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DichosyMás Diccionario etimológico & cultura popular

Meter las narices

Respuesta rápida
«Meter las narices» significa Entrometerse en un asunto ajeno sin que nadie lo haya pedido, curioseando o interviniendo donde no corresponde.
  • Origen histórico: No hay origen histórico documentado; la imagen es transparente. El olfato es el sentido con el que los animales inspeccionan lo que no conocen, y meter el hocico donde no toca describe con exactitud al…
  • Variantes frecuentes: Meter la nariz · Meter las narices donde no le llaman
  • En otros idiomas: «to poke your nose into» (EN)

Entrometerse en un asunto ajeno sin que nadie lo haya pedido, curioseando o interviniendo donde no corresponde.

Origen desconocido

No se conoce el origen. Preferimos decirlo antes que inventarlo.

Meter las narices en un asunto ajeno es entrometerse en él sin que nadie lo haya pedido, curioseando o interviniendo donde no corresponde. Casi siempre aparece con la coletilla que la completa, donde no le llaman, y casi siempre en boca de quien se siente invadido. Es un reproche, no una descripción.

Qué significa exactamente

La locución tiene dos intensidades y conviene distinguirlas porque el reproche cambia de tamaño.

La primera es la curiosidad. Meter las narices en el correo de otro, en sus cajones, en su vida privada. Aquí lo censurable es enterarse de lo que no le incumbe a uno, aunque después no haga nada con esa información.

La segunda es la intervención. Meter las narices en una discusión ajena, en el divorcio de unos amigos, en la política interna de un departamento. Aquí ya no se trata de mirar, sino de actuar sin legitimidad. Es la versión más grave y la que provoca las respuestas más airadas.

En ambos casos hay una condición imprescindible: que el asunto no sea de uno. La frase no juzga la conducta en sí, juzga la falta de derecho a ejercerla. Un padre que revisa los deberes de su hijo no mete las narices; el vecino que revisa los mismos deberes, sí.

La coletilla habitual, donde no le llaman, hace explícita esa condición y por eso se ha soldado a la locución hasta el punto de que muchos hablantes la sienten parte de ella. También circula donde no le importa, con el mismo valor.

Conviene separarla de tres vecinas que ocupan huecos distintos. Meter baza es intervenir en una conversación, y no siempre está mal visto. Meter cuchara, muy viva en México y en buena parte de América, se le acerca mucho y pone el acento en participar en algo que se estaba cociendo sin uno. Meter la pata no tiene ninguna relación: es equivocarse, y se puede meter la pata en los asuntos propios sin molestar a nadie.

La expresión funciona con dos cuerpos gramaticales que no significan igual. En imperativo negativo es una advertencia dirigida al interlocutor: no metas las narices. En tercera persona es una queja sobre un ausente: siempre está metiendo las narices. La segunda es la más frecuente.

De dónde viene

No hay origen histórico documentado. Lo que hay es una metáfora corporal que se explica sola y que el español comparte con otras lenguas.

El olfato es el sentido con el que los animales inspeccionan lo desconocido. Un perro que llega a un sitio nuevo mete el hocico en todo, sin permiso y sin disimulo, y esa escena es tan familiar que cualquiera la reconoce. Aplicada a una persona, convierte al curioso en animal y le quita, de paso, toda dignidad. El insulto está en la imagen antes que en las palabras.

La coincidencia entre idiomas es aquí especialmente clara. El inglés dice to poke your nose into, meter la nariz en. El francés dice fourrer son nez, meter su nariz. Tres lenguas, la misma parte del cuerpo y el mismo verbo de introducir. No hace falta suponer préstamos: la nariz es lo que va delante cuando alguien se asoma, y todas las culturas lo han visto.

Hay un segundo factor, este propio del castellano. La nariz es una de las piezas más productivas del idioma para construir locuciones, y casi todas tienen que ver con el atrevimiento, la molestia o el enfado. Darse de narices con algo. Restregar por las narices. Hinchársele a uno las narices. No ver más allá de sus narices. En las mismas narices de alguien. Tocarse las narices. En una serie tan poblada, meter las narices no sorprende a nadie: es la aplicación del mismo material a un vicio social concreto.

El plural, por cierto, es peninsular. En América alterna con el singular, meter la nariz, sin cambio de sentido. Ese vaivén entre singular y plural es otra señal de que estamos ante un molde vivo y no ante una fórmula heredada de un texto.

Hasta qué punto está probado

El significado está registrado y no ofrece dudas. El origen, sencillamente, no se conoce, y esta ficha lo declara así.

No hay primera documentación fechada, no hay obra que la ponga en circulación y no hay fuente que estudie su formación en español. Los repertorios de dichos la recogen y explican qué quiere decir; ninguno propone un episodio, y hacen bien, porque no lo hay.

Lo que puede afirmarse con seguridad es el mecanismo, que es distinto de afirmar el origen. La metáfora del olfato animal explica la locución sin necesidad de ninguna anécdota, y la coincidencia con el inglés y el francés confirma que se trata de una imagen espontánea y no de una traducción. Eso es lo máximo que la evidencia permite decir.

Conviene desconfiar de cualquier relato que ate esta expresión a un oficio, a una ordenanza o a un personaje histórico. Es exactamente el tipo de fórmula que no genera historias porque no las necesita, y si alguna circula, lo hará sin fuente.

Cómo se usa hoy

Se usa en todo el ámbito hispánico: España, México, Argentina, Chile, Colombia, Perú, Uruguay y Venezuela. Es de las expresiones que no requieren adaptación al escribir para varios países.

El registro es coloquial y llega hasta lo familiar, pero no es grosero. Se puede decir delante de niños, en la radio o en un titular. Lo que no encaja es el escrito formal, donde se prefiere injerencia, intromisión o inmiscuirse.

El tono siempre es de reproche, aunque su temperatura varía mucho. Entre amigos puede ser una broma. Dicha en serio a un familiar es una frase que hace daño, porque acusa de algo más que de curiosear: acusa de no respetar un límite. Y usada en el trabajo hacia un superior, es prácticamente una insubordinación.

La construcción más frecuente es meter las narices en más sustantivo. También se dice ir metiendo las narices, con valor iterativo, y meter las narices por todas partes, que convierte el hecho puntual en carácter.

Por países hay diferencias en la etiqueta que se le pone a la persona, más que en la locución. En España se llama cotilla al que mete las narices por curiosidad y metomentodo al que además interviene. En México se dice metiche, palabra tan viva que muchas veces sustituye a toda la expresión. En Colombia y en varios países se oye metido. Y chismoso se usa en casi todo el continente para el que además va contando lo que averigua, que es un paso más.

Expresiones parecidas

Meter cuchara es la pariente americana más cercana y describe la intervención no pedida en un asunto que ya estaba en marcha. Comparte el verbo y el reproche, y cambia el instrumento: en vez del olfato, la mano.

Meter baza se limita al terreno de la conversación. Se mete baza cuando se interviene en un diálogo ajeno, y no siempre está mal visto; de hecho, la queja más habitual con esta locución es la contraria, no poder meter baza porque los demás no callan.

Ser un metomentodo y ser un correveidile nombran a la persona en lugar de la acción. El correveidile añade el matiz decisivo del transporte: no solo se entera, sino que va y lo cuenta. Es la figura que el español ha castigado con más nombres, del chismoso al alcahuete.

En la misma familia nasal hay dos que despistan por parecido. Asomar las narices significa simplemente aparecer, y no implica ninguna intromisión. No ver más allá de sus narices describe la falta de perspectiva, que es casi el defecto contrario: el que no ve más allá de sus narices no se entera ni de lo suyo.

Y en el terreno de las consecuencias están sacar los trapos sucios, que es lo que hace quien ya se ha enterado de lo que no debía, y ventilar los asuntos de otro. Entre meter las narices y ventilar hay una escalera completa: primero se mira, luego se cuenta y al final se difunde.

Del lado contrario, para nombrar la conducta que la expresión echa de menos, el español tiene no meterse donde no le llaman, que es su negación exacta, y fórmulas más secas como ocuparse de lo suyo o cada uno en su casa. En América funciona igual no meterse en lo que no le importa, con la ventaja de que sirve tanto de consejo como de corte. Todas dicen lo mismo con distinta educación, y la elección entre ellas suele depender de lo enfadado que esté quien habla.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Argentina

Entrometerse en un asunto ajeno sin que nadie lo haya pedido, curioseando o interviniendo donde no corresponde.

Chile

Entrometerse en un asunto ajeno sin que nadie lo haya pedido, curioseando o interviniendo donde no corresponde.

Colombia

Entrometerse en un asunto ajeno sin que nadie lo haya pedido, curioseando o interviniendo donde no corresponde.

España

Entrometerse

Casi siempre con la coletilla donde no le llaman

«Deja de meter las narices en la vida de los demás.»

México

Entrometerse

Alterna con meterse en lo que no le importa

«No metas las narices en el pleito de tus vecinos.»

Perú

Entrometerse en un asunto ajeno sin que nadie lo haya pedido, curioseando o interviniendo donde no corresponde.

Uruguay

Entrometerse en un asunto ajeno sin que nadie lo haya pedido, curioseando o interviniendo donde no corresponde.

Venezuela

Entrometerse en un asunto ajeno sin que nadie lo haya pedido, curioseando o interviniendo donde no corresponde.

Ejemplos de uso

  • «Mi suegra mete las narices hasta en cómo colocamos los platos en el lavavajillas.»
  • «Como sigas metiendo las narices en las cuentas de otro departamento, te va a caer un aviso.»
  • «En el pueblo hay quien mete la nariz en lo que cobra cada cual y luego lo va contando.»

Cómo se dice en otros idiomas

EN

to poke your nose into

Literalmente: meter la nariz en

FR

fourrer son nez

Literalmente: meter su nariz

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «meter las narices»?

Entrometerse en un asunto ajeno sin que nadie lo haya pedido, ya sea curioseando o interviniendo donde no corresponde. Siempre lleva reproche, y su condición esencial es que el asunto no sea de quien se mete en él.

¿De dónde viene «meter las narices»?

No hay origen histórico documentado. La imagen se explica sola: el olfato es el sentido con el que los animales inspeccionan lo desconocido. El inglés y el francés usan la misma parte del cuerpo, señal de metáfora espontánea y no de préstamo.

¿Se dice «meter la nariz» o «meter las narices»?

Las dos son correctas. En España predomina el plural, casi siempre con la coletilla donde no le llaman; en América alterna con el singular, meter la nariz, sin ninguna diferencia de significado.

¿Cómo se llama al que mete las narices?

Depende del país. En España, cotilla si solo curiosea y metomentodo si además interviene. En México, metiche. En Colombia y otros países, metido. Y chismoso en casi todo el continente para el que va contando lo que averigua.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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