Navegar entre dos aguas
- Origen histórico: Entre dos aguas describe al nadador o al buque sumergido que se mantiene bajo la superficie sin llegar al fondo, es decir, en ningún sitio definido. También se ha propuesto que aluda a la nave que aprovecha…
- Variantes frecuentes: Nadar entre dos aguas · Estar entre dos aguas
- En otros idiomas: «to sit on the fence» (EN)
Mantenerse en una postura ambigua entre dos bandos, sin definirse por ninguno, para no perder el favor de ninguna de las partes.
Navegar entre dos aguas consiste en no definirse: mantener una postura ambigua entre dos bandos para no perder el favor de ninguno. La ambigüedad, además, es deliberada. Quien navega entre dos aguas no está confundido, está calculando, y ese cálculo es justo lo que la expresión reprocha.
Qué significa exactamente
La locución exige dos bandos identificables y un tercero que podría inclinarse por uno de ellos y no lo hace. Sin esa geometría no funciona. No se navega entre dos aguas ante un problema abstracto, sino ante dos partes concretas que esperan una respuesta.
El segundo requisito es la intención. Aquí está la diferencia que más se confunde. Alguien que no sabe qué pensar de un asunto está indeciso; alguien que sabe perfectamente qué piensa y no lo dice para quedar bien con los dos lados navega entre dos aguas. La expresión no describe duda, describe estrategia. Por eso lleva siempre reproche: se acusa de oportunismo, no de indecisión.
El tercer rasgo es la provisionalidad. Nadie puede navegar entre dos aguas indefinidamente, y la propia frase lo sugiere: es una posición insostenible que acabará resolviéndose sola, casi siempre en contra de quien la mantiene. Cuando llegue el momento de definirse, los dos bandos recordarán la espera.
Las formas del verbo aportan matices reales. Navegar entre dos aguas suena algo más deliberada y aparece más en textos escritos. Nadar entre dos aguas es la más frecuente en el habla y añade la idea de esfuerzo: nadar cansa, y sugiere que la posición requiere trabajo. Estar entre dos aguas es la más neutra de las tres y es la única que admite el sentido de indecisión sincera, sin cálculo.
Frente a sus vecinas hay que afinar. Nadar y guardar la ropa no es lo mismo, aunque a menudo se usen como equivalentes: describe a quien se lanza a algo sin arriesgar nada, cubriéndose las espaldas. No mojarse apunta a la negativa a opinar, sin necesidad de dos bandos. Ver los toros desde la barrera describe a quien no participa en absoluto, que es otra cosa: el que navega entre dos aguas sí participa, y con las dos partes a la vez.
De dónde viene
La clave está en la expresión entre dos aguas, que antes de significar nada figurado significaba algo muy concreto en el vocabulario del agua.
Se dice que un cuerpo está entre dos aguas cuando se mantiene sumergido a media profundidad, sin salir a la superficie y sin llegar al fondo. Es la posición de un nadador que avanza bajo el agua, de un objeto que flota a media altura o de una nave sumergida. La imagen es precisa: entre dos aguas se está en ninguna parte identificable. No se está arriba ni abajo, y desde fuera no se sabe dónde se está.
Esa lectura explica la locución sin necesidad de nada más. Aplicada a las personas, describe a quien se mantiene en una posición intermedia donde no se le ve del todo, ni con unos ni con otros.
Se ha propuesto también una segunda explicación, según la cual la imagen procedería de la nave que aprovecha dos corrientes contrarias o que navega en el límite entre dos masas de agua distintas. Es plausible y añade un matiz interesante, el del provecho: quien navega así no solo evita definirse, sino que saca partido de las dos partes. Ninguna de las dos lecturas está documentada como fundacional, y lo cierto es que ambas conducen al mismo punto, que es la ausencia de posición definida.
Merece la pena señalar que la coincidencia con el francés es exacta: nager entre deux eaux, nadar entre dos aguas, con el mismo sentido figurado. El inglés resuelve lo mismo con otra imagen, to sit on the fence, sentarse en la valla, que también coloca al indeciso en un sitio incómodo y en equilibrio. Tres lenguas y la misma necesidad de nombrar al que no se baja de ningún lado.
Hasta qué punto está probado
Lo firme es el punto de partida léxico. El valor de entre dos aguas como posición intermedia bajo la superficie está recogido y no es una conjetura: existe antes que la locución figurada y basta para explicarla.
Lo que no está resuelto es cuál de las dos explicaciones operó de verdad, si la del nadador sumergido o la de la nave entre corrientes, ni si hubo una tercera que se ha perdido. Los repertorios recogen la expresión y su sentido; sobre el mecanismo se limitan a sugerir, que es lo prudente cuando no hay documento.
Tampoco hay primera documentación fechada ni obra a la que atribuir la puesta en circulación. La ficha la sitúa en el siglo XVII por su asentamiento en la lengua, no porque conste un testimonio concreto de ese momento.
Un aviso final por si aparece contado de otra manera. La expresión ha ganado presencia en las últimas décadas por caminos que nada tienen que ver con su origen: Entre dos aguas es el título de una pieza muy conocida de Paco de Lucía, y muchos hablantes la asocian antes a la rumba que a la ambigüedad política. Esa popularidad no explica nada sobre el origen, pero sí sobre por qué la fórmula sigue tan viva.
Cómo se usa hoy
Se emplea en todo el ámbito hispánico, con España, México, Argentina, Chile, Colombia, Perú, Uruguay y Venezuela entre los países donde está bien asentada. El sentido no cambia de un sitio a otro.
El terreno natural es el político y el periodístico. Un partido que navega entre dos aguas, un gobierno que nada entre dos aguas, un dirigente que lleva meses sin definirse. Fuera de la política funciona igual de bien en la empresa y en los conflictos personales, y es especialmente útil para describir al que media entre dos amigos enfrentados sin querer perder a ninguno.
El registro es coloquial y perfectamente admisible en prensa. No es vulgar y no marca la edad de quien la usa.
El tono es de censura, aunque de una censura moderada: se acusa de calculador, no de traidor. Esa moderación es útil, porque permite decirlo en público sin que sea un insulto. Aun así, dicho a la cara sigue siendo una acusación, y quien la recibe suele responder que lo suyo es prudencia y no cálculo.
En cuanto a la forma, nadar es la variante más frecuente en el habla de España y México, y navegar gana terreno en la escritura. Las dos son correctas y ninguna es más antigua de manera demostrable. En México se cruza además con quedar bien con todos y con nadar de muertito, esta última con un matiz propio: hacerse el desentendido para no comprometerse. En el Río de la Plata se oye también no jugarse por nadie.
Expresiones parecidas
Nadar y guardar la ropa es la que más se le acerca y la que más se confunde con ella. La diferencia práctica es de foco: guardar la ropa habla de protegerse mientras se arriesga, y nuestra expresión habla de no elegir bando. Se puede nadar y guardar la ropa habiendo tomado partido con toda claridad.
No mojarse es la versión llana y la más usada en España. Es más amplia, porque no exige dos bandos: basta con negarse a opinar. Comparte con la nuestra el campo semántico del agua, lo cual sugiere que el español entiende la definición pública como un contacto con el líquido del que uno puede salir empapado.
Jugar a dos bandas viene del billar y añade algo que la nuestra no tiene: la idea de sacar provecho activo de ambos lados, no solo de conservarlos. Es más dura y roza la acusación de doble juego.
Estar en misa y repicando describe la pretensión de hacer dos cosas incompatibles a la vez, con un tono más cómico y menos moral. Seguir la corriente y dejarse llevar por la corriente pertenecen al mismo campo del agua pero describen pasividad, no cálculo: quien sigue la corriente se adapta a lo que hay, sin estrategia propia.
Y en el extremo contrario están mojarse, dar la cara y casarse con alguien en su sentido figurado, que es exactamente lo que no hace el que navega entre dos aguas. La prensa española usa mucho la fórmula negativa, no casarse con nadie, para describir esta misma conducta con un aire de independencia que suena bastante mejor. Ahí se ve que la misma actitud tiene dos nombres según quién la juzgue.
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Argentina
Mantenerse en una postura ambigua entre dos bandos, sin definirse por ninguno, para no perder el favor de ninguna de las partes.
Chile
Mantenerse en una postura ambigua entre dos bandos, sin definirse por ninguno, para no perder el favor de ninguna de las partes.
Colombia
Mantenerse en una postura ambigua entre dos bandos, sin definirse por ninguno, para no perder el favor de ninguna de las partes.
España
No definirse entre dos posiciones
Casi siempre con reproche de oportunismo
«Lleva meses nadando entre dos aguas para no enfadar a nadie.»
México
Quedar bien con ambos lados
Domina la forma nadar entre dos aguas
«El diputado navega entre dos aguas hasta ver quién gana.»
Perú
Mantenerse en una postura ambigua entre dos bandos, sin definirse por ninguno, para no perder el favor de ninguna de las partes.
Uruguay
Mantenerse en una postura ambigua entre dos bandos, sin definirse por ninguno, para no perder el favor de ninguna de las partes.
Venezuela
Mantenerse en una postura ambigua entre dos bandos, sin definirse por ninguno, para no perder el favor de ninguna de las partes.
Ejemplos de uso
- «Con lo de la herencia, mi tío navega entre dos aguas para no enfadar ni a su hermana ni a sus sobrinos.»
- «En la reunión estuvo entre dos aguas: ni apoyó el recorte ni dijo en ningún momento que estuviera en contra.»
- «El del bar nada entre dos aguas con lo del ruido: da la razón a los vecinos y luego cierra la terraza a las dos.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to sit on the fence
Literalmente: sentarse en la valla
FR
nager entre deux eaux
Literalmente: nadar entre dos aguas
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «navegar entre dos aguas»?
Mantener una postura ambigua entre dos bandos, sin definirse por ninguno, para conservar el favor de las dos partes. La ambigüedad es deliberada: no describe a quien duda, sino a quien calcula, y por eso siempre lleva reproche.
¿De dónde viene «navegar entre dos aguas»?
Se ha propuesto que viene de la posición del nadador o el objeto sumergido a media profundidad, ni en la superficie ni en el fondo. Otra lectura la atribuye a la nave que aprovecha dos corrientes contrarias. Ninguna está documentada como origen.
¿Se dice «nadar» o «navegar entre dos aguas»?
Las dos formas son correctas y se oyen por igual. Nadar entre dos aguas domina en el habla coloquial de España y México; navegar gana terreno en la lengua escrita. También existe estar entre dos aguas, algo más neutra.
¿Es lo mismo que «nadar y guardar la ropa»?
No. Nadar y guardar la ropa describe a quien se arriesga cubriéndose las espaldas, y es compatible con haber tomado partido. Navegar entre dos aguas consiste precisamente en no elegir bando ante dos partes enfrentadas.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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