Poner banderillas a alguien
- Origen histórico: Las banderillas son los palos con arpón que se clavan por pares en el morrillo del toro durante el segundo tercio. No pretenden matar sino avivar al animal y corregir su embestida. El uso figurado respeta esa…
- Variantes frecuentes: Clavar banderillas · Soltar una banderilla
- En otros idiomas: «to needle someone» (EN)
Ir soltando pullas e indirectas contra alguien para picarlo y calentarlo poco a poco, sin llegar al enfrentamiento abierto.
Poner banderillas a alguien consiste en irle soltando pullas e indirectas para picarlo y calentarlo poco a poco, sin llegar nunca al enfrentamiento abierto. La imagen viene de la plaza de toros, y la respeta con bastante fidelidad: quien pone banderillas no quiere rematar al otro, quiere encenderlo. Por eso lo hace por partes.
Qué significa exactamente
La clave de la locución está en la reiteración. Una banderilla suelta no cuenta: se ponen banderillas, en plural y a lo largo de un rato. El que las pone va soltando comentarios espaciados, aparentemente inconexos, que sumados construyen un hostigamiento. Si el ataque llega de una sola vez y va de frente, el español dispone de otras palabras; esta describe la técnica del goteo.
El segundo rasgo es la oblicuidad. Las pullas que se llaman banderillas casi nunca son insultos directos. Son alusiones, comparaciones aparentemente inocentes, elogios envenenados, chistes que todos entienden menos el aludido, o que entiende demasiado bien. Esa indirección es funcional: permite que el que las pone conserve la coartada de que no estaba diciendo nada. Cuando el otro salta, siempre queda el recurso de decir que se lo ha tomado a mal.
Tercero, hay una asimetría. El que pone banderillas está a salvo, o cree estarlo. Suele hacerlo en grupo, delante de público, aprovechando que el otro no puede responder con la misma moneda sin quedar como el desagradable de la reunión. Esa ventaja de posición es lo que distingue las banderillas de una discusión entre iguales, y lo que las emparenta con formas de acoso de baja intensidad.
El diccionario académico recoge banderilla con el valor de dicho satírico con que se zahiere a alguien, lo que confirma que el sentido figurado está plenamente asentado en la lengua general y no es una metáfora de circunstancias. Junto a la forma poner banderillas conviven clavar banderillas, algo más agresiva, y el singular soltar una banderilla, que designa el comentario aislado dentro de una conversación por lo demás cordial.
Conviene distinguirla de expresiones vecinas. Poner verde a alguien es criticarlo, normalmente en su ausencia; las banderillas se ponen delante. Dar un puyazo o soltar un puyazo se refiere a un golpe único y más hondo, con la imagen tomada del tercio anterior de la lidia. Y meterse con alguien es la fórmula general, sin el matiz de método y repetición que la nuestra aporta.
Un apunte para evitar confusiones: en España se llama también banderilla a la tapa que se sirve pinchada en un palillo. Son homónimos con la misma raíz visual, el palito, pero no tienen relación de sentido. Nadie pone banderillas a nadie en la barra de un bar, salvo por juego de palabras.
De dónde viene
Del segundo tercio de la lidia. Las banderillas son palos de unos setenta centímetros rematados en un arpón, envueltos en papel de colores, que se clavan por pares en el morrillo del toro. Las coloca un subalterno o, en ocasiones señaladas, el propio matador. Lo normal son tres pares.
Su función es la que explica todo lo demás. Las banderillas no matan ni pretenden hacerlo: sirven para avivar al animal que se ha quedado parado tras el tercio de varas y para corregir defectos de la embestida, obligándolo a levantar la cabeza o a fijarse en un lado. Son un instrumento de preparación, no de castigo definitivo. Y se ponen desde lejos, con una carrera y un quiebro, no en el cuerpo a cuerpo.
El uso figurado hereda las tres cosas. La finalidad, que no es acabar con el otro sino provocarlo; la dosificación, que es por pares y en varios viajes; y la distancia, porque el que pone banderillas no se planta delante del contrario a decírselo a la cara. Pocas metáforas taurinas conservan tan bien la mecánica del original.
Hay incluso un detalle que la lengua ha aprovechado. Existieron las llamadas banderillas negras o de fuego, reservadas al toro manso que no acudía a los caballos, y que llevaban petardos. Eran una humillación pública para la ganadería. Cuando alguien habla de banderillas de fuego en sentido figurado se refiere justo a eso: a la pulla que además avergüenza delante de todos.
Hasta qué punto está probado
El origen taurino no admite discusión: la palabra banderilla pertenece al vocabulario de la lidia y de ahí salta al habla común, no al revés. Lo que la ficha marca como probable, y no como documentado, es otra cosa: la historia del salto.
No se conoce el primer texto en que poner banderillas aparece con valor figurado, ni el ambiente concreto en que se generalizó. Es razonable suponer que fue en el periodismo taurino y en la tertulia del siglo XIX y comienzos del XX, cuando el léxico de la plaza impregnó el español peninsular hasta un extremo que hoy cuesta imaginar. De ahí proceden decenas de expresiones corrientes. Pero suponerlo no es documentarlo.
Lo que sí puede afirmarse sin reservas es que la metáfora es coherente con la técnica real, lo que descarta las explicaciones alternativas que a veces se leen, las que quieren ver en las banderillas un instrumento de tortura o de remate. No lo son, y la locución lo demuestra: si lo fueran, poner banderillas significaría matar a alguien con palabras, y no significa eso.
Cómo se usa hoy
Es una expresión de registro coloquial, muy viva en España y bien entendida en los países hispanoamericanos con tradición taurina, donde se documenta en México, Colombia, Perú y Venezuela. La afición ha retrocedido y el léxico no: sigue empleándola gente que no ha pisado una plaza en su vida.
Los contextos favoritos son tres. El familiar, en comidas y celebraciones donde alguien lleva un rato metiéndose con otro por lo bajo. El laboral, en reuniones donde un compañero desliza pullas sobre el trabajo ajeno. Y el político y periodístico, donde poner banderillas describe con exactitud lo que hace un portavoz que hostiga al adversario sin entrar al debate de fondo.
El tono es siempre de reproche hacia el que las pone. Nadie dice con orgullo que estuvo poniendo banderillas; se dice del otro. Esa carga negativa la aleja de las expresiones que celebran el ingenio y la acerca a las que describen una conducta mezquina. Aun así, no es una acusación grave: las banderillas son molestas, no delictivas.
Un matiz de uso que conviene tener presente es el destinatario. La construcción normal es poner banderillas a alguien, con complemento de persona, y admite también ponerle banderillas con pronombre. No se ponen banderillas a una idea ni a un proyecto: el objeto tiene que poder sentirse aludido, porque toda la fuerza de la imagen está en que del otro lado hay alguien que se va calentando.
Para terminar, una nota de sensibilidad. En países y en ambientes donde la tauromaquia está en cuestión, el léxico taurino no siempre es neutro. La expresión no ofende a nadie, pero conviene saber que arrastra un origen que para una parte del público no es indiferente, del mismo modo que sabemos que dar en el clavo viene de un juego infantil o a toda vela de la navegación.
Expresiones parecidas
Dentro del propio léxico de la plaza, la pareja más cercana es soltar un puyazo. Un puyazo es un golpe único, hondo y con sangre, y el figurado hereda esa intensidad: se suelta un puyazo cuando se dice algo que hiere de verdad, y basta con uno. Las banderillas, en cambio, son varias y superficiales. La diferencia entre ambas expresiones reproduce con precisión la diferencia entre los dos tercios de la lidia.
Cambiar de tercio completa el trío y significa otra cosa: cambiar de tema, dejar un asunto por otro. Su parentesco con las banderillas no es de sentido sino de origen, y las tres juntas dan idea de hasta qué punto la estructura de la corrida ha organizado el vocabulario del español coloquial.
Fuera de la plaza, la vecina más útil es tirar indirectas, que describe el mismo mecanismo oblicuo pero sin la idea de hostigamiento acumulado. Se tiran indirectas para conseguir algo, no necesariamente para molestar. Pinchar a alguien comparte la imagen del objeto punzante y añade el matiz de que se busca una reacción concreta. Y calentar a alguien nombra el resultado que las banderillas persiguen, no el método.
En inglés la equivalencia más ajustada es to needle someone, pinchar con una aguja, que coincide en la imagen y en la idea de repetición fastidiosa. También sirve to take digs at someone. Ninguna de las dos conserva, claro, la parte de espectáculo público que la versión española lleva incorporada.
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Colombia
Picar a alguien con comentarios hirientes repetidos
Se entiende, pero es menos frecuente que en España: lo corriente allí es «echar puyas» o «tirar indirectas»
«Cada vez que puede le pone banderillas al cuñado con lo del carro.»
España
Zaherir con comentarios hirientes
Implica varias veces y con intención de provocar
«Le estuvo poniendo banderillas toda la cena hasta que estalló.»
México
Ir soltando pullas a alguien para picarlo poco a poco
Mismo sentido figurado; conviene el contexto, porque en México banderilla nombra además dos comidas muy conocidas: la salchicha rebozada en un palo y un pan de hojaldre alargado
«Se pasó toda la junta poniéndole banderillas al nuevo, sin decirle nada de frente.»
Perú
Zaherir a alguien con pullas seguidas
Uso ligado al ambiente taurino; en la conversación diaria se prefiere lanzar puyas o tirar indirectas
«En la reunión le estuvo poniendo banderillas al jefe de área toda la mañana.»
Venezuela
Ir soltando pullas e indirectas contra alguien para picarlo y calentarlo poco a poco, sin llegar al enfrentamiento abierto.
Ejemplos de uso
- «Mi cuñado lleva desde agosto clavando banderillas con lo del coche que nos compramos.»
- «En cada comité le pone banderillas al de logística por el descuadre del almacén.»
- «El del quiosco le soltó una banderilla al del bar de enfrente delante de media plaza.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to needle someone
Literalmente: pinchar a alguien con una aguja
Preguntas frecuentes
¿Qué significa poner banderillas a alguien?
Significa ir soltándole pullas e indirectas para picarlo y calentarlo poco a poco, sin llegar al choque abierto. Se hace en varias veces, de forma oblicua y normalmente delante de gente.
¿De dónde viene la expresión poner banderillas?
Del segundo tercio de la lidia, en el que se clavan por pares unos palos con arpón en el morrillo del toro. No sirven para matarlo, sino para avivarlo y corregir su embestida, y el sentido figurado respeta esa función.
¿Para qué sirven las banderillas en la lidia?
No pretenden matar: avivan al animal que se ha quedado parado y corrigen defectos de su embestida antes del último tercio. Se clavan por pares, lo habitual son tres, y las pone un subalterno o el propio matador.
¿Es lo mismo poner banderillas que soltar un puyazo?
No. Un puyazo es un golpe único y profundo: una frase que hiere de verdad. Las banderillas son varias, más superficiales y espaciadas, y buscan encender al otro más que dañarlo.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
Expresiones emparentadas
Soltar un puyazo
Lanzar un comentario hiriente y certero contra alguien, breve y doloroso, en medio de una conversación por lo demás…
Cambiar de tercio
Pasar a otro asunto, dejando el que se estaba tratando porque incomoda, se ha agotado o conviene desviar la…
Salir a hombros
Ser llevado en volandas por el público tras un triunfo, y por extensión terminar algo aclamado y reconocido por todos…
Ponerse el mundo por montera
Desentenderse por completo del qué dirán y hacer lo que a uno le apetece, sin dejar que las convenciones ajenas le…
Hacer un quite
Apartar el peligro que amenaza a otro llevándoselo uno mismo, de modo que el amenazado tenga tiempo de rehacerse y…
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