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Pasar las de Caín

Respuesta rápida
«Pasar las de Caín» significa Atravesar una situación durísima, con muchos padecimientos y sin descanso, casi siempre por causas ajenas a la propia voluntad.
  • Origen histórico: La explicación más aceptada apunta al castigo impuesto a Caín en Génesis 4 tras matar a Abel: errante y fugitivo sobre la tierra, con el suelo negado a sus cultivos. La expresión reúne bajo el nombre del…
  • Variantes frecuentes: Sufrir las de Caín
  • En otros idiomas: «to go through hell» (EN)

Atravesar una situación durísima, con muchos padecimientos y sin descanso, casi siempre por causas ajenas a la propia voluntad.

Pasar las de Caín es atravesar una racha durísima, con padecimientos encadenados y sin tregua, casi siempre por causas que uno no ha elegido. Mide sufrimiento, no esfuerzo: el que trabaja mucho no las pasa de Caín, las pasa canutas. El nombre viene del primer homicida del Génesis, aunque la conexión sea menos directa de lo que parece.

Qué significa exactamente

El sujeto de esta expresión padece, no actúa. Es una diferencia que se pierde de vista y que cambia el sentido de la frase: quien pasa las de Caín está sometido a algo, no embarcado en algo. Por eso encaja tan bien con la enfermedad, la escasez, un viaje que se tuerce o un trámite interminable, y encaja mal con una oposición o una mudanza, donde el trabajo es voluntario. Cuando alguien cuenta que pasó las de Caín para terminar la carrera, subraya las penalidades del camino, no las horas de estudio.

La construcción merece párrafo aparte. Ese las no sustituye a nada concreto: es un pronombre de referencia vaga, de los que el español maneja con soltura en la fraseología de la desgracia. Pasarlas canutas, pasarlas moradas, vérselas negras, arreglárselas. La lengua da por sabido que lo que se pasa son penas, fatigas o calamidades, y no lo dice. Esa elipsis es tan vieja como la fórmula y explica el femenino plural que aparece sin antecedente posible.

A la intensidad se le suma la duración. Un mal rato no son las de Caín; hace falta una sucesión, algo que se prolongue y que desgaste. De ahí que la expresión pida casi siempre un complemento temporal o causal: se pasan las de Caín durante un invierno, en un hospital, para llegar a fin de mes. Sin ese marco la frase queda en exageración de sobremesa.

Hay un matiz que conviene fijar porque se malinterpreta a menudo. Pasar las de Caín no acusa a nadie. Caín es el asesino de Abel, cierto, pero la expresión toma de él el castigo y no el crimen. Quien las pasa de Caín no es un culpable que expía: es alguien que sufre tanto como se supone que sufrió el maldito. Confundir las dos cosas lleva a emplear la frase con un reproche que no lleva dentro.

Las variantes son menores y no alteran el sentido. Pasarlas de Caín pega el pronombre al verbo. Sufrir las de Caín resulta algo más literaria y aparece sobre todo por escrito. Lo que no funciona es el singular: nadie pasa la de Caín. La fórmula exige plural, igual que lo exige la desgracia acumulada.

Frente a las expresiones de su misma familia, esta es de las más fuertes. Pasarlo mal admite grados; pasar las de Caín, no: marca el extremo alto de la escala. Por eso chirría aplicada a una cola en el aeropuerto, y por eso quien la gasta en minucias acaba sin munición para lo serio.

De dónde viene

El punto de partida está en el capítulo 4 del Génesis. Caín, labrador, mata a su hermano Abel, pastor, después de que la ofrenda de este sea aceptada y la suya no. La condena que recibe no es la muerte: es una vida arruinada. La tierra que trabajaba deja de darle su fruto y él queda errante y fugitivo, sin sitio donde asentarse. Encima se le pone una señal para que nadie lo mate, con lo cual el castigo se prolonga en lugar de cerrarse.

Ese es el material del que sale la expresión. Lo que pasa al lenguaje corriente no es la culpa, sino la pena: trabajo estéril, destierro sin final, imposibilidad de descansar. Las tres cosas juntas describen bastante bien lo que hoy se llama pasarlo francamente mal. La imagen tiene además una ventaja práctica para la lengua: un nombre propio corto y reconocible que funciona como etiqueta.

El español ha hecho esta operación muchas veces con la Biblia. Ser un judas, tener la paciencia de Job, ser un vía crucis, adorar el becerro de oro. En todos los casos un personaje o una escena se convierte en unidad de medida, y el hablante deja de necesitar el relato para entender la fórmula. Mucha gente dice que pasó las de Caín sin acordarse de quién fue Caín, igual que se descuelga por los cerros de Úbeda sin saber dónde queda Úbeda.

La época encaja con el Siglo de Oro o algo antes, cuando la cultura bíblica de púlpito estaba en boca de todo el mundo y estas etiquetas se acuñaban con facilidad. Los refraneros castellanos recogen material abundante de ese tipo. Ahora bien, una cosa es que el ambiente favoreciera la fórmula y otra distinta poder fechar su nacimiento. Lo segundo no se puede.

Hasta qué punto está probado

La etiqueta de esta ficha es probable, y vale la pena explicar qué quiere decir eso aquí. El relato del Génesis está documentado, claro: es un texto que se puede abrir. Lo que no está documentado es el eslabón que une ese relato con la frase hecha española. No consta un testimonio antiguo que declare que las de Caín son sus penalidades. La conexión se deduce del contenido, y se deduce bien, pero se deduce.

Circula además una lectura alternativa más modesta que tampoco puede descartarse: que Caín funcione simplemente como sinónimo de lo terrible, por ser el nombre del primer crimen, sin que el hablante piense en el castigo concreto. En esa versión la expresión no vendría de Génesis 4 en particular, sino del prestigio negativo del personaje. Las dos explicaciones acaban en el mismo sitio, pero no son la misma explicación.

Lo que ninguna fuente solvente ofrece es una primera documentación fechada, con cita literal, que permita señalar un punto y decir que ahí nace. Mientras no aparezca, la ficha se queda en probable. Resulta menos vistoso que contar una anécdota redonda, pero es lo que hay.

Cómo se usa hoy

Se usa mucho y se entiende en todas partes, aunque no todos los hablantes la tengan igual de a mano. En España es corriente y no suena anticuada. En México, Colombia, Venezuela y Argentina se reconoce sin esfuerzo, si bien compite con giros locales de más rodaje para decir lo mismo. El registro es coloquial y de conversación; en un informe escrito llama la atención.

Gramaticalmente pide pretérito o presente y casi nunca futuro: se dice que se pasaron las de Caín, o que se están pasando, rara vez que se pasarán. Y suele arrastrar una subordinada final o causal que explica el motivo, del tipo pasamos las de Caín para sacar la casa adelante. Sin ese complemento la frase queda coja y el oyente espera el resto.

No es ofensiva ni conserva carga religiosa activa: se puede decir delante de cualquiera sin que nadie se dé por aludido, y no marca al hablante como creyente. Sí conviene medir la escala. Aplicada a una desgracia real, una enfermedad larga o una ruina, funciona; aplicada a una espera de veinte minutos suena a broma o a queja infantil.

Con quién sí y con quién no. Encaja en la conversación entre iguales y en el relato de lo ya pasado. Encaja peor dirigida a la cara de alguien que está sufriendo en ese momento, porque describe desde fuera y suena a resumen ajeno. Se dice de uno mismo, o de terceros, y casi siempre mirando atrás.

Expresiones parecidas

La vecina más próxima es pasarlas canutas, que comparte estructura y significa casi lo mismo con dos diferencias: es más informal y admite el esfuerzo propio, no solo el padecimiento. Pasarlas moradas añade apuro y agobio, con un punto de urgencia. Vérselas negras pone el acento en la dificultad de conseguir algo, no en el sufrimiento de aguantarlo.

Del lado religioso, un vía crucis describe un proceso largo con estaciones, un trámite que se arrastra, y resulta más burocrático que doloroso. Ser un calvario se acerca más, porque incorpora dolor real y final duro. La diferencia con las de Caín es de causa: el calvario se sufre por otros o por una carga asumida; las de Caín se sufren sin más.

Conviene no confundirla con ser un judas ni con la marca de Caín. La primera señala al traidor y nada tiene que ver con padecer. La segunda designa el estigma visible del culpable, una idea de señalamiento que esta expresión no comparte. Y frente a sudar tinta, la distinción es la de siempre: la tinta se suda trabajando, las de Caín se pasan aguantando.

⏳ Cronología y Registro Histórico

Primera aparición documentada
Biblia, Génesis 4:12

Cómo cambia según el país

La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.

Argentina

Atravesar una situación durísima, con muchos padecimientos y sin descanso, casi siempre por causas ajenas a la propia voluntad.

Colombia

Atravesar penalidades duras

Mismo sentido; se alterna con «las pasé negras»

«Pasé las de Caín buscando parqueadero en el centro.»

España

Sufrir muchísimo

Suele referirse a penalidades físicas o económicas

«Pasamos las de Caín para llegar a fin de mes.»

México

Sufrir muchísimo

Se entiende, pero suena libresco: en la calle gana «las vi negras» o «me la vi dura»

«Pasamos las de Caín para sacar adelante el negocio.»

Venezuela

Pasarlo muy mal

Mismo sentido, sin diferencias apreciables

«Pasamos las de Caín en la cola de la gasolina.»

Ejemplos de uso

  • «Mi abuela pasó las de Caín en la posguerra y no le gusta hablar de aquello.»
  • «Pasé las de Caín para cerrar el presupuesto antes del viernes, con medio equipo de baja.»
  • «Pasamos las de Caín en la subida: cuatro horas de barro y sin una gota de agua.»

Cómo se dice en otros idiomas

EN

to go through hell

Literalmente: pasar por el infierno

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «pasar las de Caín»?

Significa atravesar una racha durísima, con padecimientos encadenados y sin descanso, casi siempre por causas ajenas a la propia voluntad. Mide el sufrimiento padecido, no el esfuerzo voluntario: quien trabaja mucho las pasa canutas, no las pasa de Caín.

¿De dónde viene «pasar las de Caín»?

La explicación más aceptada apunta al castigo de Caín en el Génesis: tras matar a Abel queda errante y la tierra deja de darle fruto. No consta un texto antiguo que declare esa asociación, así que el origen se considera probable, no probado.

¿Se dice «pasar las de Caín» o «pasarlas de Caín»?

Las dos formas son correctas y significan lo mismo; solo cambia la posición del pronombre. También se oye «sufrir las de Caín», algo más literaria. Lo que no funciona es el singular: nadie pasa «la de Caín».

¿Quiere decir que quien las pasa es culpable de algo?

No. La expresión toma de Caín el castigo, no el crimen. Quien pasa las de Caín sufre mucho, sin que se le atribuya ninguna culpa ni se le reproche nada.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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