Ir de copas
- Origen histórico: La copa nombra por metonimia la bebida que contiene, uso antiguo y de sentido evidente en español. Lo específico de la locución española es que la copa marca un momento social preciso, posterior a la cena y…
- Variantes frecuentes: Salir de copas · Ir de cañas · Tomar algo
- En otros idiomas: «to go for a drink» (EN)
Salir a beber con amigos, sin más plan que ese. En España la copa es la unidad social por excelencia y la excusa habitual para verse sin motivo concreto.
Ir de copas es salir a beber con amigos sin más plan que ese: sin celebración, sin excusa y sin necesidad de motivo. En España la copa funciona como unidad de medida social, y la locución no nombra tanto una bebida como una franja concreta de la noche, la que empieza cuando se levanta la mesa.
Qué significa exactamente
La expresión no describe la ingesta, sino el plan. Quien propone ir de copas no está anunciando cuánto piensa beber: está proponiendo verse. La bebida es el marco. Por eso caben noches en las que uno apenas prueba el alcohol y ha ido de copas igualmente, y por eso nadie lleva la cuenta de las consumiciones para decidir si el plan merece ese nombre.
Dos rasgos la delimitan. El primero es la hora: las copas llegan después de cenar. Antes están las cañas o el vermú, que son otro plan, con otra luz y otra bebida. El segundo es el grado: la copa se asocia al destilado o al combinado, aunque hoy nadie corrige a quien pide una cerveza en mitad de las copas.
Conviene separarla de sus vecinas, porque la diferencia es real y el hablante la maneja sin pensar. Ir de cañas ocupa la tarde o el rato previo a comer, se hace de pie y admite tapa. Tomar algo es la más neutra de todas y puede acabar en un café. Salir de marcha implica música alta, baile y madrugada. Ir de copas queda justo en medio: se conversa, se está sentado o de pie según el sitio, y se cambia de local sin prisa.
Tampoco equivale a emborracharse. Para eso el español dispone de ponerse ciego, coger una tajada o pillar un pedo, que dicen sin rodeos lo que la locución deja a propósito sin decir. Ir de copas es neutro respecto al resultado: puede terminar en una conversación tranquila o en un desastre, y la expresión no se moja.
Hay además una secuencia que los hablantes reconocen sin que nadie se la haya enseñado: cena, copas y, si la cosa se alarga, discoteca. Dentro de esa secuencia, la copa final tiene nombre propio y su punto de superstición: se pide la penúltima, porque llamarla la última suena a mal agüero.
De dónde viene
El mecanismo es una metonimia de manual: el recipiente nombra el contenido. Igual que uno se toma un vaso o pide una taza, la copa pasó de designar el vidrio a designar lo que lleva dentro, y el diccionario académico recoge esa acepción con normalidad. No hace falta ninguna historia para explicarla.
Lo interesante está en la otra mitad de la locución. El español fabrica planes con la fórmula ir de más un sustantivo, casi siempre en plural: ir de compras, ir de tapas, ir de pinchos, ir de boda, ir de excursión. La construcción convierte un objeto en una actividad y, de paso, en un plan colectivo con hora y recorrido. De ahí le viene a esta el matiz itinerante: se va de copas por varios sitios, no a un sitio. Quien pasa la noche entera en el mismo bar ha estado tomando copas, que no es exactamente lo mismo.
No hay, por tanto, ningún episodio histórico que rastrear, ni taberna fundacional, ni gremio. La ficha no registra primera documentación y sitúa la locución en el siglo XX, de modo que esa fecha es una estimación, no un dato: se apoya en cuándo el ocio nocturno urbano dejó de ser cosa de minorías en España, no en un texto fechado. Y conviene no confundir los planos: la palabra copa es antiquísima en castellano, pero fechar una palabra no fecha la locución que la contiene.
Hasta qué punto está probado
La certeza catalogada es «probable», y merece la pena distinguir qué es lo probable. La derivación metonímica de copa está fuera de discusión: se puede comprobar en el diccionario y funciona igual en otras lenguas sin que haya que suponer préstamo alguno. Lo que no está documentado es cuándo cuajó la locución con este valor de plan social, ni en boca de quién.
No consta primera documentación, ni cita, ni autor. Quien le ponga fecha exacta, o la haga nacer en un local concreto, está adornando. Lo honesto es decir que el mecanismo lingüístico es transparente y la cronología, aproximada.
Cómo se usa hoy
Registro coloquial sin rastro de vulgaridad: se le puede decir a un jefe, aparece en conversaciones de oficina y no chirría en prensa ligera. Se usa sobre todo en primera persona del plural, en pasado o en propuesta: nos fuimos de copas, nos vamos de copas el viernes. El verbo alterna entre ir, salir e irse, y el matiz cambia poco.
Sí hay una marca generacional clara. La locución pertenece al vocabulario de quien pasa de los treinta; los más jóvenes dicen salir, salir de fiesta, tomar algo o quedar para unas birras. Copas suena a plan de adultos, con dinero de por medio y sin intención de trasnochar del todo. También hay una marca de clase difusa: la copa evoca coctelería y precio, la caña no.
Con quién no funciona: en un contexto laboral formal se prefiere tomar algo, que no compromete a nadie a nada, y en una invitación a alguien que no bebe la fórmula puede resultar incómoda precisamente porque nombra la bebida y no el encuentro.
Fuera de España se entiende sin dificultad, porque la metonimia es común a toda la lengua y tomar unas copas se dice en cualquier país hispanohablante. Lo que no viaja es el plan: esa franja pautada entre la cena y la madrugada es un hábito español, y la fórmula ir de copas, con esa estructura de itinerario, suena peninsular al oído americano.
Queda un detalle que explica el plan mejor que cualquier definición: en España se paga por rondas y no por consumición. Uno invita a todos y espera que los demás hagan lo propio, de modo que el número de copas acaba fijándolo el tamaño del grupo y no la sed de cada uno. Esa costumbre convierte la salida en un compromiso tácito, y marcharse antes de haber devuelto la invitación deja mala nota. Quien no bebe suele quedar fuera del reparto, lo que produce esa negociación tan española sobre quién paga qué.
Conviene distinguir también el plural del singular, porque no dicen lo mismo. Ir de copas es colectivo por definición y con un solo acompañante suena raro. Tomar una copa con alguien, en singular, se lee muchas veces como una cita o como una conversación pendiente, y es la fórmula que se emplea para proponer un encuentro con intención. La diferencia entre una copa y unas copas parece mínima sobre el papel; en la práctica es la que hay entre un plan y una insinuación.
Expresiones parecidas
Antes de las locuciones conviene nombrar una práctica que ocupa el mismo hueco horario con otro presupuesto: el botellón, que no es una expresión hecha sino el nombre de una costumbre juvenil de beber en la calle. No compite con ir de copas en el vocabulario, sino en la agenda y en el bolsillo.
Ir de cañas es la hermana diurna y cervecera; comparte estructura y cambia la hora, la bebida y el grado de compromiso. Ir de tapas y ir de pinchos pertenecen a la misma familia gramatical y desplazan el foco a la comida, aunque en la práctica se beba lo mismo.
Irse de marcha sube la apuesta: implica música, baile y madrugada, y suele venir después. Tomar la penúltima es un remate ritual dentro del propio plan, no un plan distinto.
En el otro extremo están las que sí juzgan. Empinar el codo describe una costumbre, no una noche, y siempre con reproche. Ponerse ciego apunta al exceso concreto. Coger una tajada nombra el resultado. Ninguna de las tres es intercambiable con ir de copas, que se caracteriza justamente por no pronunciarse sobre la cantidad.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
España
Salir a beber en compañía
Ir de cañas es la versión de cerveza y de tarde
«Salimos de copas el jueves y acabamos cenando de pie.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to go for a drink
Literalmente: ir a por una bebida
Preguntas frecuentes
¿Qué significa ir de copas?
Significa salir a beber con amigos sin más plan que ese. En España designa además una franja concreta de la noche: la que va después de cenar y antes de la discoteca.
¿Es lo mismo ir de copas que ir de cañas?
No. Las cañas son cerveza y se toman de tarde o antes de comer, a menudo con tapa. Las copas llegan después de cenar y con bebida de más grado.
¿De dónde viene ir de copas?
De la copa que nombra por metonimia la bebida que contiene, un uso registrado por el diccionario. La fórmula ir de más plural es la misma de ir de tapas o ir de compras. No hay origen histórico que buscar.
¿Se usa ir de copas en América?
Se entiende, y tomar unas copas se dice en todo el ámbito hispánico, pero la fórmula ir de copas suena peninsular porque nombra un plan nocturno muy español.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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