No se puede estar en misa y repicando
Nadie puede atender dos obligaciones incompatibles a la vez: hay que elegir una y renunciar a la otra.
Nadie puede atender dos obligaciones incompatibles a la vez: hay que elegir una y renunciar a la otra. Eso dice este refrán, y lo dice con una imagen de pueblo que en su día era literal. Se le suelta a quien pretende quedar bien con todos sin renunciar a nada.
Qué significa exactamente
El refrán no habla de estar ocupado ni de tener mucho trabajo. Habla de incompatibilidad física o lógica: dos cosas que, por su propia naturaleza, no pueden hacerse al mismo tiempo por la misma persona. Ahí está la diferencia con quejarse de la falta de tiempo. Con más horas se pueden hacer más cosas; con más horas no se puede seguir estando en dos sitios distintos.
Se emplea sobre todo como réplica, y esa es su función conversacional característica. Alguien plantea un deseo doble, quiere el ascenso y quiere no viajar, quiere el dinero de la venta y quiere conservar la casa, y el interlocutor le devuelve el refrán. Funciona como llamada al orden y como recordatorio de que toda elección implica una pérdida.
Hay dos formas en circulación y conviene no confundirlas. La negativa, no se puede estar en misa y repicando, es la que enuncia la norma general. La afirmativa, estar en misa y repicando, se usa en tono irónico para describir a quien pretende justamente eso, y a veces para reconocer con sorna que alguien lo está consiguiendo. La segunda depende de la primera: solo se entiende porque todo el mundo conoce la versión negativa.
La variante no se puede estar en misa y en la procesión es igual de frecuente en algunas zonas y significa exactamente lo mismo. Cambia el segundo término, pero la lógica es idéntica: dos actos religiosos que suceden en sitios distintos al mismo tiempo.
También conviene notar que el refrán no juzga la elección, solo obliga a hacerla. No dice qué hay que escoger ni cuál de las dos cosas vale más. Se limita a recordar que hay un coste de oportunidad, por usar el término económico que dice exactamente lo mismo cuatro siglos después. Esa neutralidad es lo que le permite servir en discusiones de cualquier signo, desde una decisión familiar hasta un debate presupuestario.
Un matiz sobre a quién se le dice. El refrán lleva incorporado un reproche que no es de pereza sino de codicia o de cobardía: se le dice a quien no quiere pagar el precio de decidir. Por eso escuece más de lo que su tono aparentemente tranquilo sugiere.
De dónde viene
La imagen es literal y transparente, y la explicación cabe en dos frases una vez se sabe cómo funcionaba una iglesia de pueblo.
Repicar es tocar las campanas. Concretamente, el repique es un toque rápido y menudo que se hace golpeando la campana con el badajo mientras esta permanece fija, y era el toque más habitual para llamar a los oficios y para señalar celebraciones. Lo ejecutaba el campanero, y lo ejecutaba desde el campanario, es decir, subido a lo alto de la torre.
El oficio, en cambio, se celebraba abajo, dentro de la nave. Entre el campanario y el altar mediaban una escalera de caracol y unos cuantos metros de piedra. Quien estaba tocando no podía estar asistiendo, y quien asistía no estaba tocando. No hay metáfora que descifrar: el refrán describe una imposibilidad práctica que cualquier vecino comprobaba todos los domingos.
Ese carácter cotidiano explica su eficacia. Los refranes que mejor funcionan son los que apoyan una verdad abstracta, en este caso que toda elección excluye, sobre una escena que todo el mundo ha visto. Nadie tenía que explicar nada; bastaba mirar hacia arriba.
Una precisión sobre el verbo, porque a veces se malinterpreta. Repicar no significa aquí repetir ni insistir, que es el sentido que muchos hablantes le atribuyen hoy por contagio de otras palabras. Significa tocar la campana con ese toque menudo y alegre, y de ahí procede también el repique que se oye en contextos festivos. Cuando el sentido técnico se difumina, el refrán empieza a entenderse como una vaga imagen de estar haciendo dos cosas, lo cual funciona igual pero pierde la precisión de la escena original.
La expresión está recogida en los repertorios paremiológicos castellanos, entre ellos el vocabulario de refranes de Gonzalo Correas, y el Refranero Multilingüe del Centro Virtual Cervantes documenta sus correspondencias en otras lenguas. Su antigüedad es considerable y no hay ninguna hipótesis alternativa que discutir.
Merece la pena añadir algo sobre el oficio del campanero, porque hoy casi nadie sabe en qué consistía. No era simplemente tirar de una cuerda. El campanero manejaba un repertorio de toques codificados que la población entera sabía interpretar: llamada a misa, toque de difuntos, toque de concejo para reunir al vecindario, rebato para avisar de un incendio o de un peligro. La torre era el sistema de comunicación del pueblo, y quien la manejaba tenía un trabajo cualificado y una responsabilidad real. Situar ahí arriba a una persona ocupada mientras abajo transcurre el oficio no es un detalle pintoresco: es la descripción exacta de una división del trabajo.
Cómo se usa hoy
Se emplea en España y en varios países americanos, entre ellos México, Colombia, Venezuela y Perú. Su vitalidad es alta en la península y algo menor al otro lado, donde conviven con él fórmulas equivalentes de acuñación local.
El registro es coloquial y el tono, sentencioso pero no agresivo. No es una frase ofensiva y puede decirse en casi cualquier contexto, incluido el laboral. De hecho tiene un uso muy asentado en el mundo de la empresa y de la política, donde se recurre a ella para señalar que una posición es insostenible: no se puede pedir recortes y prometer más servicios, no se puede exigir teletrabajo y presencia continua.
Funciona particularmente bien como cierre de una discusión que se está enredando. Cuando alguien lleva un rato defendiendo dos posiciones que no casan, el refrán condensa la objeción en seis palabras y ahorra el razonamiento. Esa capacidad de resumir un argumento entero es lo que mantiene vivos a los refranes útiles y lo que ha ido matando a los que solo eran ingeniosos.
Hay una diferencia de temperatura entre las dos versiones. La negativa suena razonable, casi conciliadora, como quien expone una ley de la física. La afirmativa, dicha de alguien, tiene bastante más filo: viene a decir que ese alguien está jugando a dos barajas. Conviene saber cuál se está usando.
Un apunte sobre el desgaste religioso, que aquí es total. La expresión la utilizan hablantes sin ninguna práctica y sin ninguna idea de qué es un repique. Muchos, de hecho, no relacionan el repicando con las campanas y lo procesan como una palabra sin más, del mismo modo que se dice a la buena de Dios sin pensar en Dios. La frase funciona igual, aunque saber de dónde viene mejora bastante su sabor.
Sobre la escritura, va sin coma interior y con misa en minúscula. El gerundio final, repicando, es invariable y forma parte de la fórmula fija: no se dice en misa y repicar ni en misa y repicándolas.
Expresiones parecidas
El equivalente castellano más brillante es querer nadar y guardar la ropa, que expresa lo mismo con una imagen igual de cotidiana y que además incorpora explícitamente el verbo querer, es decir, la voluntad de tener las dos cosas. En muchos contextos son intercambiables, aunque la de nadar carga más en el deseo y la de la misa, en la imposibilidad.
En la misma línea están no se puede estar en dos sitios a la vez, que es la versión literal y sin gracia, y soplar y sorber no puede ser, un refrán antiguo y bastante desusado que dice exactamente lo mismo con una imagen doméstica. También quien mucho abarca poco aprieta, aunque este apunta a la dispersión de esfuerzos más que a la incompatibilidad estricta.
Del entorno de las campanas quedan otras dos expresiones vecinas por vocabulario y ajenas por sentido: echar las campanas al vuelo, que es celebrar antes de tiempo, y tocar a rebato, que es dar la alarma. El campanario ha dado bastante juego al castellano, y no es casualidad: durante siglos fue lo más alto y lo más ruidoso que había en cualquier pueblo.
Hay que descartar, en cambio, un parecido engañoso. Matar dos pájaros de un tiro no es lo contrario de este refrán, aunque a veces se contraponen: hablar de dos objetivos alcanzados con una sola acción no es lo mismo que hablar de dos acciones incompatibles. Lo que nuestro refrán niega no es la eficiencia, es la simultaneidad.
El inglés dispone de you can’t have your cake and eat it, que no se puede tener el pastel y comérselo, con la misma lógica de exclusión y una imagen bastante más golosa. La coincidencia estructural entre lenguas es notable: parece que todas las culturas han necesitado un refrán para recordarle a alguien que hay que elegir.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Colombia
Nadie puede atender dos obligaciones incompatibles a la vez: hay que elegir una y renunciar a la otra.
España
Imposibilidad de hacer dos cosas a la vez
Se dice a quien pretende quedar bien con todos
«O vienes al viaje o terminas el proyecto: no se puede estar en misa y repicando.»
México
Nadie puede atender dos obligaciones incompatibles a la vez: hay que elegir una y renunciar a la otra.
Perú
Nadie puede atender dos obligaciones incompatibles a la vez: hay que elegir una y renunciar a la otra.
Venezuela
Nadie puede atender dos obligaciones incompatibles a la vez: hay que elegir una y renunciar a la otra.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
you can't have your cake and eat it
Literalmente: no puedes tener el pastel y comértelo
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «no se puede estar en misa y repicando»?
Que nadie puede atender dos obligaciones incompatibles a la vez: hay que elegir una y renunciar a la otra. No habla de falta de tiempo, sino de imposibilidad, porque con más horas tampoco se puede estar en dos sitios distintos.
¿De dónde viene «estar en misa y repicando»?
De una escena literal de iglesia de pueblo. Repicar es tocar las campanas, tarea del campanero, que se hacía desde lo alto de la torre, mientras el oficio se celebraba abajo en la nave. Quien tocaba no podía asistir. El refrán está en los repertorios clásicos, entre ellos el de Correas.
¿Qué significa «repicando» en este refrán?
Repicar es tocar la campana con un toque menudo y rápido, golpeándola con el badajo mientras el bronce permanece fijo. Era el toque habitual para llamar a los oficios. No significa repetir ni insistir, que es el sentido que muchos hablantes le atribuyen hoy.
¿Se dice «en misa y repicando» o «en misa y en la procesión»?
Las dos formas circulan y significan lo mismo; la de la procesión es igual de frecuente en algunas zonas. La versión negativa enuncia la norma general y suena razonable; la afirmativa, «está en misa y repicando», tiene filo y acusa a alguien de jugar a dos barajas.
Fuentes consultadas
- Refranero Multilingüe (Centro Virtual Cervantes)
- Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627)
Por qué puedes fiarte de esta ficha
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