Los cuatro jinetes del Apocalipsis
- Origen histórico: Apocalipsis 6:1-8 describe la apertura de los cuatro primeros sellos y la aparición sucesiva de un caballo blanco, uno bermejo, uno negro y uno amarillento. El texto solo nombra a uno de los jinetes, la…
- Variantes frecuentes: Parecer los jinetes del Apocalipsis
- En otros idiomas: «the four horsemen of the Apocalypse» (EN)
Conjunto de calamidades que llegan juntas y anuncian el desastre; también, grupo de personas que traen malas noticias.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis son, en el habla corriente, un conjunto de calamidades que llegan juntas y anuncian el desastre. La imagen procede del capítulo 6 del Apocalipsis, donde la apertura de los cuatro primeros sellos hace aparecer sucesivamente cuatro caballos de distinto color con sus respectivos jinetes.
Qué significa exactamente
En su uso figurado nombra un cuarteto de males que actúan a la vez y se refuerzan entre sí. No basta con que haya varios problemas: tienen que coincidir en el tiempo y apuntar todos en la misma dirección, la del hundimiento.
El número es una exigencia, y de las estrictas. La expresión pide cuatro, ni tres ni cinco, y quien la utiliza suele forzar el recuento para que cuadre. Ese requisito es parte de su rendimiento retórico: obliga a ordenar el desastre en una lista cerrada, que resulta mucho más memorable que una enumeración abierta.
Hay un segundo uso, más ligero, en el que los jinetes son personas: cuatro responsables temidos, cuatro cargos que aparecen cuando hay malas noticias, cuatro nombres asociados a una etapa nefasta. Aquí el tono es medio en broma y el reproche va dirigido a los individuos.
Conviene notar que en el uso corriente la frase ya no anuncia el fin del mundo. Se ha aligerado hasta significar poco más que una acumulación grave de desgracias, y quien la emplea no está prediciendo nada: está describiendo un presente cargado.
El registro es culto y el terreno natural, el escrito. Es una expresión de titular, de columna, de informe, y suena algo desplazada en una conversación de bar, donde resultaría pomposa.
Su principal riesgo es el desgaste. Aparece con tanta frecuencia en el periodismo económico que ha perdido buena parte de su fuerza, y un lector avezado la reconoce ya como una fórmula de relleno cuando llega mal preparada.
Frente a expresiones vecinas tiene un perfil bastante definido. Una plaga bíblica señala un mal único y masivo, sin exigir compañía. El fin del mundo apunta al desenlace y no al anuncio. Los jinetes conservan algo que las otras no tienen: la idea de que las desgracias vienen montadas, es decir, deprisa y desde fuera, cayendo sobre quien no puede apartarse.
Y hay un matiz de orden que se aprovecha poco. En el texto los jinetes no aparecen a la vez, sino uno tras otro, cada uno con su sello. Quien conoce el pasaje puede usar la expresión para describir una sucesión encadenada de males, y no solo un montón simultáneo, que es el uso mayoritario y también el más plano.
De dónde viene
El origen es textual, está localizado y no admite discusión: Apocalipsis 6, versículos 1 a 8.
El pasaje describe cómo el Cordero va abriendo los siete sellos de un libro. Con cada uno de los cuatro primeros, uno de los seres vivientes dice ven, y aparece un caballo. El primero es blanco, y su jinete lleva un arco y recibe una corona, y sale venciendo. El segundo es bermejo, y a su jinete se le concede quitar la paz de la tierra y se le entrega una gran espada. El tercero es negro, y su jinete sostiene una balanza mientras una voz tasa el precio del trigo y la cebada. El cuarto es amarillento, de un color que las traducciones resuelven de maneras distintas, y a su jinete se le da poder sobre la cuarta parte de la tierra para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras.
Hay un dato que casi siempre se omite y que conviene poner por delante: el texto solo nombra a uno de los cuatro. El del caballo amarillento se llama Muerte, y detrás de él va el Hades. Los otros tres jinetes no reciben nombre alguno en el original.
Las etiquetas que todo el mundo repite, conquista, guerra, hambre y muerte, proceden de la tradición exegética, no del libro. Son lecturas propuestas por comentaristas a lo largo de los siglos, muy razonables a la vista de los atributos de cada jinete, el arco, la espada, la balanza, pero lecturas al fin y al cabo. Quien afirme que la Biblia llama Guerra al segundo jinete está atribuyendo al texto algo que no dice.
El primero es además objeto de una discusión antigua entre intérpretes. Unos ven en el jinete del caballo blanco una figura de la victoria del Evangelio; otros, la conquista militar; otros, la peste. La disputa afecta a la interpretación del pasaje, no al origen de la expresión, pero explica por qué las listas que circulan no siempre coinciden en el primer puesto.
A la difusión de la imagen contribuyeron dos vías poderosas. La primera es la iconografía: el grabado de Durero dedicado a los cuatro jinetes fijó durante siglos la estampa de los caballos lanzados sobre una multitud. La segunda, en español, es la novela de Blasco Ibáñez que lleva ese título, escrita a propósito de la Primera Guerra Mundial y llevada varias veces al cine, que puso la fórmula en circulación mucho más allá de los lectores de la Biblia.
Esa doble vía explica un rasgo llamativo del uso actual. La gente maneja la expresión con soltura sin haber leído nunca el Apocalipsis, y sin embargo conserva bastante bien el sentido original de anuncio y de amenaza. Lo que ha perdido es la letra: los colores de los caballos, el orden de los sellos, el detalle de la balanza. Queda la silueta de cuatro caballos lanzados, que resulta que es todo lo que la frase necesita.
Conviene añadir una precisión sobre el propio libro. Apocalipsis significa en griego revelación, no catástrofe. El sentido de fin del mundo con el que hoy usamos la palabra es un derivado del contenido del texto, no de su nombre, y esa deriva es la que permite hablar de un apocalipsis nuclear o de un paisaje apocalíptico sin referencia religiosa alguna.
Cómo se usa hoy
Se emplea en España y en América con idéntico valor, y con especial presencia en México, Argentina, Colombia, Chile y Perú. No hay divergencias de sentido entre países: la referencia es común a toda la tradición cultural hispánica.
El uso es sobre todo periodístico y ensayístico. Sus terrenos habituales son la economía, la geopolítica, el clima y la salud pública, con enumeraciones del tipo inflación, paro, deuda y sequía, seguidas de la etiqueta.
La construcción más frecuente es precisamente esa: se listan cuatro males y se cierra con el nombre de los jinetes, a modo de remate. También aparece con los verbos ser y parecer, o en la fórmula abreviada los jinetes del Apocalipsis, sin numeral, cuando el contexto ya deja claro cuántos son.
En cuanto a la escritura, Apocalipsis va con mayúscula cuando nombra el libro, que es el caso de esta expresión. En minúscula, un apocalipsis significa simplemente una catástrofe, y ahí no hay referencia al texto. Jinetes va siempre en minúscula, y la locución no lleva comillas.
Dos avisos. El primero, de proporción: aplicada a un contratiempo menor produce un efecto cómico que quizá no se buscaba, porque la desproporción entre el fin del mundo y una avería en la fotocopiadora salta a la vista. El segundo, de contexto: en un ambiente religioso practicante, el uso frívolo de un pasaje del Apocalipsis puede resultar chocante, aunque en general se acepta sin problema.
Expresiones parecidas
Del mismo libro salen el alfa y el omega, que designa el principio y el fin de algo, y las referencias a la bestia y a su número, que circulan con valores muy distintos y casi siempre en tono de broma.
Para la catástrofe bíblica en general, la pareja natural es el diluvio universal, que procede del Génesis y sirve tanto para una desgracia colectiva como para un chaparrón. Y las plagas de Egipto, del Éxodo, funciona muy parecido a los jinetes cuando lo que se quiere es enumerar males acumulados, con la ventaja de que allí no hay que ceñirse a cuatro.
En clave moderna y sin ninguna deuda religiosa está la tormenta perfecta, que describe la coincidencia de varios factores adversos y que ha ido desplazando a los jinetes en el lenguaje económico, sobre todo por ser menos solemne.
Y para el anuncio de lo que viene quedan el principio del fin y ver las orejas al lobo, esta última mucho más doméstica y referida al peligro que se acerca y no al que ya ha llegado, con la ventaja de que no obliga a contar cuántos males hay ni a ponerles nombre a todos.
⏳ Cronología y Registro Histórico
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Argentina
Cuatro males simultáneos que anticipan la catástrofe.
Mismo sentido; se aplica sobre todo a la economía.
«Devaluación, inflación, fuga y default: nuestros cuatro jinetes del apocalipsis.»
Chile
Conjunto de calamidades que llegan al mismo tiempo.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Con el terremoto, el corte de luz y la lluvia parecían los cuatro jinetes del apocalipsis.»
Colombia
Grupo de desgracias que se presentan juntas.
Mismo sentido, sin diferencias apreciables.
«Los cuatro jinetes del apocalipsis del campo son la sequía, la plaga, el crédito y el intermediario.»
España
Cuatro males simultáneos
Retórico, muy usado en titulares
«Inflación, paro, deuda y sequía: los cuatro jinetes del Apocalipsis.»
México
Conjunto de calamidades que llegan a la vez y anuncian el desastre.
Mismo sentido; recurso habitual de titular y de columna política, igual que en España.
«Inflación, inseguridad, sequía y desempleo: los cuatro jinetes del apocalipsis de este sexenio.»
Perú
Conjunto de calamidades que llegan juntas y anuncian el desastre; también, grupo de personas que traen malas noticias.
Ejemplos de uso
- «Cuando entran juntos los tres de auditoría y el abogado, parecen los cuatro jinetes del Apocalipsis.»
- «Mi tía anuncia los cuatro jinetes del Apocalipsis antes de quitarse siquiera el abrigo en el recibidor.»
- «El informe presenta sequía, incendios, plagas y despoblación como los cuatro jinetes del Apocalipsis rural.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
the four horsemen of the Apocalypse
Literalmente: los cuatro jinetes del Apocalipsis
Preguntas frecuentes
¿Qué significa los cuatro jinetes del Apocalipsis?
En el habla corriente, un conjunto de cuatro calamidades que llegan juntas y anuncian el desastre. También se aplica, medio en broma, a un grupo de personas asociadas a las malas noticias.
¿De dónde viene la expresión los cuatro jinetes del Apocalipsis?
Del capítulo 6 del Apocalipsis, donde la apertura de los cuatro primeros sellos hace aparecer un caballo blanco, uno bermejo, uno negro y uno amarillento, cada uno con su jinete.
¿Cómo se llaman los cuatro jinetes?
El texto bíblico solo nombra a uno: el del caballo amarillento se llama Muerte. Los nombres de conquista, guerra y hambre proceden de la tradición exegética, no del Apocalipsis.
¿Se escribe apocalipsis con mayúscula?
Con mayúscula cuando nombra el libro bíblico, que es el caso de esta expresión. En minúscula, un apocalipsis significa simplemente una catástrofe.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
Expresiones emparentadas
El alfa y el omega
Principio y fin de algo; lo que abarca la totalidad de una cuestión o la persona de la que todo depende en un asunto.
El diluvio universal
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