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Tener el diablo en el cuerpo

Respuesta rápida
«Tener el diablo en el cuerpo» significa Ser extraordinariamente inquieto, travieso o incansable, con una energía que parece imposible de agotar.
  • Origen histórico: La explicación más razonable remite a la creencia en la posesión diabólica, que la Iglesia trató mediante el rito del exorcismo y que la cultura popular asociaba a comportamientos agitados o incontrolables…
  • Variantes frecuentes: Llevar el diablo dentro · Ser el diablo
  • En otros idiomas: «to have the devil in one» (EN)

Ser extraordinariamente inquieto, travieso o incansable, con una energía que parece imposible de agotar.

Tiene el diablo en el cuerpo quien no para quieto. La expresión describe una inquietud, una travesura o una energía que parecen imposibles de agotar, y se dice sobre todo de los niños, casi siempre con más admiración que reproche, pese a que la imagen venga de la creencia en la posesión diabólica.

Qué significa exactamente

Lo que nombra, en su uso principal, es un exceso de energía. El sujeto típico es un niño que lleva seis horas corriendo, se ha subido a todo lo que había en la casa y sigue con ganas. No se le acusa de portarse mal: se constata que no hay manera de cansarlo.

Hay un segundo uso, aplicado a adultos, en el que la frase describe una habilidad que roza lo inexplicable. De quien toca, baila, juega o discute con una brillantez fuera de lo normal se dice que tiene el diablo en el cuerpo, y ahí el diablo aporta la idea de un talento que no se puede haber conseguido solo con trabajo.

Y queda un tercer valor, hoy poco frecuente, más cercano al sentido literal: alguien empeñado en hacer daño, con una insistencia que no se explica por el simple mal carácter. Este es el único que conserva algo de la carga original y el que exige más cuidado.

La diferencia con las expresiones vecinas está en el matiz. Ser un diablo señala la picardía y admite ternura. Tener mala idea acusa de intención dañina. Estar poseído, dicho en serio, ya no es una metáfora. Tener el diablo en el cuerpo se queda en el medio: describe una fuerza, no una maldad.

El contenido religioso ha desaparecido por completo del uso corriente. Quien dice de su sobrino que tiene el diablo en el cuerpo no está pensando en demonios, igual que quien dice que algo está endiablado no piensa en el infierno.

La construcción es fija y admite pocas variaciones. Se dice tener el diablo en el cuerpo, con artículo determinado, y circula también llevar el diablo dentro, algo más sombría. No existe la versión en plural ni con otro nombre del demonio, y sustituir diablo por demonio suena a traducción.

Otro rasgo que conviene señalar: la frase no admite grados. No se tiene un poco el diablo en el cuerpo. Es una afirmación absoluta, y esa rotundidad forma parte de su gracia, porque el hablante sabe que exagera y cuenta con que el otro también lo sabe. Es una hipérbole declarada, no un diagnóstico.

De dónde viene

La explicación más razonable, y la única que se sostiene, remite a la creencia en la posesión diabólica, que estuvo perfectamente viva en Europa durante siglos y que no era una superstición marginal sino doctrina asumida.

La idea es la de un espíritu que entra en un cuerpo humano y lo gobierna desde dentro. Los Evangelios contienen varios episodios de expulsión de demonios, la Iglesia mantuvo desde antiguo un rito específico para tratarlos y la figura del endemoniado formaba parte del paisaje social. Se le reconocía por señales físicas: convulsiones, gritos, fuerza desmedida, incapacidad de estarse quieto.

Ese último rasgo es el que aquí importa. La agitación incontrolable era el síntoma más visible, y una expresión que quisiera describir a alguien incansable tenía a mano la comparación más obvia de su tiempo.

La estructura de la frase reproduce con exactitud la creencia. No dice que el sujeto sea un diablo ni que actúe como tal: dice que lo tiene dentro del cuerpo, que es literalmente lo que se pensaba que ocurría. Es una fórmula descriptiva convertida en hipérbole.

Ese vaciado se produjo por el camino habitual. Cuando la creencia dejó de ser compartida, la expresión no desapareció, se aligeró. Lo mismo ocurrió con toda la familia de palabras del mismo campo: endiablado, endemoniado, del demonio, que hoy solo significan intenso o difícil. El castellano del Siglo de Oro usaba ya ese vocabulario con ligereza, mezclando el susto y la broma, y el teatro de la época está lleno de ejemplos.

Hay además una razón práctica por la que la expresión sobrevivió al desmoronamiento de la creencia que la sostenía. Su fuerza no está en el diablo, está en la localización: dentro del cuerpo. La lengua tiene pocos recursos para decir que una energía viene de un sitio al que no se llega, y este los resume en cuatro palabras. Mientras haya niños incansables, la frase seguirá haciendo falta.

La imagen no es exclusiva del español. El francés dice avoir le diable au corps, fórmula que acabó dando título a una novela del siglo XX, y el inglés tiene giros equivalentes. La coincidencia se explica sin necesidad de préstamos: todas esas lenguas compartieron durante mil años el mismo repertorio de creencias.

Hasta qué punto está probado

El marco cultural está documentado y no hay hipótesis alternativa: nadie ha propuesto un origen distinto para esta expresión, y no haría falta, porque la creencia en la posesión explica la frase entera sin dejar cabos.

Lo que no está documentado es la fijación concreta. No hay una primera aparición conocida, ni un autor, ni una fecha a partir de la cual pueda decirse que la fórmula existía como unidad. Es una expresión de habla, de las que llevan siglos circulando antes de que a alguien se le ocurra registrarlas.

Tampoco puede decirse si el castellano la formó por su cuenta o la recibió de las lenguas vecinas. Las tres tradiciones tienen giros equivalentes desde antiguo y no hay manera de ordenar la secuencia. Lo más probable, y lo más honesto, es suponer que cada lengua llegó por su cuenta a una imagen que su cultura le ofrecía servida.

De ahí que el origen figure como probable. Se sabe de dónde viene la idea; no se sabe cuándo ni dónde se cuajó la frase.

Cómo se usa hoy

Está viva en todo el ámbito hispanohablante. Se emplea con normalidad en España, México, Argentina, Colombia, Chile, Perú y Venezuela, con variantes formales menores: en varios países americanos se oye tener el diablo adentro o llevar el diablo dentro, con el mismo valor.

El registro es coloquial y el tono, casi siempre afectuoso. Su contexto natural es la familia y la conversación sobre niños, y ahí funciona como una queja que en realidad es un elogio: quien lo dice está reconociendo que le han ganado la partida.

El segundo terreno favorito es el deporte y el espectáculo. De un jugador en racha o de un músico desatado se dice que tiene el diablo en el cuerpo, y ahí el tono es de admiración pura, sin reproche ninguno.

Dos advertencias. La primera, sobre los adultos: aplicada a una persona mayor de edad en un contexto serio, la frase puede leerse como acusación de mala intención y no de energía. La segunda, sobre el interlocutor: en un ambiente religioso practicante, la referencia al diablo no siempre se recibe como la broma que es. Ninguna de las dos cosas la hace desaconsejable, pero conviene saber delante de quién se dice.

Por escrito, diablo va en minúscula y la expresión no lleva comillas. Se conjuga solo el verbo tener, y el resto permanece inalterable. En prensa aparece con frecuencia en crónicas deportivas y en entrevistas, siempre en boca de alguien que describe a otro: en primera persona resulta rara, porque nadie se atribuye a sí mismo una energía que no controla.

Expresiones parecidas

Para la energía infantil, las alternativas más usadas son ser un terremoto y ser un torbellino, que dicen lo mismo sin ninguna carga religiosa y por eso resultan más neutras. No parar quieto es la versión literal y sin adorno.

Del mismo campo diabólico salen expresiones que no significan lo mismo y que conviene no confundir. Como alma que lleva el diablo describe la velocidad de una huida. Vender el alma al diablo supone un pacto y una renuncia. Mandar al diablo es despachar a alguien con enfado. Comparten personaje y nada más.

Para la travesura con intención está ser más malo que un dolor, y para la agitación nerviosa, tener el baile de san Vito, que procede del nombre popular de una enfermedad y se ha vuelto una comparación corriente.

Y cuando lo que se quiere subrayar es la destreza sobrenatural, la alternativa habitual es tener duende, mucho más elogiosa y sin el punto de fatiga que arrastra el diablo. La diferencia entre ambas es de temperatura: el duende inspira, el diablo no deja parar.

Cómo cambia según el país

La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.

Argentina

Tener una energía o una travesura desbordantes.

Mismo sentido, sin diferencias apreciables; se dice sobre todo de chicos y con más gracia que reproche.

«Este chico tiene el diablo en el cuerpo, no se queda quieto ni un segundo.»

Chile

Ser extraordinariamente inquieto, travieso o incansable, con una energía que parece imposible de agotar.

Colombia

Ser incansable e inquieto.

Mismo sentido, sin diferencias apreciables.

«Ese pelado tiene el diablo en el cuerpo, no descansa.»

España

Inquietud o travesura desbordantes

Se dice sobre todo de niños, con más admiración que reproche

«Ese crío tiene el diablo en el cuerpo.»

México

Ser inquieto o travieso hasta un punto que parece imposible de agotar.

Mismo sentido; la variante de forma que importa es el verbo: allí se dice «trae el diablo en el cuerpo», con traer en lugar de tener, como en «trae prisa» o «trae hambre».

«Ese niño trae el diablo en el cuerpo, no para ni un minuto.»

Perú

Ser extraordinariamente inquieto, travieso o incansable, con una energía que parece imposible de agotar.

Venezuela

Ser extraordinariamente inquieto, travieso o incansable, con una energía que parece imposible de agotar.

Ejemplos de uso

  • «El extremo tenía el diablo en el cuerpo: no paró de correr hasta el pitido final.»
  • «Desde que le dieron el proyecto tiene el diablo en el cuerpo y contesta correos a las dos de la mañana.»
  • «Mi abuela cumplió noventa años bailando; esa mujer tiene el diablo en el cuerpo.»

Cómo se dice en otros idiomas

EN

to have the devil in one

Literalmente: tener el diablo dentro

Preguntas frecuentes

¿Qué significa tener el diablo en el cuerpo?

Ser extraordinariamente inquieto, travieso o incansable, con una energía que no se agota. Se dice sobre todo de los niños y casi siempre con más admiración que reproche.

¿De dónde viene la expresión tener el diablo en el cuerpo?

De la creencia en la posesión diabólica, que atribuía a un espíritu alojado en el cuerpo los comportamientos agitados o incontrolables. Es la explicación más razonable, aunque la fijación de la frase no está documentada.

¿Tiene un sentido religioso hoy?

Ninguno en el uso corriente. Quien la emplea no piensa en demonios, igual que quien dice que un problema está endiablado no piensa en el infierno.

¿Se usa en América?

Sí, en todo el ámbito hispanohablante. En varios países americanos se oye también tener el diablo adentro o llevar el diablo dentro, con el mismo significado.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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