Los tres avisos
- Origen y documentación: El artículo 80 fija los avisos a los diez, tres y dos minutos sucesivos. Tras el tercero se retiran espada y cuadrilla, y la res se devuelve a los corrales o se resuelve conforme al procedimiento…
- Variantes recogidas: Llegar al tercer aviso · Escuchar los tres avisos
- En otros idiomas: «three strikes and you're out» (EN)
En una corrida, alcanzar el tercer y último aviso sin haber dado muerte a la res.
Llegar a los tres avisos es agotar el límite de la paciencia ajena: después ya no hay prórroga y uno pierde el derecho a seguir intentándolo. La expresión viene de la plaza de toros, donde los reglamentos fijan tres toques de clarín durante la suerte de matar, con los minutos tasados entre uno y otro. Tras el tercero, la faena se acaba, la haya rematado el torero o no.
Qué significa exactamente
La clave de la locución está en que el plazo es escalonado y anunciado. No se trata de una amenaza vaga: hay un primer aviso, hay un segundo y hay un tercero, y quien los recibe sabe exactamente cuántos le quedan. Esa contabilidad es lo que la distingue de cualquier otra manera de decir que se acaba el tiempo.
De ahí que el uso figurado más frecuente no sea el de la expresión completa, sino el del recuento: vas por el segundo aviso, este es el primer aviso, ya te has llevado dos. Lo que se traslada del ruedo a la oficina es el mecanismo, no la imagen. Quien lo dice está avisando de que existe un procedimiento y de que ese procedimiento tiene final.
El segundo matiz es la naturaleza del final. Al tercer aviso no hay castigo, hay retirada: se acaba la oportunidad. Es una diferencia importante frente a expresiones que anuncian una sanción. Aquí lo que se pierde es la posibilidad de seguir, y con ella el resultado de todo el trabajo hecho hasta ese momento, que es precisamente lo que hace tan amarga la situación en la plaza y tan expresiva la metáfora fuera de ella.
El tercer matiz es público. Los avisos suenan delante de todo el mundo, y esa exposición forma parte del castigo. Trasladada al lenguaje corriente, la expresión conserva ese componente: los tres avisos no son una advertencia discreta en un despacho, son un plazo del que están al tanto los demás.
No conviene confundirla con a la tercera va la vencida, aunque las dos giren sobre el número tres. Esta última es optimista: dice que el tercer intento suele ser el bueno. Los tres avisos van en dirección contraria, porque el tercero es el que cierra la puerta. Que dos expresiones tan próximas en la forma signifiquen cosas opuestas es un buen recordatorio de que el número no aporta el sentido; lo aporta el procedimiento del que viene cada una.
De dónde viene
Los tres avisos de la lidia están definidos por el artículo 80 del Reglamento estatal. El primero suena diez minutos después de ordenarse el comienzo del último tercio; el segundo, tres minutos después; y el tercero, dos minutos más tarde.
Tras el tercer aviso, el espada y su cuadrilla deben retirarse a la barrera. La res se devuelve a los corrales o se le da muerte en el ruedo mediante el procedimiento previsto cuando la devolución no es posible. Reducir la consecuencia a una sola salida omite parte de la norma.
El sistema técnico está, por tanto, perfectamente documentado. Otra cuestión es la expresión figurada los tres avisos: puede aludir a una última oportunidad o a una acumulación de advertencias, pero el Reglamento no fecha cuándo comenzó ese empleo general.
Los plazos citados corresponden al Reglamento estatal consolidado y a los espectáculos regidos por él. Las comunidades autónomas pueden disponer de normativa propia, de modo que un análisis riguroso identifica el ámbito jurídico antes de tratar esos minutos como regla idéntica en todas las plazas.
También es distinto recibir un aviso de escuchar los tres avisos. Lo primero puede ocurrir sin que la faena termine mal; lo segundo marca el agotamiento del tiempo reglamentario. La lengua figurada suele borrar esa gradación, pero la descripción técnica no debe hacerlo.
Cómo se usa hoy
El tono es coloquial y el terreno donde más aparece es el de los plazos con consecuencias. Se usa en el ámbito laboral para las advertencias previas a una sanción, en el escolar para los apercibimientos, en el administrativo para los requerimientos que preceden a una exclusión y en el deportivo para todo lo que se acumula hasta provocar una expulsión.
Se emplea en España y en los países de tradición taurina —México, Colombia, Perú, Venezuela—, que son también donde el reglamento existe y donde la escena resulta reconocible. Fuera de ese ámbito la expresión se entiende, pero se usa menos, y a veces se sustituye por la fórmula de origen beisbolero que el inglés ha exportado, la de los tres golpes fallidos.
Hay dos maneras habituales de emplearla. Una, completa y explicativa: aquí funcionan los tres avisos. Otra, y más frecuente, con el recuento suelto: este es el segundo aviso. En la segunda, el hablante da por sabido el sistema y solo señala en qué punto está el interlocutor. Es una forma eficaz de advertir sin amenazar, porque el que avisa no está imponiendo nada, solo recordando un procedimiento.
Una precisión de vocabulario. En el mundo taurino, llevarse un aviso es la forma normal de decir que a un torero le ha sonado uno, y esa construcción se ha trasladado tal cual al lenguaje figurado. También circula escuchar los tres avisos, con el matiz de haber llegado al final del recorrido. Y en singular, el tercer aviso funciona por su cuenta como sinónimo de última oportunidad agotada.
Expresiones parecidas
El campo taurino aporta varias vecinas que reparten los momentos del fracaso. Sonar los clarines nombra el aviso mismo. Mandar al corral es el desenlace, y en sentido figurado se dice de lo que se retira por inservible. Ver los toros desde la barrera pertenece a otra familia, la de la comodidad del que no se juega nada. Estar al borde del disparadero describe la situación límite sin el mecanismo del recuento.
Fuera del ruedo, las más próximas son agotar la paciencia, hasta aquí hemos llegado y la última oportunidad, todas ellas sin el escalonado. Estar en la cuerda floja describe la posición precaria de quien puede caer en cualquier momento, pero sin plazos anunciados. Y tener los días contados añade la certeza del final, que los tres avisos todavía no dan: al primer aviso aún se puede salvar la tarde.
Dentro del lenguaje administrativo hay un paralelo interesante que no procede del toreo pero funciona igual: el requerimiento previo, la advertencia formal y el expediente. Es el mismo diseño escalonado, con la diferencia de que ahí los avisos se notifican por escrito y no suenan. Quien traslada los tres avisos a ese terreno está poniéndole nombre popular a un procedimiento que el lenguaje jurídico describe con mucha menos gracia, y esa es probablemente la razón de que la expresión haya arraigado tan bien en el ámbito laboral.
La expresión inglesa three strikes and you’re out, procedente del béisbol, cumple una función muy parecida y hasta comparte el número, pero conviene no tratarlas como equivalentes históricos: nacen de dos deportes distintos y de dos reglamentos distintos, y coinciden porque tres es, en muchas culturas, el número mínimo de repeticiones que basta para establecer un patrón. La coincidencia es de estructura, no de origen. Conviene decirlo porque a veces se presenta una como traducción de la otra, y no lo es: cada una nació en su plaza y en su campo, con reglamentos que no se conocían entre sí.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
España
Última oportunidad antes de la retirada forzosa
Se usa para plazos administrativos y sanciones
«Vas por el segundo aviso; al tercero te quedas fuera del concurso.»
Ejemplos de uso
- «En esta casa funcionan los tres avisos: te llamo, te vuelvo a llamar y a la tercera subo yo a por ti.»
- «Con tanto retraso ya has escuchado los tres avisos; la próxima el encargado no llama, firma.»
- «La comunidad llegó al tercer aviso con el moroso del cuarto y acabó llevándolo al juzgado.»
Así suena en una conversación
Después de otro retraso
—Y van tres.
—Los tres avisos: se acabó.
En clase
—Le ha llamado la atención otra vez.
—Van dos de los tres avisos.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
three strikes and you're out
Literalmente: tres golpes fallidos y quedas fuera
Preguntas frecuentes
¿Qué significan «los tres avisos»?
El límite último de la paciencia ajena: tras el tercero no hay prórroga y uno pierde el derecho a seguir intentándolo. Lo característico es que el plazo es escalonado y anunciado, de modo que quien lo recibe sabe cuántas oportunidades le quedan.
¿De dónde vienen «los tres avisos»?
El artículo 80 fija los avisos a los diez, tres y dos minutos sucesivos. Tras el tercero se retiran espada y cuadrilla, y la res se devuelve a los corrales o se resuelve conforme al procedimiento reglamentario. La escala taurina está documentada; el primer uso figurado no.
¿Qué pasa tras el tercer aviso en una corrida?
El toro se devuelve a los corrales y el matador queda desautorizado ante el público. La faena se pierde entera: no hay trofeos ni manera de recuperar la tarde, y todo ocurre a la vista de la plaza.
¿Es lo mismo que «a la tercera va la vencida»?
No, significan lo contrario. A la tercera va la vencida es optimista: el tercer intento suele ser el bueno. En los tres avisos, el tercero es el que cierra la puerta y acaba con la oportunidad.
Fuentes y referencias
- Reglamento de espectáculos taurinos
- Cossío, José María de, Los toros. Tratado técnico e histórico
- Reglamento de espectáculos taurinos, (Real Decreto 145/1996)
- Reglamento de espectáculos taurinos, art. 80:
Qué sostiene esta ficha
- Certeza declarada: se citan fuentes documentales; su alcance se explica en el análisis y las referencias.
- Fuentes citadas: 4 obras.
- Testimonio escrito citado: no se aporta una referencia específica en este campo.
- Estado editorial: cotejado contra fuentes primarias y corpus histórico.
Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.
Expresiones emparentadas
Llevarse un aviso
Recibir una advertencia; en tauromaquia, la que hace la presidencia al espada por prolongar el tercio de matar…
Ser el primer espada
El torero principal; por extensión, una persona sobresaliente en una disciplina, arte o destreza.
Salir manso
Mostrarse manso o falto de bravura.
Sufrir una cogida
En tauromaquia, sufrir el acto de ser cogido por el toro.
Dar un achuchón
Dar a alguien un apretón fuerte: unas veces es el susto o el empujón que lo zarandea sin llegar a tumbarlo, y otras…
Tener sangre torera
Tener valor, arrojo o disposición propia de un torero.