No hay quinto malo
- Origen histórico: Dos explicaciones se disputan el dicho. La más aceptada sostiene que, cuando el ganadero elegía el orden de lidia y no había sorteo, reservaba para el quinto lugar el toro de mejor nota, para levantar la…
- Variantes frecuentes: El quinto nunca es malo
Se dice para elogiar al quinto de una serie, sea un hijo, un disco o un intento, dando por hecho que será el mejor de todos.
Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.
No hay quinto malo se dice para anunciar que el quinto de una serie —un hijo, un disco, un intento— va a salir el mejor de todos. Viene de la plaza de toros, aunque no hay acuerdo sobre por qué precisamente el quinto. Hoy se emplea casi siempre en broma, y casi nunca en el ruedo.
Qué significa exactamente
La frase es una predicción, no una descripción. Se dice antes: antes de que nazca el quinto nieto, antes de que se estrene la quinta película de la saga, antes de abrir la quinta botella. Quien la pronuncia no ha comprobado nada; está apostando, y apuesta a favor.
Conviene fijarse en la forma negativa, porque ahí está la gracia. El refrán no dice que el quinto sea bueno: dice que no lo hay malo. Es una lítote, esa figura que afirma negando lo contrario, y le da a la frase el aire de ley general que tendría una máxima jurídica. No hay quinto malo suena a norma. Si dijera que el quinto siempre es bueno, sonaría a superstición.
Para que funcione hacen falta dos cosas. La primera, una serie ordenada y numerada: cinco hijos, cinco discos, cinco temporadas, cinco intentos. Sin la cuenta previa el refrán no tiene dónde agarrarse. La segunda, que el quinto esté por llegar o acabe de llegar. Dicho treinta años después pierde toda la fuerza.
El tono es casi siempre festivo. Es una frase de brindis, de sobremesa, de comentario en el grupo de la familia. Puede decirse con convicción y puede decirse con guasa, y en la mayoría de los casos se dice con las dos cosas a la vez, que es la especialidad de los refranes.
Hay una confusión que conviene deshacer. El quinto del refrán no tiene nada que ver con los quintos del servicio militar, aquellos mozos que entraban en el sorteo del reemplazo y que dieron nombre a toda una generación de cada pueblo. La coincidencia de palabra ha llevado a más de uno a relacionar ambas cosas, pero los repertorios sitúan el dicho en la plaza y no en la caja de reclutas.
Frente a otros refranes numéricos ocupa un sitio propio. A la tercera va la vencida promete éxito después de dos fracasos, de modo que presupone el fracaso. No hay dos sin tres anuncia repetición, y casi siempre de algo malo. No hay quinto malo no presupone nada: se limita a poner una expectativa alta en un punto concreto de la cuenta.
De dónde viene
El terreno es la corrida de toros, y en eso coinciden todas las versiones. Lo que no coincide es la razón.
Conviene recordar cómo se ordena una corrida clásica: seis toros y tres matadores, que se reparten dos cada uno por orden de antigüedad. Al primer espada le corresponden el primero y el cuarto; al segundo, el segundo y el quinto; al tercero, el tercero y el sexto. El quinto es, por tanto, el segundo toro del segundo matador, y cae en el tramo final de la tarde, cuando la plaza ya ha visto de todo y empieza a juzgar con dureza.
La explicación más aceptada arranca de ahí. Antes de que se generalizara el sorteo, el orden de lidia no lo decidía el azar sino el ganadero o su mayoral, que conocían a sus toros uno por uno. Colocar en quinto lugar el ejemplar de mejor nota tenía una lógica comercial evidente: si la tarde se estaba viniendo abajo, ese toro la levantaba, y el público se marchaba hablando bien de la ganadería. El quinto era, en ese esquema, la carta guardada.
Hoy ese margen ya no existe. Los toros se sortean por lotes la mañana de la corrida, en presencia de los representantes de los matadores, de modo que ningún ganadero puede reservar nada para el quinto lugar. El refrán sobrevivió a la costumbre que lo hizo posible, que es exactamente lo que suelen hacer los refranes.
La segunda explicación, que recoge Iribarren, va por otro camino: relaciona el dicho con el descanso que se hacía tras el cuarto toro en las corridas de ocho, de modo que el quinto salía con el público repuesto y atento y tenía más papeletas para lucirse. La objeción es aritmética y la han puesto los propios taurinos: la corrida normal es de seis toros, no de ocho, y un descanso tras el cuarto no era la regla sino la excepción.
Ninguna de las dos viene acompañada de un documento. Se transmiten en la literatura taurina y en la conversación de tendido, con la fórmula habitual de que así se cuenta.
Hasta qué punto está probado
Poco, y conviene decirlo sin rodeos: el ambiente está claro, la razón no.
Lo firme es el origen taurino. Nadie discute que la frase salió de la plaza ni que el quinto es el quinto toro de la tarde. También parece firme que la expresión circulaba con su sentido actual bastante antes de que a nadie se le ocurriera explicarla, cosa que suele ocurrir: primero se usa, después se busca el porqué.
De las dos explicaciones, la del orden elegido por el ganadero es la que más convence, y no por autoridad sino porque describe un mecanismo real. Mientras el ganadero eligió el orden, tuvo un motivo práctico para reservar el mejor toro a la altura del quinto. En cuanto se impuso el sorteo, el motivo desapareció y quedó la fórmula. Ese es el ciclo de vida normal de un dicho.
La segunda tiene un problema difícil de salvar. Si el estándar son seis toros, apoyar el refrán en un descanso propio de las corridas de ocho obliga a explicar por qué una excepción generó una regla. No es imposible, pero exige más de lo que ofrece.
Y queda una tercera cuestión, que rara vez se plantea: nada indica que el quinto salga mejor que los demás. Desde que existe el sorteo no hay motivo para que ocurra, y probablemente tampoco lo hubo antes con la regularidad que el refrán sugiere. Lo que tenemos es un deseo con forma de ley. Se dice para que se cumpla, no porque se cumpla.
Cómo se usa hoy
Fuera de la plaza, sobre todo. El refrán se oye mucho más en una comida familiar que en un tendido, donde suena a tópico de quien ha ido dos veces a los toros.
Los contextos habituales son tres. El nacimiento de un quinto hijo o de un quinto nieto, que es el uso clásico y el más cariñoso. El estreno de una quinta entrega de cualquier cosa: disco, novela, película, temporada. Y el quinto intento de algo que ya se ha intentado cuatro veces, desde un examen hasta una mudanza.
La crónica deportiva lo ha adoptado con entusiasmo. Un quinto título, un quinto Balón de Oro, una quinta final: el titular se escribe solo.
La fórmula es fija y no admite retoques serios. No existe un no hay cuarto malo ni un no hay séptimo malo salvo como broma consciente, y como broma funciona bien precisamente porque todo el mundo reconoce el molde. También se usa al revés, cuando el quinto ha salido rana: pues resulta que sí hay quinto malo.
El registro es coloquial y el tono, amable. No sirve para criticar ni para amenazar; es una frase de buen augurio y por eso encaja tan bien en las felicitaciones.
En América se conoce sobre todo donde hay tradición taurina: México, Colombia, Perú y Venezuela, países con plaza propia y crónica propia. En Argentina, Chile o Uruguay se entiende por contexto, pero no forma parte del repertorio de todos los días. La vía de entrada, allí donde ha llegado sin toros de por medio, suele ser la prensa deportiva.
Se escribe sin comas, sin comillas y con el ordinal en letra. Y no lleva artículo: no hay quinto malo, nunca no hay un quinto malo.
Expresiones parecidas
El castellano tiene una familia entera de refranes que ponen su fe en un número. A la tercera va la vencida es el más popular y el más distinto: consuela después de dos fracasos y promete que el siguiente sale. No hay dos sin tres juega con la misma aritmética pero en clave fatalista, y casi siempre se dice de las desgracias. Entre los tres se reparten el terreno: uno anima, otro resigna, y este felicita.
Dentro del vocabulario del toro los parientes son varios y todos comparten ese tono sentencioso. Hasta el rabo, todo es toro es el contrapeso escéptico del refranero taurino: avisa de que nada está hecho hasta el final, justo lo contrario de la confianza que reparte no hay quinto malo. Ciertos son los toros confirma lo que se temía. Salir manso describe al toro que no acude al engaño y, por extensión, a quien se echa atrás.
Para la expectativa alta sin numeral están venir pisando fuerte y apuntar maneras, que se aplican a alguien que empieza y promete. La diferencia es que esas dos se dicen después de ver algo; no hay quinto malo se dice antes de ver nada.
En inglés no hay equivalente del quinto. Lo más cercano es fifth time is the charm, una variación ocasional del habitual third time is the charm, y pertenece por tanto a la familia de a la tercera va la vencida. La superstición anglosajona reparte la suerte en el tercer intento; la española, en el quinto de la tanda. Es una diferencia pequeña y dice bastante: una cuenta intentos, la otra cuenta toros.
⏳ Cronología y Registro Histórico
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Colombia
Se dice para elogiar al quinto de una serie, sea un hijo, un disco o un intento, dando por hecho que será el mejor de todos.
España
El quinto de una serie sale bueno
Casi siempre en tono jocoso o cariñoso
«Va a nacer el quinto nieto, y ya se sabe: no hay quinto malo.»
México
El quinto de una serie sale bueno
Mismo refrán y mismo tono jocoso; se oye sobre todo entre aficionados a los toros y en las felicitaciones por un quinto hijo o un quinto intento
«Ya viene el quinto nieto: no hay quinto malo, dice mi abuela.»
Perú
Se dice para elogiar al quinto de una serie, sea un hijo, un disco o un intento, dando por hecho que será el mejor de todos.
Venezuela
Se dice para elogiar al quinto de una serie, sea un hijo, un disco o un intento, dando por hecho que será el mejor de todos.
Ejemplos de uso
- «Este es el quinto piso que vemos con mis padres y es el bueno, que no hay quinto malo.»
- «Me queda el quinto examen y voy con toda la confianza del mundo, que no hay quinto malo.»
- «El grupo estrena su quinto disco el viernes y en la tienda de la esquina ya avisan: no hay quinto malo.»
Preguntas frecuentes
¿Qué significa no hay quinto malo?
Que el quinto de una serie —un hijo, un disco, un intento— va a salir el mejor de todos. Es una predicción optimista y casi siempre festiva, no una constatación: se dice antes de comprobar nada.
¿De dónde viene no hay quinto malo?
De la plaza de toros, pero con dos explicaciones enfrentadas: que el ganadero reservaba el mejor toro para el quinto lugar cuando él elegía el orden, o que el quinto salía tras el descanso. Ninguna está documentada.
¿El quinto del refrán es el mozo del servicio militar?
No. Los repertorios lo dan por taurino: el quinto es el quinto toro de la corrida, no el mozo sorteado para el reemplazo, pese a que ambas palabras coincidan.
¿Se usa no hay quinto malo en México?
Sí, en México y en el resto de países de tradición taurina, como Colombia, Perú o Venezuela. En Argentina, Chile o Uruguay se entiende por contexto, pero no es de uso corriente.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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Resultar alguien o algo mucho menos bravo de lo que prometía, huyendo del compromiso justo cuando había que responder.
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Dar la alternativa
Reconocer a alguien como igual y admitirlo en el oficio de los mayores, cediéndole el sitio y las herramientas para…