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Los tres avisos

Respuesta rápida
«Los tres avisos» significa El límite último de la paciencia ajena, tras el cual ya no hay prórroga posible y uno pierde el derecho a seguir intentándolo.
  • Origen histórico: Los reglamentos taurinos fijan tres avisos de clarín durante la suerte de matar, con minutos tasados entre uno y otro. Tras el tercero el toro se devuelve a los corrales y el matador queda desautorizado ante…
  • Variantes frecuentes: Llegar al tercer aviso · Escuchar los tres avisos
  • En otros idiomas: «three strikes and you're out» (EN)

El límite último de la paciencia ajena, tras el cual ya no hay prórroga posible y uno pierde el derecho a seguir intentándolo.

Llegar a los tres avisos es agotar el límite de la paciencia ajena: después ya no hay prórroga y uno pierde el derecho a seguir intentándolo. La expresión viene de la plaza de toros, donde los reglamentos fijan tres toques de clarín durante la suerte de matar, con los minutos tasados entre uno y otro. Tras el tercero, la faena se acaba, la haya rematado el torero o no.

Qué significa exactamente

La clave de la locución está en que el plazo es escalonado y anunciado. No se trata de una amenaza vaga: hay un primer aviso, hay un segundo y hay un tercero, y quien los recibe sabe exactamente cuántos le quedan. Esa contabilidad es lo que la distingue de cualquier otra manera de decir que se acaba el tiempo.

De ahí que el uso figurado más frecuente no sea el de la expresión completa, sino el del recuento: vas por el segundo aviso, este es el primer aviso, ya te has llevado dos. Lo que se traslada del ruedo a la oficina es el mecanismo, no la imagen. Quien lo dice está avisando de que existe un procedimiento y de que ese procedimiento tiene final.

El segundo matiz es la naturaleza del final. Al tercer aviso no hay castigo, hay retirada: se acaba la oportunidad. Es una diferencia importante frente a expresiones que anuncian una sanción. Aquí lo que se pierde es la posibilidad de seguir, y con ella el resultado de todo el trabajo hecho hasta ese momento, que es precisamente lo que hace tan amarga la situación en la plaza y tan expresiva la metáfora fuera de ella.

El tercer matiz es público. Los avisos suenan delante de todo el mundo, y esa exposición forma parte del castigo. Trasladada al lenguaje corriente, la expresión conserva ese componente: los tres avisos no son una advertencia discreta en un despacho, son un plazo del que están al tanto los demás.

No conviene confundirla con a la tercera va la vencida, aunque las dos giren sobre el número tres. Esta última es optimista: dice que el tercer intento suele ser el bueno. Los tres avisos van en dirección contraria, porque el tercero es el que cierra la puerta. Que dos expresiones tan próximas en la forma signifiquen cosas opuestas es un buen recordatorio de que el número no aporta el sentido; lo aporta el procedimiento del que viene cada una.

De dónde viene

El origen es un reglamento, y eso es poco habitual en fraseología: aquí no hay leyenda ni conjetura, hay un texto normativo. Los reglamentos de espectáculos taurinos regulan la duración de la faena de muleta y establecen que, si el matador se alarga en exceso, el presidente ordene un primer aviso, que se da con un toque de clarín. Si transcurre un nuevo plazo sin que el toro haya sido despachado, suena el segundo. Y pasado otro, el tercero.

Los tiempos están escritos y son cortos. En los reglamentos españoles vigentes, el primer aviso llega en torno a los diez minutos desde el inicio de la faena de muleta, y los dos siguientes se suceden a intervalos de pocos minutos. Las cifras han variado con los años y difieren entre unas normativas y otras, incluidas las autonómicas y las de los distintos países taurinos, pero la estructura de tres toques a plazo tasado es común.

Lo que ocurre tras el tercer aviso es la parte que explica la fuerza de la expresión. El toro se devuelve a los corrales, con los cabestros o, si no es posible, de otro modo previsto en la norma, y el matador queda desautorizado ante el público. La faena se ha perdido: no hay trofeos, no hay premio y no hay manera de recuperar la tarde. La escena, con el torero de pie en el ruedo mientras se llevan al animal, es una de las más humillantes que ofrece el espectáculo, y quienes la han visto entienden sin explicación por qué la fórmula pasó al lenguaje común.

Ese paso al uso figurado se ve favorecido por un rasgo que no todas las expresiones taurinas tienen: los tres avisos no requieren conocer la tauromaquia para entenderse. Basta con captar que son tres oportunidades sonoras y contadas. Otras locuciones del mismo campo —entrar al trapo, ver los toros desde la barrera— exigen más contexto; esta se explica sola.

Hay un matiz del reglamento que conviene conocer porque afina el sentido figurado. Los avisos no castigan la mala faena, castigan la faena que se alarga. Un torero puede estar haciendo un trabajo desastroso y no oír ningún clarín si mata pronto; y puede estar cuajando algo notable y llevarse el primer aviso por haber pinchado varias veces. Lo que el reloj mide no es la calidad, es el tiempo. Esa distinción se conserva perfectamente en el uso corriente: los tres avisos se dan a quien no termina, no a quien termina mal.

Cómo se usa hoy

El registro es coloquial y el terreno donde más aparece es el de los plazos con consecuencias. Se usa en el ámbito laboral para las advertencias previas a una sanción, en el escolar para los apercibimientos, en el administrativo para los requerimientos que preceden a una exclusión y en el deportivo para todo lo que se acumula hasta provocar una expulsión.

Se emplea en España y en los países de tradición taurina —México, Colombia, Perú, Venezuela—, que son también donde el reglamento existe y donde la escena resulta reconocible. Fuera de ese ámbito la expresión se entiende, pero se usa menos, y a veces se sustituye por la fórmula de origen beisbolero que el inglés ha exportado, la de los tres golpes fallidos.

Hay dos maneras habituales de emplearla. Una, completa y explicativa: aquí funcionan los tres avisos. Otra, y más frecuente, con el recuento suelto: este es el segundo aviso. En la segunda, el hablante da por sabido el sistema y solo señala en qué punto está el interlocutor. Es una forma eficaz de advertir sin amenazar, porque el que avisa no está imponiendo nada, solo recordando un procedimiento.

Una precisión de vocabulario. En el mundo taurino, llevarse un aviso es la forma normal de decir que a un torero le ha sonado uno, y esa construcción se ha trasladado tal cual al lenguaje figurado. También circula escuchar los tres avisos, con el matiz de haber llegado al final del recorrido. Y en singular, el tercer aviso funciona por su cuenta como sinónimo de última oportunidad agotada.

Expresiones parecidas

El campo taurino aporta varias vecinas que reparten los momentos del fracaso. Sonar los clarines nombra el aviso mismo. Mandar al corral es el desenlace, y en sentido figurado se dice de lo que se retira por inservible. Ver los toros desde la barrera pertenece a otra familia, la de la comodidad del que no se juega nada. Estar al borde del disparadero describe la situación límite sin el mecanismo del recuento.

Fuera del ruedo, las más próximas son agotar la paciencia, hasta aquí hemos llegado y la última oportunidad, todas ellas sin el escalonado. Estar en la cuerda floja describe la posición precaria de quien puede caer en cualquier momento, pero sin plazos anunciados. Y tener los días contados añade la certeza del final, que los tres avisos todavía no dan: al primer aviso aún se puede salvar la tarde.

Dentro del lenguaje administrativo hay un paralelo interesante que no procede del toreo pero funciona igual: el requerimiento previo, la advertencia formal y el expediente. Es el mismo diseño escalonado, con la diferencia de que ahí los avisos se notifican por escrito y no suenan. Quien traslada los tres avisos a ese terreno está poniéndole nombre popular a un procedimiento que el lenguaje jurídico describe con mucha menos gracia, y esa es probablemente la razón de que la expresión haya arraigado tan bien en el ámbito laboral.

La expresión inglesa three strikes and you’re out, procedente del béisbol, cumple una función muy parecida y hasta comparte el número, pero conviene no tratarlas como equivalentes históricos: nacen de dos deportes distintos y de dos reglamentos distintos, y coinciden porque tres es, en muchas culturas, el número mínimo de repeticiones que basta para establecer un patrón. La coincidencia es de estructura, no de origen. Conviene decirlo porque a veces se presenta una como traducción de la otra, y no lo es: cada una nació en su plaza y en su campo, con reglamentos que no se conocían entre sí.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

Colombia

El límite último de la paciencia ajena, tras el cual ya no hay prórroga posible y uno pierde el derecho a seguir intentándolo.

España

Última oportunidad antes de la retirada forzosa

Se usa para plazos administrativos y sanciones

«Vas por el segundo aviso; al tercero te quedas fuera del concurso.»

México

El límite último de la paciencia ajena, tras el cual ya no hay prórroga posible y uno pierde el derecho a seguir intentándolo.

Perú

El límite último de la paciencia ajena, tras el cual ya no hay prórroga posible y uno pierde el derecho a seguir intentándolo.

Venezuela

El límite último de la paciencia ajena, tras el cual ya no hay prórroga posible y uno pierde el derecho a seguir intentándolo.

Ejemplos de uso

  • «En esta casa funcionan los tres avisos: te llamo, te vuelvo a llamar y a la tercera subo yo a por ti.»
  • «Con tanto retraso ya has escuchado los tres avisos; la próxima el encargado no llama, firma.»
  • «La comunidad llegó al tercer aviso con el moroso del cuarto y acabó llevándolo al juzgado.»

Cómo se dice en otros idiomas

EN

three strikes and you're out

Literalmente: tres golpes fallidos y quedas fuera

Preguntas frecuentes

¿Qué significan «los tres avisos»?

El límite último de la paciencia ajena: tras el tercero no hay prórroga y uno pierde el derecho a seguir intentándolo. Lo característico es que el plazo es escalonado y anunciado, de modo que quien lo recibe sabe cuántas oportunidades le quedan.

¿De dónde vienen «los tres avisos»?

De la plaza de toros. Los reglamentos taurinos fijan tres toques de clarín durante la suerte de matar, con los minutos tasados entre uno y otro, ordenados por el presidente cuando la faena se alarga en exceso.

¿Qué pasa tras el tercer aviso en una corrida?

El toro se devuelve a los corrales y el matador queda desautorizado ante el público. La faena se pierde entera: no hay trofeos ni manera de recuperar la tarde, y todo ocurre a la vista de la plaza.

¿Es lo mismo que «a la tercera va la vencida»?

No, significan lo contrario. A la tercera va la vencida es optimista: el tercer intento suele ser el bueno. En los tres avisos, el tercero es el que cierra la puerta y acaba con la oportunidad.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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