Dar el avión
- Origen histórico: No se sabe. Circulan explicaciones que lo relacionan con el gesto de despedir con la mano, con los aviones de papel o con mandar a alguien lejos, pero ninguna cuenta con documentación. Las obras de referencia…
- Variantes frecuentes: Darle el avión a alguien · Me estás dando el avión
- En otros idiomas: «To humor someone» (EN)
Fingir que se atiende a alguien mientras en realidad se le sigue la corriente para quitárselo de encima, sin intención de hacer nada de lo que se le promete.
No se conoce el origen. Preferimos decirlo antes que inventarlo.
Quien te da el avión te dice que sí a todo sin la menor intención de cumplir: finge que te atiende para quitarte de encima. Es un mexicanismo muy vivo, con más reproche que enfado, y su origen no está documentado por mucho que circulen explicaciones que parecen redondas.
Qué significa exactamente
Lo que define a esta expresión no es la mentira, sino el asentimiento. Quien da el avión no contradice: acepta, aprueba, promete. Dice sí, claro, en cuanto pueda lo veo, y sigue con lo suyo. Por eso resulta tan difícil de detectar en el momento y tan evidente después: el diagnóstico casi siempre es retrospectivo, y llega cuando uno comprueba que nada de lo prometido ha ocurrido.
La construcción tiene dos vidas gramaticales bien diferenciadas. En presente funciona como advertencia, y se dirige al que está en plena faena: no me des el avión. En pretérito funciona como queja consumada: me dio el avión, nomás me dieron el avión. La primera se dice mirando a los ojos; la segunda, a terceros.
Hay un matiz que suele quedarse fuera de las definiciones y que es central para entender el giro: no siempre es una maldad. Se le da el avión al borracho que insiste, al niño que pregunta cien veces lo mismo, al pariente que lleva media hora con la misma historia. En esos casos la simulación es una forma de paz doméstica, y quien la practica lo cuenta sin rubor. El reproche solo aparece cuando el que recibe el trato esperaba algo de verdad.
Conviene distinguirla de las expresiones con las que se confunde. Dar largas, del español general, es aplazar con excusas, y supone al menos reconocer que hay una petición pendiente. Dar atole con el dedo es engañar tomando al otro por tonto, y ahí sí hay intención de aprovecharse. Hacerse pato o hacerse guaje consisten en fingir ignorancia para escaquearse, no en fingir atención. Y seguir la corriente, que es lo más cercano, se queda corta porque no incluye el propósito de despachar al otro, que es exactamente lo que aporta el avión.
Un detalle de uso: el objeto de la simulación es siempre una persona, no un trámite. No se le da el avión a un expediente; se le da a quien lo trae. La expresión describe una relación, no una tarea.
De dónde viene
No se sabe. Los repertorios de mexicanismos y el Diccionario de americanismos registran la locución y su sentido sin proponer ninguna etimología, y esa abstención es significativa: cuando una obra de referencia calla sobre el origen, suele ser porque no hay nada que decir con fundamento.
Lo que circula son conjeturas, y todas parten del avión como imagen de alejamiento. La más repetida apela al gesto de despedir con la mano, ese movimiento que se parece al de un aparato que despega y que sirve tanto para saludar como para espantar. Otra apunta a la idea de subir a alguien a un avión y mandarlo lejos, que es lo que en el fondo se hace cuando se le sigue la corriente para que se marche. Una tercera recurre a los aviones de papel, lanzados al aire para deshacerse de ellos.
Ninguna de las tres tiene detrás un texto, una fecha ni un testimonio. Explican la imagen, que es lo fácil, y no explican la frase, que es lo difícil. Con una metáfora tan disponible, cualquiera de las tres pudo funcionar, y también pudo no funcionar ninguna.
Sí hay un dato que puede afirmarse sin riesgo, y es el suelo cronológico. La expresión no puede ser anterior a que el avión formara parte del imaginario cotidiano mexicano, lo que la sitúa en pleno siglo XX. Es poca cosa comparada con una etimología, pero es lo único que aquí resiste una comprobación: ninguna frase puede referirse a lo que todavía no existe.
Hasta qué punto está probado
La ficha declara el origen como desconocido, y esa etiqueta es más informativa de lo que parece. Está diciendo que el vacío no es un descuido del catálogo, sino el estado real de la cuestión.
El problema con las explicaciones que circulan es que son infalsificables. Si alguien sostiene que la frase nació del gesto de la mano, no hay forma de comprobarlo ni de refutarlo: el gesto existe, la frase existe, y entre uno y otra no queda rastro. Ese tipo de explicación siempre suena bien y nunca demuestra nada, y es precisamente el material del que están hechas casi todas las etimologías populares.
Hay además un contexto que conviene tener presente. El español de México dispone de toda una familia de expresiones para deshacerse de alguien, y varias comparten el campo del vuelo o del envío a distancia, como mandar a volar o mandar por un tubo. Que dar el avión conviva con ellas es interesante y no prueba nada sobre su nacimiento: una expresión puede integrarse en una familia mucho después de haber llegado por su cuenta.
La consecuencia práctica es sencilla. Si un libro o una página propone un origen concreto y pintoresco para dar el avión, lo razonable es pedirle la fuente antes de repetirlo. Hasta que aparezca, la respuesta correcta a la pregunta por el origen sigue siendo que no se sabe.
Cómo se usa hoy
Es una expresión mexicana viva y de uso diario, sin marca de edad ni de clase. Se oye en casa, en la oficina, en el comercio y en la prensa, y no tiene ninguna carga vulgar: se puede decir delante de cualquiera.
El tono habitual es de resignación más que de indignación. Quien se queja de que le dieron el avión suele hacerlo con una media sonrisa, porque la conducta se percibe como una forma de descortesía menor y muy extendida, no como una traición. Eso permite usarla incluso hacia arriba, con cuidado: decirle a un jefe que no le den el avión al cliente es una crítica aceptable, mientras que acusarlo directamente de dártelo a ti ya sería otra cosa.
El terreno donde más rinde es el político y el periodístico. Cuando una autoridad promete y no cumple, la fórmula aparece sola: les dieron el avión a los vecinos, nos dieron el avión otra vez. Sirve para describir la promesa vacía sin llegar a la acusación de engaño, que exigiría pruebas.
Fuera de México la locución no se usa y, tomada al pie de la letra, resulta desconcertante. En España lo equivalente sería dar largas o torear a alguien; en el Río de la Plata, seguirle la corriente o hacerle el verso. Un hablante que llegue a México sin conocerla puede tardar en entender por qué le hablan de aviones en medio de una discusión sobre un trámite pendiente.
Expresiones parecidas
La más próxima dentro del propio español mexicano es darle por su lado, que describe casi el mismo comportamiento con un matiz más benévolo: se le da por su lado a quien no vale la pena contradecir. Dar el avión añade la prisa por terminar la conversación.
Dar atole con el dedo pertenece a otra categoría, la del engaño con provecho: quien lo hace no quiere librarse de ti, quiere sacarte algo. Hacerse pato y hacerse guaje comparten la simulación, pero la aplican a la propia responsabilidad y no a la atención prestada.
Marear la perdiz, del español peninsular, describe al que da vueltas sin llegar a ninguna parte, con lo que la víctima sí percibe que no se avanza. En dar el avión la víctima cree que se avanza, y ese autoengaño inducido es la clave del giro.
En inglés hay dos equivalentes que se reparten el terreno: to humor someone recoge la parte amable, la de seguirle el juego a quien no conviene llevar la contraria, y to give someone the brush-off recoge la parte del despacho rápido. El español de México junta las dos en una sola frase, y ahí está su eficacia.
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Estados Unidos
Fingir que se atiende a alguien para quitárselo de encima, sin intención de cumplir.
Mismo sentido y mismo reproche en presente, «no me des el avión»; se conserva bien entre hablantes de origen mexicano.
«No me des el avión, dime de una vez si vas a ir o no.»
México
Seguir la corriente para despachar a alguien
Se reprocha en presente: «no me des el avión»
«Le pregunté tres veces y solo me dio el avión.»
Ejemplos de uso
- «Cada vez que le recuerdo lo de la llave del baño, mi marido me da el avión y sigue en el celular.»
- «No me estés dando el avión: dime de una vez si el presupuesto se aprueba o no.»
- «Nos dieron el avión con lo del alumbrado y la calle sigue igual de oscura que en enero.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
To humor someone
Literalmente: seguirle el humor a alguien
Preguntas frecuentes
¿Qué significa dar el avión?
Significa fingir que se atiende a alguien y seguirle la corriente para quitárselo de encima, diciendo que sí a todo sin ninguna intención de cumplir lo prometido. Es un mexicanismo de uso diario.
¿De dónde viene dar el avión?
No se sabe. Circulan explicaciones sobre el gesto de despedir con la mano, sobre mandar lejos a alguien o sobre los aviones de papel, pero ninguna está documentada ni puede comprobarse.
¿Cuándo se dice me dio el avión?
Cuando alguien te dijo que sí a todo sin escucharte de verdad y después no movió un dedo. Es un reproche por falta de atención sincera, más resignado que enfadado.
¿Es lo mismo dar el avión que dar largas?
No. Dar largas es aplazar con excusas, y reconoce que hay algo pendiente. Dar el avión es fingir que se atiende para despachar al otro, sin admitir siquiera que hay una petición sobre la mesa.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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