Cada uno es cada uno y Dios el de todos
- Origen histórico: No se conoce el origen de esta ampliación. La forma escueta, cada uno es cada uno, y la humorística con las cadaunadas están documentadas en la tradición oral y en los repertorios paremiológicos, pero el…
- Variantes frecuentes: Cada uno es cada uno · Cada uno es cada uno y tiene sus cadaunadas
- En otros idiomas: «each to their own» (EN)
Cada persona tiene su carácter y sus manías, y hay que aceptarlas sin pretender medir a todo el mundo por el mismo rasero.
No se conoce el origen. Preferimos decirlo antes que inventarlo.
Cada uno es cada uno y Dios el de todos significa que cada persona tiene su carácter y sus manías, y que conviene aceptarlas sin medir a todo el mundo por el mismo rasero. Se dice para frenar una comparación injusta, casi siempre entre parientes o entre compañeros. Del remate que invoca a Dios no se conoce el origen.
Qué significa exactamente
El refrán tiene dos mitades y conviene leerlas por separado, porque cada una hace un trabajo distinto. La primera, cada uno es cada uno, afirma la singularidad de la persona por la vía más rotunda que existe: la tautología. No explica nada, no argumenta, se limita a repetir el sujeto como quien da un puñetazo en la mesa. Ese es justamente su efecto. Frente al que compara, el refrán responde que la comparación no procede porque los términos no son homologables.
La segunda mitad, y Dios el de todos, es la que salva al refrán de convertirse en una defensa del egoísmo. Si la frase terminara en la primera parte, diría que cada cual va a lo suyo y ahí se acaba el asunto. Con el añadido dice otra cosa: que por encima de esas diferencias hay un referente común que ampara a todos por igual. La singularidad no rompe la comunidad. De ahí que el tono no sea seco sino conciliador, y que se emplee para cerrar discusiones, no para abrirlas.
El contexto típico es muy reconocible. Alguien compara a dos hermanos, a dos empleados, a dos alumnos, y la comparación deja mal parado a uno de ellos. Entonces aparece el refrán, casi siempre en boca de un tercero que no quiere elegir bando. Funciona como freno, no como sentencia: no dice quién tiene razón, dice que la pregunta está mal planteada.
La variante humorística merece capítulo aparte. Cada uno es cada uno y tiene sus cadaunadas juega con un derivado inventado sobre la marcha, cadaunada, que designa la manía particular de cada cual. Es una broma morfológica, del mismo tipo que producen los hablantes cuando alargan una palabra para hacer reír. El chiste funciona porque el sufijo suena a algo serio y el resultado no lo es. En el uso real, esa variante rebaja el registro y quita solemnidad al remate religioso.
Conviene separarlo de refranes vecinos con los que se confunde. Sobre gustos no hay nada escrito se ocupa de preferencias estéticas, no del carácter. Cada loco con su tema tiene carga despectiva: describe al obsesionado, no al distinto. Cada maestrillo tiene su librillo se aplica a métodos de trabajo, sobre todo profesionales. El nuestro es más amplio y más benévolo que los tres: habla de la persona entera y no la juzga.
Y hay un límite que el uso respeta bastante bien. El refrán ampara las manías, no las canalladas. Nadie lo emplea para disculpar un daño real, y quien lo intenta suena a excusa barata. Sirve para el que es puntilloso, para el que come raro, para el que no llama nunca; no para el que engaña.
De dónde viene
No se sabe, y decirlo así ahorra tiempo. No hay una obra, un autor ni una fecha que puedan señalarse como punto de partida de esta fórmula completa. Lo que puede reconstruirse es de qué materiales está hecha.
La primera mitad pertenece a una familia muy productiva del refranero castellano: la de las tautologías expresivas. El español las ha usado siempre para zanjar, no para explicar: lo que es, es; una cosa es una cosa; el que es, es. Son fórmulas sin autor porque cualquiera puede producirlas, y por eso rastrear su origen no lleva a ningún sitio. La forma escueta cada uno es cada uno aparece recogida en los repertorios paremiológicos y circula por su cuenta, sin necesidad de remate.
El segundo hemistiquio encaja con un patrón igual de reconocible, el de los refranes que cierran encomendando el asunto a Dios. En la religiosidad popular castellana, Dios funciona como denominador común y como última instancia: lo que no se puede arreglar entre los hombres se deja arriba. Ese esquema produce docenas de refranes, y el nuestro se ajusta a él sin ninguna singularidad que permita fecharlo.
Tampoco ayuda la distribución geográfica. La expresión se oye en España y en buena parte de América, con presencia sostenida en México, Colombia y Venezuela. Ese reparto amplio y homogéneo es típico de las fórmulas que viajaron pronto o que se rehacen solas en cualquier sitio, y no permite deducir un foco de irradiación.
Hasta qué punto está probado
La ficha declara el origen como desconocido, y esa etiqueta no equivale a no saber nada. Sabemos que las dos piezas del refrán son antiguas y populares. Lo que no consta es cuándo alguien las unió en esta forma concreta.
Hay un motivo estructural para esa laguna. Los refranes de fórmula abierta se alargan y se acortan en boca de cada hablante: se les añade un remate, se les quita, se les cambia el santo. Cuando la unidad no tiene una forma fija, los repertorios recogen unas versiones y no otras, y la variante que hoy nos parece canónica pudo pasar siglos circulando sin que nadie la anotara. Con la ampliación religiosa de este refrán ocurre exactamente eso: se documenta bien la parte corta y mal la larga.
Lo prudente, por tanto, es no atribuirla a nadie. Si alguien la asigna a un autor concreto, a un pasaje bíblico o a un episodio histórico, lo razonable es pedirle la referencia antes de repetirlo. En fraseología, una explicación bonita sin fuente vale exactamente lo mismo que ninguna explicación.
Cómo se usa hoy
Es un refrán vivo, aunque de uso claramente generacional. Se oye con naturalidad en boca de hablantes mayores y, cada vez más, como cita consciente en boca de los jóvenes, que lo emplean con un punto de guiño: al decirlo se está imitando a alguien que lo decía. Ese matiz de segunda mano no lo desactiva, pero cambia el tono.
El registro es coloquial y el tono, apaciguador. Casi nunca se dice enfadado. Aparece al final de la intervención, después de la comparación que se quiere desactivar, con una pausa marcada delante: no los compares, que cada uno es cada uno y Dios el de todos. En posición inicial suena raro, porque el refrán necesita que primero se haya dicho la barbaridad que viene a corregir.
La invocación religiosa no obliga a nada. Se emplea en conversaciones perfectamente laicas y nadie entiende que quien lo dice esté haciendo profesión de fe, igual que ocurre con si Dios quiere o con vaya usted con Dios. Es fórmula, no credo. Aun así, en contextos formales o profesionales conviene medirlo: en una reunión de trabajo, la parte de Dios chirría y suele quedarse el hablante con la mitad corta.
En América el uso es equivalente, con una tendencia perceptible a preferir la forma breve. En México y en Colombia se oye mucho cada quien es cada quien, con quien en lugar de uno, que es la solución más natural en esas variedades y que puede aparecer con o sin el remate. En España la forma con quien resulta ajena y suena a calco.
Hay un uso en el que conviene no meterse. Cuando la comparación no es una injusticia sino una queja fundada, soltar el refrán equivale a quitarle importancia al problema, y el interlocutor lo nota. Ahí no apacigua: irrita.
Expresiones parecidas
Dios los cría y ellos se juntan comparte estructura y santoral, pero su valor es el opuesto: se dice con retintín, para señalar que dos personas se parecen demasiado y no para pedir que se las trate como distintas. Conviene no confundirlas porque el refranero, visto de lejos, parece decir siempre lo mismo, y no es así.
Cada oveja con su pareja y cada loco con su tema pertenecen a la misma serie formal, la de los refranes distributivos que empiezan por cada. El primero recomienda emparejarse entre iguales; el segundo, ya se ha dicho, descalifica. Ninguno de los dos pide tolerancia: la piden pocos refranes, y ese es el valor del nuestro.
Más cercanos en intención están de todo hay en la viña del Señor, que constata la variedad humana con resignación, y sobre gustos no hay nada escrito, que cede el terreno del juicio estético. Ambos comparten con nuestro refrán la renuncia a imponer un patrón único, aunque lo hagan desde el desinterés y no desde la benevolencia.
En inglés, el equivalente funcional es each to their own, que cubre bien la primera mitad y deja fuera la segunda: no hay allí ningún Dios común que garantice el trato igual. En francés, chacun voit midi à sa porte se acerca al sentido de que cada cual mide el mundo desde su propia posición. Ninguna de las dos traduce el refrán entero, porque lo específico de la versión castellana está justo en el remate.
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Colombia
Cada cual tiene su modo y no hay que juzgarlo por el propio.
Igual que en México, la forma corriente arranca con «cada quien»; el remate «y Dios el de todos» no se emplea.
«Cada quien es cada quien, no ande usted juzgando.»
España
Reivindicación de la singularidad ajena
Tono conciliador
«No compares a los hermanos: cada uno es cada uno y Dios el de todos.»
México
Cada persona es como es y hay que aceptarla sin medir a todos por igual.
El refrán largo apenas se oye; lo vivo allí es «cada quien es cada quien» y «cada quien con su cada cual», porque en México «cada quien» desplaza a «cada uno» en el habla corriente.
«Déjalo en paz, cada quien es cada quien.»
Venezuela
Cada persona tiene su carácter y sus manías, y hay que aceptarlas sin pretender medir a todo el mundo por el mismo rasero.
Ejemplos de uso
- «Mi madre lo zanjaba siempre igual: cada uno es cada uno y Dios el de todos, y a callar.»
- «En el equipo hay quien necesita silencio y quien trabaja con música; cada uno es cada uno y Dios el de todos.»
- «Que le guste el vermut caliente será raro, pero cada uno es cada uno y Dios el de todos.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
each to their own
Literalmente: cada cual a lo suyo
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «cada uno es cada uno y Dios el de todos»?
Que cada persona tiene su carácter y sus manías, y que hay que aceptarlas sin medir a todo el mundo por el mismo rasero. Se dice para frenar una comparación injusta entre dos personas, normalmente parientes o compañeros.
¿De dónde viene «cada uno es cada uno y Dios el de todos»?
No se sabe. La forma corta está recogida en los repertorios de refranes, pero el remate que invoca a Dios circula sobre todo en el habla y no tiene registro antiguo localizable. No consta autor, obra ni fecha.
¿Qué son las «cadaunadas»?
Las manías particulares de cada cual, en la variante humorística «cada uno es cada uno y tiene sus cadaunadas». Es una palabra inventada por broma sobre «cada uno»; el chiste rebaja el tono solemne del refrán.
¿Se dice «cada uno es cada uno» o «cada quien es cada quien»?
Las dos son correctas. En España se prefiere «cada uno»; en México, Colombia y otras zonas de América se oye más «cada quien es cada quien», con o sin el remate religioso.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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