaña sin llamar tonto al que se lo cree, y esa diferencia salva bastantes conversaciones.
Se oye a veces la versión con piedras en lugar de ruedas, que se entiende igual pero pierde la precisión del término molinero. La forma asentada, y la que recogen los diccionarios, es la de las ruedas.
Expresiones parecidas
Del lado de quien se lo traga, la más próxima es tener tragaderas, aunque no dice lo mismo: las tragaderas describen una tolerancia moral amplia, la capacidad de aceptar lo inaceptable sin escandalizarse, y pueden ir con plena conciencia de lo que se está tragando. Creer a pies juntillas señala la credulidad sin exigir que el disparate sea enorme. Picar y tragarse el anzuelo suponen, como se ha dicho, un engaño bien montado.
Del lado de quien engaña, el vecindario es amplio y bastante expresivo. Dar gato por liebre describe una sustitución hecha con arte, donde la víctima no tenía forma de saberlo. Vender la moto es la versión moderna y coloquial del discurso interesado. Colar algo es la más neutra de todas. Ninguna de ellas incorpora, sin embargo, el elemento clave de nuestra expresión: la enormidad visible del embuste.
Para el sentido de aceptación forzada, la fórmula más cercana es pasar por el aro, que pone el acento en la sumisión y no en la credulidad. Y como réplica, el castellano tiene un repertorio envidiable: a mí no me la das, no me chupo el dedo, que te crees tú eso. Todas ellas hacen el mismo trabajo que la negación de nuestra frase, con menos imagen y más contundencia.
El inglés se apaña con to swallow something hook, line and sinker, tragarse el anzuelo con sedal y plomada incluidos, que insiste en la totalidad de lo tragado y no en su tamaño. La ventaja del castellano es que su imagen se puede pesar: una muela de molino es una cifra en kilos, y eso hace que la exageración se note.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Colombia
Tragarse una mentira descomunal o aceptar sin rechistar algo absurdo que nadie con dos dedos de frente admitiría.
España
Creerse un disparate evidente
Casi siempre en negativo: yo no comulgo con ruedas de molino
«Nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino.»
México
Tragarse una mentira descomunal o aceptar sin rechistar algo absurdo que nadie con dos dedos de frente admitiría.
Venezuela
Tragarse una mentira descomunal o aceptar sin rechistar algo absurdo que nadie con dos dedos de frente admitiría.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to swallow something hook, line and sinker
Literalmente: tragarse el anzuelo entero
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «comulgar con ruedas de molino»?
Tragarse una mentira descomunal o aceptar sin rechistar un disparate que nadie con dos dedos de frente admitiría. No describe cualquier engaño, sino uno que se ve venir: es un fallo de sentido común, no de información.
¿De dónde viene «comulgar con ruedas de molino»?
Del contraste entre dos objetos redondos: la hostia de la comunión es una oblea finísima y la rueda de molino, una piedra de cientos de kilos. Darle a alguien de comulgar con una de ellas es pedirle que se trague lo imposible. Figura ya en el vocabulario de refranes de Gonzalo Correas, de 1627.
¿Cómo se usa «comulgar con ruedas de molino»?
Casi siempre en negativo y en primera persona: yo no comulgo con ruedas de molino, dicho como advertencia. La forma causativa, hacer comulgar con ruedas de molino, es la más útil en discusión porque acusa al que engaña sin llamar tonto al que se lo cree.
¿Se dice «ruedas de molino» o «piedras de molino»?
La forma asentada, y la que recogen los diccionarios, es la de las ruedas. La versión con piedras se oye y se entiende igual, pero pierde la precisión del término molinero: la rueda o muela es la pieza circular que gira sobre otra para triturar el grano.
Fuentes consultadas
- DLE (RAE-ASALE)
- Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627)
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