Ser un manirroto
- Origen histórico: Compuesto transparente de mano y roto: la mano rota deja escapar cuanto se le pone dentro, imagen del que no sabe retener el dinero. La palabra está registrada por la lexicografía académica desde antiguo y…
- Variantes frecuentes: Manirroto
- En otros idiomas: «a spendthrift» (EN)
Gastar el dinero sin ninguna medida, dejándolo escapar en cuanto se tiene, como si las manos no fueran capaces de retenerlo.
Manirroto es quien gasta el dinero sin medida y lo deja escapar en cuanto lo tiene, como si las manos no le sirvieran para retenerlo. La palabra dice literalmente lo que significa: mano rota. Y lleva en los diccionarios académicos desde el siglo XVIII con una definición casi idéntica a la de hoy, cosa que no abunda en el vocabulario coloquial.
Qué significa exactamente
El manirroto no es el que un día se gasta una fortuna. Es el que nunca consigue quedarse con nada. La distinción importa, porque la palabra describe un rasgo estable de carácter y no un episodio: se es manirroto como se es distraído o impuntual, con independencia de que este mes haya habido un gasto grande o ninguno. De ahí que aparezca siempre con el verbo ser y suene forzada con estar.
El segundo matiz se pierde a menudo. La palabra no dice en qué se va el dinero. No presupone lujo, ni vicio, ni capricho. Un manirroto puede quedarse sin nada invitando, prestando y regalando, y los diccionarios antiguos lo definían precisamente como demasiado liberal, donde liberal quería decir generoso. Está a un paso de una virtud: es la mano abierta que no sabe cerrarse. Eso explica que el reproche resulte tan blando, casi indulgente, y que uno pueda llamar manirroto a un amigo delante de él sin ofenderlo.
Frente a sus vecinas, la palabra ocupa un sitio bastante preciso. Derrochador insiste en la cantidad y en el desperdicio. Despilfarrador añade escala y suele aplicarse a quien gasta lo que no es suyo, sobre todo dinero público. Dilapidar pertenece al registro formal y casi siempre lleva complemento: se dilapida un patrimonio, una herencia, una fortuna heredada, y con ello se sugiere que había algo valioso y se destruyó. Botarate carga contra el juicio del sujeto más que contra su bolsillo. Manirroto se queda con la incapacidad, metafórica pero física, de retener: no juzga el destino del dinero, solo constata que no se queda.
Por el otro lado están los antónimos, y son muchos más y más duros: agarrado, roñoso, rata, tacaño, cicatero. Que el español haya multiplicado los insultos para el que no suelta y solo tenga una palabra tibia para el que no retiene dice bastante sobre qué defecto se ha castigado más socialmente.
Gramaticalmente funciona como adjetivo y como sustantivo, y tiene femenino regular: una manirrota, aunque se oiga menos porque el tópico del gastador ha sido tradicionalmente masculino. Admite gradación, bastante manirroto, un poco manirroto, y se combina sin dificultad con nombres no personales en la prensa económica: una gestión manirrota, un presupuesto manirroto.
Un detalle que suele pasarse por alto: ser manirroto no implica ser pobre. Se puede ser manirroto con mucho dinero, y entonces la palabra describe un ritmo, no un saldo. Lo que sí implica es que el dinero no dura, sea cual sea la cifra de partida.
De dónde viene
Aquí no hay anécdota que contar, y eso también es una respuesta. Manirroto es un compuesto: mano más roto. Nada más. La mano rota, agujereada, deja pasar lo que se le pone dentro, y quien la tiene así no puede guardar monedas aunque quiera.
La formación no es caprichosa ni aislada. Pertenece a un molde muy productivo del español, el de los compuestos de parte del cuerpo más adjetivo: manilargo, manivacío, cabizbajo, boquiabierto, patituerto, pelirrojo, cariacontecido. Son palabras que describen a una persona entera a partir de un detalle convertido en carácter. Que manirroto se formara así explica por qué no necesita historia detrás: la lengua fabricaba estas voces casi en serie, y esta salió de la misma cadena.
El compañero más cercano de la serie es manilargo, y compararlos ilumina el mecanismo. Manilargo significa a la vez generoso y ladrón, según quién lo diga y de quién. La mano larga alcanza lejos, para dar o para coger. La mano rota, en cambio, solo puede perder. Cada compuesto elige una propiedad de la mano y la convierte en un tipo humano.
El adjetivo roto tenía además, y sigue teniendo, el valor de no íntegro, quebrado, con una solución de continuidad. No es que la mano esté lesionada: es que no cierra el circuito. La imagen es la misma que produjo mucho después fórmulas como tener un agujero en el bolsillo o que a uno se le escurra el dinero entre los dedos, reformulaciones modernas de la misma idea.
Del registro lexicográfico sí hay constancia. El primer diccionario de la Academia, el de Autoridades, publicado entre 1726 y 1739, ya recoge la palabra con el sentido de pródigo y gastador, y esa definición ha llegado al diccionario actual sin cambios de fondo. Tres siglos con el mismo significado es una estabilidad notable para una voz coloquial: lo normal es que estas palabras se desplacen, se suavicen o se especialicen.
Conviene decir qué no sabemos. No hay una primera documentación célebre, ni un autor que la pusiera de moda, ni un oficio concreto del que saliera. La ficha marca el origen como documentado porque lo que está documentado es la formación de la palabra y su registro antiguo, no una historia. Si alguien cuenta que manirroto viene de un gesto ritual, de una moneda partida o de un personaje histórico, lo suyo es pedirle la fuente: no la hay.
Cómo se usa hoy
El registro es neutro, con un punto culto. No es palabra de jerga, pero tampoco suena rebuscada: cualquier hablante adulto la entiende y la usa sin sentir que está citando un libro. En hablantes jóvenes empieza a percibirse como vocabulario de sus padres, y ahí compite con perífrasis del tipo se le va el dinero o no le dura nada.
Donde más viva está es en dos contextos muy distintos. Uno es el familiar, en el retrato de un pariente al que se quiere y se le reprocha a la vez: era un manirroto, pero nunca dejó a nadie sin ayudar. El otro es el periodismo económico y político, donde manirroto se ha convertido en adjetivo de combate contra gestores públicos y contra el gasto de un gobierno.
El tono es de reproche, sí, pero de reproche blando. Se puede decir a la cara. En eso se distingue de despilfarrador, que ya es acusación, y de derrochador, que suena a informe. Cuando se quiere endurecer el juicio, la lengua recurre a otras palabras.
En América se entiende en todas partes y se lee con normalidad en prensa, aunque en la conversación cada país prefiera sus propios términos para el gastador. No es una voz exclusiva de España, pero tampoco es la primera que sale en boca de un hablante mexicano o argentino. En la escritura, en cambio, es común a todo el ámbito hispánico.
No tiene carga ofensiva ni connotación de clase. Sí conviene medirla en contextos profesionales: llamar manirroto a un responsable de presupuesto es una crítica seria, por amable que suene la palabra.
Expresiones parecidas
Tirar la casa por la ventana describe un gasto puntual y voluntario, casi siempre festivo, y no dice nada del carácter de quien lo hace: el más agarrado del mundo puede tirar la casa por la ventana en la boda de su hija. Manirroto es lo contrario en cuanto a duración: no un día, sino todos.
Gastar a manos llenas comparte la imagen de la mano, pero pone el acento en la abundancia y no en la incapacidad de retener. Se gasta a manos llenas cuando hay de sobra; se es manirroto también cuando no lo hay, y ahí está el problema.
La más próxima de todas es el dinero le quema en las manos, de la misma familia de imágenes, que añade la urgencia: no es que el dinero se escape, es que estorba hasta que se gasta. Muchos hablantes las usan como equivalentes y, en la práctica, casi siempre lo son.
No llegar a fin de mes nombra la consecuencia y no la causa, y por eso no son intercambiables: se puede no llegar a fin de mes con una administración impecable y un sueldo insuficiente. Confundir ambas cosas es el error de análisis más frecuente alrededor de esta palabra.
En el extremo opuesto, apretarse el cinturón describe el movimiento contrario y deliberado, el de quien recorta a conciencia. Y como retrato de carácter enfrentado está toda la familia de los agarrados, a los que la lengua ha nombrado con mucha más saña que a los manirrotos.
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Argentina
El que derrocha cuanto tiene en cuanto lo tiene.
Voz de registro culto; en el habla diaria se recurre a otros términos y manirroto queda para la lengua escrita.
«Es un manirroto: cobra y a los tres días no le queda nada.»
Colombia
Persona derrochadora, incapaz de guardar el dinero.
Se comprende sin problema, aunque es palabra más de periódico o de libro que de conversación.
«No le prestes a él, que es un manirroto y no le rinde la plata.»
España
Persona derrochadora
Menos duro que despilfarrador; casi indulgente
«Es un manirroto: cobra y a los tres días no tiene nada.»
México
Persona que gasta sin medida y no retiene el dinero.
La palabra se entiende y aparece por escrito, pero en la conversación corriente suena libresca y se oye poco.
«Su hermano es un manirroto, no le dura el sueldo ni una semana.»
Perú
Gastar el dinero sin ninguna medida, dejándolo escapar en cuanto se tiene, como si las manos no fueran capaces de retenerlo.
Venezuela
Gastar el dinero sin ninguna medida, dejándolo escapar en cuanto se tiene, como si las manos no fueran capaces de retenerlo.
Ejemplos de uso
- «De joven fui un manirroto y no supe lo que era ahorrar hasta los cuarenta.»
- «El anterior gerente era un manirroto: alquilaba salas de hotel para reuniones de cuatro personas.»
- «El auditor describió al administrador como un manirroto que confundía la caja con su bolsillo.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
a spendthrift
Literalmente: un derrochador
Preguntas frecuentes
¿Qué significa ser un manirroto?
Ser incapaz de retener el dinero: se gasta sin medida y no dura nada. Describe un rasgo de carácter estable, no un gasto puntual, y el reproche es suave, porque a menudo el manirroto se arruina invitando o regalando.
¿De dónde viene la palabra manirroto?
Es un compuesto transparente de mano y roto: la mano rota deja escapar cuanto se le pone dentro. Pertenece al mismo molde que manilargo o cabizbajo, y no hay ninguna anécdota histórica detrás. El diccionario de Autoridades ya la recogía en el siglo XVIII.
¿Es lo mismo manirroto que derrochador?
No del todo. Derrochador y despilfarrador subrayan el desperdicio y la escala, a menudo con dinero ajeno o público. Manirroto señala solo la incapacidad de retener, sin juzgar en qué se gasta, y resulta bastante más indulgente.
¿Se dice manirrota en femenino?
Sí. Manirroto tiene femenino regular, manirrota, y funciona igual como adjetivo y como sustantivo. También se aplica a cosas: una gestión manirrota, un presupuesto manirroto.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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