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Lo que natura no da, Salamanca no presta

Respuesta rápida
«Lo que natura no da, Salamanca no presta» significa Ninguna formación, por buena que sea, suple el talento que no se tiene de nacimiento. Se dice de quien estudia mucho y aun así no da la talla.
  • Origen y documentación: Salamanca vale aquí por su universidad, el centro de estudios de referencia de la Monarquía en los siglos XVI y XVII: la frase la usa como medida del saber, de modo que si ni ahí se arregla, no hay arreglo…
  • Variantes recogidas: Lo que natura no da, Salamanca no lo presta · Lo que naturaleza no da, Salamanca no presta
  • En otros idiomas: «you can't make a silk purse out of a sow's ear» (EN)

Ninguna formación, por buena que sea, suple el talento que no se tiene de nacimiento. Se dice de quien estudia mucho y aun así no da la talla.

Ninguna formación, por buena que sea, suple el talento que no se trae de nacimiento: eso sentencia el refrán, y lo dice sin ningún consuelo. Se aplica a quien acumula títulos y estudios y aun así no da la talla, de modo que es un veredicto sobre una persona y no sobre una situación.

Qué significa exactamente

La frase enfrenta dos cosas: lo que se nace teniendo y lo que se puede aprender. Natura es el caudal con el que uno viene al mundo, el ingenio, la aptitud, la cabeza; Salamanca es todo lo que la enseñanza puede añadir. Y el verbo elegido, prestar, es exacto: la universidad presta, es decir, entrega algo que después hay que sostener con lo propio. Si no hay fondo que lo sostenga, el préstamo no sirve de nada.

No dice que estudiar sea inútil. Dice que el estudio no fabrica la base, y que sobre una base que no existe no se levanta nada. Esa distinción se pierde cuando el refrán se cita como desprecio hacia la formación, que es una lectura errónea bastante extendida: la sentencia no ataca a la universidad, la pone de testigo. Precisamente porque Salamanca era lo máximo, el argumento resulta demoledor.

Es de los refranes que hacen daño. No comenta una acción concreta, como tantos otros, sino que dictamina sobre la capacidad de alguien, y encima lo hace sin apelación posible: contra la falta de estudios cabe estudiar, pero contra lo que natura no dio no hay remedio ninguno. Dicho delante del interesado es una humillación, y dicho a su espalda es una condena en firme.

Circula con dos formas del primer término. Natura es la que más se oye, una palabra latina que el refrán ha conservado como una pieza de museo; naturaleza es la otra, más fácil de entender y menos frecuente. Cuál de las dos vino antes no lo sabemos: Iribarren, sin ir más lejos, escribe el refrán con la naturaleza. También alterna no presta con no lo presta, sin diferencia de sentido.

Pertenece a una familia pequeña y reconocible: la de los refranes que llevan dentro un nombre propio de lugar. No se ganó Zamora en una hora mide la paciencia con el recuerdo de un asedio; por todas partes se va a Roma convierte una capital en meta universal; y aquí Salamanca vale por el saber. En los tres casos el topónimo funciona como abreviatura de una idea que todo el mundo compartía, y en los tres el refrán sobrevive a la circunstancia que lo hizo comprensible. Son sentencias con fecha de fabricación incorporada, porque para entenderlas hay que saber qué representaba aquel lugar en el momento en que se acuñaron.

De dónde viene

Salamanca está aquí por su universidad, y hay que medir bien lo que eso significaba. En los siglos XVI y XVII fue el centro de estudios de referencia de toda la Monarquía, la casa de las facultades de teología y de leyes que abastecían de juristas, catedráticos y eclesiásticos a la administración y a la Iglesia. Haber estudiado allí era una credencial que abría carreras. La ciudad funcionaba como sinónimo del saber institucional, igual que hoy funcionan los nombres de dos o tres universidades extranjeras.

La sentencia aprovecha ese prestigio para construir su argumento por el extremo. No dice que un maestro cualquiera no pueda suplir la falta de talento, dice que no puede la mejor universidad del reino. Es una figura de máximos: si ni Salamanca lo consigue, no lo consigue nadie. Iribarren, que es donde lo hemos encontrado, lo explica igual: «Indica que por grande que sea la fama de un centro de estudios, si el que acude a él carece de dotes para estudiar, no obtendrá provecho alguno.» El refrán se apoya en el prestigio para negar su alcance, y esa maniobra es lo que le da fuerza.

Se suele decir que la palabra natura delata un ambiente letrado y que la frase se acuñó cerca de las aulas, entre los propios estudiantes. Es una suposición bonita y la palabra no la sostiene: natura aparece también en refranes de lo más corriente, de reyes y de gatos, en esos mismos libros viejos. Hernán Núñez, en 1555, trae «Rey por natura, y papa por ventura», y el vocabulario de Correas, «Natura revertura, el gato á la asadura, ó el gato á la ceniza». Así que las palabras del refrán no lo colocan en ningún sitio concreto.

Conviene además situarla en el debate de su tiempo, porque el refrán no dice ninguna excentricidad para la época. Aquella cultura pensaba efectivamente que las aptitudes venían repartidas de nacimiento, y el libro que se cita a propósito de esto, aunque nosotros no lo hemos tenido delante, es el Examen de ingenios para las ciencias, de Juan Huarte de San Juan, del que suele decirse que defendía que cada cual nace apto para unas materias y no para otras, y que empeñarse en las equivocadas es tiempo perdido. El refrán resume esa idea en cinco palabras y con muchísima menos delicadeza.

De cuándo arranca no tenemos prueba firme. Lo más antiguo que tenemos es Iribarren, que encabeza la entrada con un proverbio latino, Quod natura non dat, Salmantica non prestat, y pone el refrán castellano como su traducción. De la frase escribe: «Es frase antigua, y todavía usual, alusiva a la inteligencia del estudiante y a la universidad salmantina.» Que el latín venga antes lo dice él, y nosotros no lo hemos comprobado.

Hasta qué punto está probado

Más atrás no hemos llegado: no aparece en el refranero de Hernán Núñez de 1555, ni en la edición del vocabulario de Correas que hemos podido consultar, ni en la colección que Francisco Rodríguez Marín publicó en 1926, y eso no quiere decir que no esté en ellos, sino que nosotros no lo hemos visto.

Lo que vino después, en la ciudad, es lo que convierte al refrán en una pieza de museo en uso. La hegemonía de Salamanca se fue apagando con los siglos, otras instituciones ocuparon el primer plano y la ciudad dejó de ser la medida automática del saber para varias generaciones de hablantes. La sentencia, en cambio, no se movió. Sigue diciendo Salamanca porque las fórmulas fijas no se actualizan: cuando alguien cambia el nombre, es en broma, no para poner al día la lista. El resultado es que mucha gente repite sin darse cuenta un orden de prestigio que ya pasó, y que la ciudad conserva, gracias en parte a este refrán, una fama de excelencia que viene de cuando la Monarquía se gobernaba con juristas salidos de sus aulas.

Lo que se cuenta por ahí (y por qué no cuadra)

Se repite que el refrán está escrito a la entrada de la Universidad de Salamanca, en un letrero o en una lápida que cualquiera puede ver al pasar. La historia ha llegado a imprimirse como un hecho: la cuenta así un libro peruano de 1986 de los que recoge el corpus histórico de la Academia. No hemos encontrado nada que la sostenga. La entrada de Iribarren, que es donde el refrán viene explicado, no menciona ninguna inscripción, y en los refraneros viejos que hemos podido consultar el refrán no sale, ni con letrero ni sin él.

Cómo se usa hoy

Se emplea ante el caso concreto que describe: alguien con formación abundante y resultados pobres. Tres másteres y ninguna idea; años de conservatorio y ningún oído; un doctorado y una incapacidad manifiesta para resolver un problema práctico. También se oye en el ámbito deportivo, aplicado al jugador que entrena mucho y no acaba de tener clase.

El registro es neutro y suena culto, en buena parte por el latinismo. Eso lo convierte en un arma de conversación bastante fina: permite decir que alguien es corto sin decirlo, envuelto en refranero y con aire de sabiduría antigua. Precisamente por eso conviene medirlo. En un entorno profesional, dicho sobre un compañero, es de las frases que se recuerdan.

Hoy además choca de frente con una manera de entender el aprendizaje bastante distinta de la del Siglo de Oro. La sentencia da por supuesto que la capacidad es un caudal fijo, repartido al nacer y no ampliable, y ese supuesto encajaba en una sociedad que también consideraba fijo el lugar social de cada cual. Quien la cita hoy está manejando, aunque no lo pretenda, una idea de la inteligencia que la mayor parte de la pedagogía contemporánea no comparte. No hace falta escandalizarse: hace falta saber qué se está diciendo.

Fuera de España también se usa: en el corpus histórico de la Academia, los ejemplos que salen de «natura no da» son americanos, de Perú, de Argentina, de México y de Honduras, y en el de Honduras alguien le cambia el nombre a la ciudad y dice que lo que natura no da, Colombia no lo presta, que es una broma que solo funciona donde el refrán se conoce bien. Lo que sí queda a medio camino es la carga histórica, porque el resorte de la frase pide saber lo que Salamanca fue. Es de los refranes que viajan con nota a pie de página.

Conviene añadir la objeción que la sentencia nunca responde, porque es la que la desarma. No hay manera de comprobarla. Si alguien estudia y no destaca, se dice que natura no le dio; si estudia y destaca, se dice que ya lo traía. El resultado confirma la regla en los dos sentidos, de modo que la afirmación no se puede poner a prueba y funciona más como sentencia que como diagnóstico. Es un refrán excelente para cerrar una discusión y bastante malo para entender por qué alguien no rinde.

Expresiones parecidas

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda es la vecina más próxima y la diferencia está en el medio. Allí lo que fracasa es el disfraz, el adorno exterior que no cambia el fondo; aquí lo que fracasa es la instrucción, que es un medio bastante más serio. Y la mona resulta más hiriente, porque animaliza a la persona, mientras que este refrán al menos la trata de estudiante.

Pedir peras al olmo traslada el asunto a quien espera, no a quien no puede: censura la expectativa equivocada más que la carencia. Es más piadosa con el olmo, que no tiene culpa de no dar peras. De donde no hay, no se puede sacar dice lo mismo en el registro más llano posible y sirve igual para el talento que para el dinero. Y hay otro refrán viejo que dice casi lo mismo, con un viaje en lugar de una carrera: el que asno fue a Roma, asno se torna. Iribarren lo pone al lado del nuestro como refrán de igual sentido, y Sbarbi, que lo recogió en su diccionario de 1922, lo explicaba así: «Denota que el que por naturaleza es torpe y rudo, pierde el tiempo estudiando fuera o dentro de su patria, pues rudo y torpe permanecerá.»

Cada uno es como Dios lo hizo comparte el fondo innatista, pero con resignación amable en lugar de sarcasmo: acepta la diferencia en vez de utilizarla para descalificar. Puestas una junto a otra se ve bien el tono de cada una, porque las dos afirman lo mismo y solo una de ellas pretende hacer daño.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

España

El estudio no fabrica capacidad donde no la hay

Puede sonar duro; conviene medir a quién se le dice

«Lleva tres másteres y sigue igual: lo que natura no da, Salamanca no presta.»

Ejemplos de uso

  • «Mi hermana lleva años pagándole clases de canto al chaval y sigue desafinando: lo que natura no da, Salamanca no presta.»
  • «Le costeamos el curso de oratoria más caro del sector y volvió a bloquearse en la presentación; lo que naturaleza no da, Salamanca no presta.»
  • «El delantero ha cambiado tres veces de entrenador y sigue sin ver puerta, que lo que natura no da, Salamanca no lo presta.»

Así suena en una conversación

Cómo se dice en otros idiomas

EN

you can't make a silk purse out of a sow's ear

Literalmente: no se hace un bolso de seda con una oreja de cerda

Preguntas frecuentes

¿Qué significa lo que natura no da, Salamanca no presta?

Que los estudios no dan el talento que no se trae de nacimiento. Se aplica a quien acumula formación y aun así no da la talla, y funciona como veredicto sin apelación.

¿Por qué se nombra a Salamanca en este refrán?

Porque su universidad fue el centro de estudios más prestigioso de la Monarquía en los siglos XVI y XVII. El argumento va por el extremo: si ni Salamanca lo consigue, no lo consigue nadie.

¿Se dice natura o naturaleza?

La que más se oye es natura, una palabra latina que el refrán ha conservado tal cual. Naturaleza también circula, se entiende mejor y suena menos. Cuál de las dos vino antes no lo sabemos: Iribarren, sin ir más lejos, escribe el refrán con la naturaleza.

¿De dónde viene lo que natura no da, Salamanca no presta?

Salamanca es su universidad, el centro de estudios de referencia en los siglos XVI y XVII. Iribarren encabeza la entrada con el proverbio latino «Quod natura non dat, Salmantica non prestat» y pone el refrán castellano como su traducción, y lo llama frase antigua; que el latín venga antes lo dice él y nosotros no lo hemos comprobado. En los refraneros viejos que hemos podido consultar no sale.

Fuentes y referencias

  1. Iribarren, José María, El porqué de los dichos, s. v. «Quod natura non dat, Salmantica non prestat» (la entrada va encabezada por el proverbio latino y nuestro refrán aparece como su traducción), «Proverbio latino que significa: Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta. Es frase antigua, y todavía usual, alusiva a la inteligencia del estudiante y a la universidad salmantina. Indica que por grande que sea la fama de un centro de estudios, si el que acude a él carece de dotes para estudiar, no obtendrá provecho alguno.»
  2. Núñez, Hernán, Refranes o proverbios en romance (1555), consultado sin encontrar el refrán; sí trae, con la misma palabra, otro distinto: «Rey por natura, y papa por ventura.»
  3. Correas, Gonzalo, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (edición de 1906), consultado sin encontrar el refrán; sí trae, con la misma palabra, otro distinto: «Natura revertura, el gato á la asadura, ó el gato á la ceniza.»
  4. Rodríguez Marín, Francisco, Más de 21.000 refranes castellanos no contenidos en la copiosa colección del maestro Gonzalo Correas (1926), consultado sin encontrar el refrán
  5. Sbarbi y Osuna, José María, Diccionario de refranes, adagios, proverbios, modismos, locuciones y frases proverbiales de la lengua española (1922), s. v. «El que asno fué a Roma, asno se torna» —otro refrán, el que Iribarren da como de igual sentido—, «Denota que el que por naturaleza es torpe y rudo, pierde el tiempo estudiando fuera o dentro de su patria, pues rudo y torpe permanecerá.»
  6. Corpus del Diccionario histórico de la lengua española (CDH), Real Academia Española, búsquedas de «natura no da» y de «Salamanca no presta»

Qué sostiene esta ficha

  • Certeza declarada: hay una hipótesis con apoyo, pero no está probada.
  • Fuentes citadas: 6 obras.
  • Testimonio escrito citado: no se aporta una referencia específica en este campo.
  • Estado editorial: cotejado contra fuentes primarias y corpus histórico.

Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.

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