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DichosyMás Diccionario etimológico & cultura popular

Buscar un burladero

Respuesta rápida
«Buscar un burladero» significa Ponerse a cubierto en cuanto la cosa se complica, buscando un lugar desde el que seguir mirando sin recibir ningún golpe.
  • Origen histórico: El burladero es el biombo de tablas plantado delante de la barrera, con una abertura por la que cabe un hombre y no un toro. Sirve exactamente para burlar la embestida, de ahí el nombre. La metáfora aprovecha…
  • Variantes frecuentes: Meterse en el burladero · Refugiarse en un burladero
  • En otros idiomas: «to run for cover» (EN)

Ponerse a cubierto en cuanto la cosa se complica, buscando un lugar desde el que seguir mirando sin recibir ningún golpe.

Quien busca un burladero se pone a cubierto en cuanto la cosa se complica: se aparta del sitio donde se reciben los golpes, pero sin salir del asunto ni renunciar a mirarlo de cerca. La expresión viene de la plaza de toros, donde el burladero es una pieza de madera muy concreta y con una función muy concreta.

Qué significa exactamente

Lo que distingue a esta locución de todas las que hablan de escaquearse es que el sujeto no se marcha. Sigue en la plaza. Conserva el cargo, el sueldo, la firma y la butaca de primera fila; lo único que ha cambiado es que ahora hay unas tablas entre él y lo que embiste. Por eso el reproche que lleva dentro es más afilado que el de huir: huir tiene al menos la franqueza de reconocer el miedo.

El verbo importa. Se dice buscar un burladero, y buscar implica mirar alrededor, calcular y elegir. No es un reflejo, es una maniobra. De ahí que la expresión se aplique casi siempre a quien tenía una responsabilidad y la esquiva con premeditación: el directivo que delega la comparecencia incómoda, el político que deja hablar al portavoz, el jefe que manda al equipo a dar la cara mientras él revisa el informe.

Conviene separarla de sus vecinas, porque se confunden con facilidad. Ver los toros desde la barrera describe a quien nunca se metió: opina desde fuera y no se juega nada. Escurrir el bulto es evitar la tarea entera, con burladero o sin él. Lavarse las manos añade una declaración expresa de no responsabilidad. Echar balones fuera es de vocabulario futbolístico y se refiere a desviar la conversación, no a protegerse. El burladero aporta algo que ninguna de esas tiene: la idea de un refugio físico, previsto de antemano y situado dentro del ruedo.

Hay también un uso más neutro y menos frecuente, sin carga de censura, en el que buscar un burladero significa sencillamente ponerse a salvo con buen criterio mientras pasa la tormenta. Ese sentido asoma en contextos económicos, cuando se habla de refugiarse en activos seguros. Es minoritario, pero existe, y el contexto lo resuelve sin ambigüedad.

Merece un apunte la diferencia entre buscar un burladero y encontrarlo. La expresión describe la maniobra, no su resultado, y esa es la razón de que sirva tan bien para el sarcasmo: se puede buscar burladero y no hallarlo, quedarse a la vista de todos con el gesto de esconderse ya hecho. Esa escena, la del que intenta protegerse y fracasa, es la que más rendimiento le ha dado a la locución en la crónica parlamentaria española.

De dónde viene

El burladero es un objeto real y está en todas las plazas. Consiste en un biombo de tablas plantado delante de la barrera, separado de ella lo justo para que quepa un hombre de perfil y no quepa un toro. Su nombre lo dice todo: sirve para burlar la embestida, y de ese verbo sale la palabra.

Su geometría es lo que hace tan buena la metáfora. El burladero no está fuera de la plaza ni encima de ella. Está en el ruedo, pegado al albero, a la distancia desde la que se ve el pitón. El que se acoge a un burladero no ha abandonado la lidia: sigue dentro, sigue viéndolo todo y, si le conviene, puede salir otra vez cuando el toro esté en otro lado. Un refugio que además permite seguir mirando es exactamente lo que describe la frase.

La tauromaquia ha regalado al castellano una porción enorme de su vocabulario figurado, y esta pieza pertenece a la promoción más reciente. Los tratados taurinos describen el burladero como parte del mobiliario de la plaza, junto al callejón, la barrera y el estribo; el salto al lenguaje común, en cambio, es cosa del siglo XX y muy en particular de la prensa política y económica, que encontró en la plaza un almacén inagotable de imágenes para contar quién se expone y quién no.

El giro convive con otras fórmulas hechas con el mismo mueble: meterse en el burladero, refugiarse en un burladero o el más plástico salir del burladero, que describe justo lo contrario, al que por fin da la cara.

Hay un detalle técnico que refina la metáfora y que casi nadie tiene en cuenta. El burladero no es un escondite: desde él se ve el ruedo entero y desde él trabajan también los subalternos, que salen y entran según lo pide la lidia. Es decir, en la plaza el burladero tiene un uso profesional legítimo y no es cosa de cobardes. El sentido figurado le ha añadido la mala intención que el objeto no tiene, y ese añadido es obra exclusiva del lenguaje periodístico.

Hasta qué punto está probado

Hay dos cosas distintas que probar y solo una está firme.

Firme está el objeto y su nombre. El burladero existe, su función es la que se ha descrito y la lexicografía académica lo recoge sin discusión. Su etimología es transparente: burlar más el sufijo que forma nombres de lugar o de instrumento, el mismo mecanismo de otras palabras corrientes del idioma. Nadie discute de dónde sale la palabra.

Lo que no está firme es el paso a la lengua figurada. Ningún repertorio fecha la primera vez que alguien dijo que un ministro había buscado su burladero, ni identifica el artículo, el discurso o la tertulia donde la imagen se soltó del ruedo. Se sabe que hoy es corriente en el periodismo español y en el de los países con tradición taurina, y se supone razonablemente que el salto es del siglo XX, cuando el lenguaje de la plaza estaba en el oído de todo el mundo. Es una suposición muy razonable y no está documentada.

Por eso la ficha marca el origen como probable y no como probado. La diferencia no es un tecnicismo: significa que quien cuente esta historia debe decir que la metáfora procede del burladero de la plaza, cosa evidente, y no que se pueda señalar el momento en que nació la frase, cosa que nadie sabe.

Cómo se usa hoy

Vive sobre todo en España y en los países donde el léxico taurino sigue en circulación, señaladamente México, Colombia, Perú y Venezuela. En el resto del ámbito hispanohablante se entiende por contexto, pero no es de uso espontáneo, y en Argentina o Chile un lector puede necesitar que le expliquen qué es exactamente un burladero.

El registro es coloquial con una fuerte presencia en la prensa. Aparece en crónicas parlamentarias, en información judicial y en comentarios deportivos, casi siempre en la misma construcción: alguien busca su burladero cuando llegan las cifras malas, la comisión de investigación o la rueda de prensa. El posesivo es habitual y añade sorna, porque sugiere que cada cual tiene el suyo localizado de antemano.

El tono es de reproche, aunque rara vez de insulto. Se puede decir en una reunión de trabajo sin que estalle nada, y de hecho parte de su utilidad está ahí: permite acusar de cobardía sin usar la palabra cobardía. Con quien no conviene emplearla es con alguien que se protegió por motivos legítimos, porque la frase da por hecho que el refugio era innecesario.

Un aviso de oportunidad. En contextos donde la tauromaquia se discute, la metáfora puede desviar la conversación hacia el propio toreo. No es que resulte ofensiva, es que distrae. Y a un público joven o no español, la imagen puede no decirle nada si no se explica la pieza de madera.

Expresiones parecidas

El campo semántico de eludir la responsabilidad es uno de los más poblados del idioma, señal de que la conducta es antigua. Escurrir el bulto es la fórmula general y la más usada: se aplica a cualquier tarea que uno esquiva. Ponerse de perfil añade el gesto físico de ofrecer menos superficie y se ha vuelto habitual en la crónica política española. Lavarse las manos viene del episodio evangélico de Pilato y aporta la parte declarativa: no basta con apartarse, hay que anunciar que uno no es responsable.

Dentro de la propia plaza hay parientes cercanos con matices distintos. Ver los toros desde la barrera señala a quien nunca entró y opina desde la comodidad. Tomar las tablas es el movimiento del torero que busca la seguridad de la barrera y funciona casi como sinónimo, aunque suena más técnico. Estar en el callejón describe a quien participa del asunto sin pisar el ruedo, y no siempre es un reproche: en la plaza el callejón está lleno de gente que hace su trabajo.

En el otro extremo del eje están las expresiones que elogian lo contrario: dar la cara, arrimarse al toro, poner el pecho, muy viva esta última en el español americano, o mojarse, que en España significa comprometerse aun a costa de salir perjudicado.

El inglés resuelve la idea con to run for cover, correr a cubierto, o con to duck, agacharse. Ninguna de las dos conserva el matiz que hace mordaz a la española: que el refugio estaba preparado y que desde él se sigue viendo el espectáculo entero.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Colombia

Ponerse a cubierto en cuanto la cosa se complica, buscando un lugar desde el que seguir mirando sin recibir ningún golpe.

España

Refugiarse para eludir la responsabilidad

Reproche: implica que el sitio se busca a propósito

«En cuanto salieron las cifras, cada consejero buscó su burladero.»

México

Ponerse a cubierto en cuanto la cosa se complica, buscando un lugar desde el que seguir mirando sin recibir ningún golpe.

Perú

Ponerse a cubierto en cuanto la cosa se complica, buscando un lugar desde el que seguir mirando sin recibir ningún golpe.

Venezuela

Ponerse a cubierto en cuanto la cosa se complica, buscando un lugar desde el que seguir mirando sin recibir ningún golpe.

Ejemplos de uso

  • «En cuanto se habla de repartir la casa de los abuelos, cada hermano busca su burladero.»
  • «El jefe de obra se metió en el burladero y mandó al encargado a dar la cara ante la propiedad.»
  • «Cuando la asamblea se puso fea, media directiva se refugió en un burladero y no abrió la boca.»

Cómo se dice en otros idiomas

EN

to run for cover

Literalmente: correr a cubierto

Preguntas frecuentes

¿Qué significa buscar un burladero?

Significa ponerse a cubierto en cuanto la situación se complica, sin abandonar el asunto: uno conserva el puesto y la vista, pero deja que los golpes los reciba otro. Casi siempre se dice como reproche.

¿De dónde viene buscar un burladero?

De la plaza de toros. El burladero es el biombo de tablas plantado ante la barrera, con una abertura por la que cabe un hombre y no un toro. El salto al sentido figurado es del siglo XX y no está fechado con precisión.

¿Qué es exactamente un burladero?

Un biombo de tablas colocado delante de la barrera de la plaza, separado de ella lo justo para que un torero pase de perfil y el toro no. Su nombre viene del verbo burlar: sirve para burlar la embestida.

¿Es lo mismo que ver los toros desde la barrera?

No. Quien ve los toros desde la barrera nunca entró en el ruedo y opina desde fuera. Quien busca un burladero sí estaba dentro y se aparta cuando llega el peligro, sin dejar de mirar ni de mandar.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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