Febrerillo el corto, un día peor que otro
- Origen histórico: El diminutivo no es afecto sino burla: febrerillo es el mes enano que encima se porta mal. La observación tiene base real, porque en la meseta febrero es cuando el chorro polar baja más al sur y las masas de…
- Variantes frecuentes: Febrerillo el loco, un día peor que otro · Febrerillo el corto, con sus días veintiocho · Febrero, el corto, un día peor que el otro
Febrero es el mes más corto y el más inestable: encadena días cada cual peor que el anterior. El diminutivo cariñoso no lo salva de ser el peor mes del año.
Nieva, al día siguiente llueve, luego sale un sol de primavera y por la tarde se levanta un viento que tira a la gente. El refrán resume eso: febrero es el mes más corto del año y el más inestable, y encadena jornadas cada cual peor que la anterior. El diminutivo no es cariño, es burla.
Qué significa exactamente
La sentencia hace dos afirmaciones y las enlaza con sorna. La primera es objetiva: febrero es corto. La segunda es una queja meteorológica: el tiempo que trae es malo y va a peor. Y lo que las une es el chiste, porque el mes enano se las arregla para empeorar día tras día en las pocas jornadas de que dispone. Hay una desproporción deliberada entre el tamaño y el daño.
Conviene fijarse en el diminutivo, que en castellano no siempre es afectuoso. Febrerillo funciona aquí como funcionan hombrecillo o abogadillo: rebaja al nombrado. Se le llama pequeño para menospreciarlo, y el refrán está construido sobre esa rebaja, porque a continuación demuestra que el pequeño hace más estropicio que los grandes. Quitarle el diminutivo estropea la frase, y por eso casi nadie lo hace.
La otra forma muy extendida, febrerillo el loco, dice algo ligeramente distinto y quizá más exacto. Loco apunta a la variabilidad, a que no hay quien sepa qué va a hacer mañana; corto apunta a la brevedad. La versión con corto insiste en la paradoja del tamaño, la del loco en la inestabilidad. Se usan indistintamente y muchos hablantes las mezclan.
Y hay que situar el refrán en su género, porque eso explica su tono. Los refranes meteorológicos no son poesía sobre el paisaje: son la mayor sección del refranero castellano y funcionaban como un instrumento de trabajo. Un labrador sin almanaque necesitaba llevar en la cabeza cuándo sembrar, cuándo podar y qué esperar de cada semana, y lo llevaba en verso y con rima porque así no se olvidaba. Este pertenece al subgrupo de los que caracterizan un mes entero, y su función práctica era una advertencia: de febrero no te fíes.
De dónde viene
La brevedad del mes viene del calendario romano y no tiene nada de misteriosa. En el año romano arcaico el año empezaba en marzo, de modo que febrero era el último mes y le tocaba absorber el descuadre entre el calendario y el curso real del sol. Se quedó con veintiocho días y sigue siendo el que recibe el día añadido en los años bisiestos. Su nombre viene de los februa, los ritos de purificación que los romanos celebraban en esas fechas: era el mes de limpiar, no el mes de sembrar.
La observación del tiempo también tiene fundamento, aunque conviene medir las palabras. Suele señalarse que en el interior peninsular febrero es cuando la corriente en chorro se sitúa más al sur y las masas de aire se relevan a mayor velocidad, de modo que en pocos días pueden sucederse una entrada fría del norte, un temporal atlántico y un anticiclón con sol de mediodía y helada de madrugada. Esa oscilación es la que el refrán registra. Que febrero sea exactamente el mes más variable del año es algo que se repite mucho y que depende bastante de la zona y del criterio con que se mida.
Para entender por qué se le tenía tanta ojeriza hay que mirar la despensa. Febrero era el mes de la escasez. La cosecha estaba lejísimos, el grano guardado en septiembre iba por el final, el forraje del ganado se había consumido durante el invierno y todavía no había pasto nuevo. Es justo lo que dice otro refrán de la misma familia cuando calcula que enero y febrero comen más que Madrid entero: son los meses que consumen sin producir nada. A eso se añadía el trabajo desagradable, porque febrero es tiempo de podar la viña y el olivo, faena que se hace a la intemperie, con las manos frías y en la peor parte del año. Un mes corto, sin comida, sin cosecha y con el tiempo cambiando cada mañana. No había motivos para quererlo.
Esa mala fama alimentó además toda una mitología. El cuento de la vieja y los días prestados se cuenta en media España con variantes: una pastora se burla del mes porque ha pasado sin helarle el ganado, y el mes, ofendido, pide unos días prestados al siguiente para vengarse y matarle las ovejas. En unas comarcas la burlada es febrero y quien presta es marzo; en otras es marzo el ofendido y abril el prestamista, y a esas jornadas robadas se las llama los días de la vieja o los prestados. El relato explica de un golpe dos cosas que a la gente le interesaban: por qué febrero es tan corto y por qué las heladas tardías aparecen cuando ya nadie las espera.
Hasta qué punto está probado
Del refrán en sí se sabe poco. Está recogido en los repertorios paremiológicos y su uso es general en España, pero no hay una primera documentación fijada ni un autor ni una fecha, como ocurre con la práctica totalidad del refranero meteorológico, que se transmitió oralmente durante siglos antes de que a nadie se le ocurriera anotarlo. Cualquier datación concreta que se encuentre por ahí es invención.
Y conviene decir algo sobre el valor de estos refranes, porque se les pide más de lo que pueden dar. Son observaciones locales acumuladas, no predicciones. Un refrán meteorológico acertaba en la comarca donde se acuñó y podía fallar cincuenta kilómetros más allá, porque la climatología peninsular cambia de un valle a otro. A eso hay que sumar que muchos se formularon con el calendario juliano, anterior a la reforma de 1582, con un desfase de días respecto a las fechas actuales, y que el clima de los últimos decenios no es el de los siglos en que se acuñaron. Sirven como memoria de lo que solía pasar. No como pronóstico.
Cómo se usa hoy
Registro coloquial y uso estacional: se dice en febrero, cuando el tiempo hace de las suyas, y prácticamente no se oye el resto del año. Sigue vivo sobre todo en el medio rural y en las generaciones mayores, aunque cualquier hablante lo entiende, y aparece con regularidad en los medios cuando el mes trae una racha de temporales.
Se usa casi siempre con humor resignado, mirando por la ventana. Y admite un empleo figurado que va ganando terreno: aplicado a una mala racha de cualquier tipo, cuando cada día trae una noticia peor que la del anterior. Ahí el mes se convierte en simple comparación.
Se recorta con naturalidad, y muchas veces basta con decir febrerillo el loco o febrerillo el corto para que el otro entienda todo el refrán. También se mezcla con sus vecinos, y no es raro oír híbridos que juntan lo corto y lo loco en la misma frase.
Hay que decir algo importante sobre su alcance geográfico, y es que este refrán no viaja. Depende de un clima concreto, el de la España interior, y de un hemisferio. En Argentina, Chile o Uruguay, febrero es pleno verano, mes de vacaciones y de calor, así que la sentencia allí no significa nada o significa lo contrario. En México y en el Caribe, donde la estación seca y la lluviosa organizan el año mejor que las cuatro estaciones europeas, tampoco encaja. Es un refrán español y de latitud media, y conviene saberlo antes de soltarlo al otro lado del Atlántico.
En frase: Ayer nieve, hoy viento y mañana lluvia; febrerillo el corto, un día peor que otro. Y en uso figurado: Esta semana ha sido febrerillo el corto, un día peor que otro.
Expresiones parecidas
La familia es numerosa porque febrero y marzo dieron mucho juego. Febrero loco y marzo otro poco reparte la culpa entre los dos meses y avisa de que la inestabilidad no se acaba el día 28. Enero y febrero comen más que Madrid entero ataca por el lado económico, el del granero vacío, y es el complemento perfecto de este.
El cuento de la vieja y marzo tiene entrada propia y es la versión narrativa de lo mismo: la explicación mitológica de por qué el mes corto es corto y por qué se venga. Y hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo alarga la desconfianza hasta bien entrada la primavera, con esa fecha imposible que es el chiste del refrán.
Fuera del calendario, la única expresión emparentada por el sentido es la que describe el tiempo variable sin ponerle mes, cuando se dice que hace un día de perros o que el tiempo está loco. Ninguna tiene la gracia del diminutivo despectivo, que es lo que hace memorable a este.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
España
Febrero trae mal tiempo y muy cambiante
El diminutivo febrerillo es casi obligatorio en el refrán
«Ayer nieve, hoy viento y mañana lluvia: febrerillo el corto, un día peor que otro.»
Ejemplos de uso
- «Otra vez a colgar la ropa dentro de casa, que febrerillo el corto, un día peor que otro.»
- «Nos ha caído granizo en plena obra y el encargado ha soltado que febrerillo el loco, un día peor que otro.»
- «Suspendieron el partido del domingo por el viento: febrerillo el corto, un día peor que otro.»
Preguntas frecuentes
¿Qué significa febrerillo el corto, un día peor que otro?
Que febrero es el mes más breve y el de tiempo más inestable, capaz de encadenar jornadas cada una peor que la anterior. El diminutivo no es cariñoso: menosprecia al mes.
¿Por qué febrero tiene veintiocho días?
Por herencia del calendario romano. Febrero era el último mes del año romano arcaico y el que absorbía el ajuste, así que quedó con veintiocho y recibe el día añadido en los bisiestos.
¿Se dice febrerillo el corto o febrerillo el loco?
Las dos formas se usan. Corto insiste en la brevedad del mes y loco en lo cambiante de su tiempo. Muchos hablantes las mezclan sin problema.
¿Es fiable este refrán del tiempo?
Como memoria de lo que solía ocurrir en una comarca, sí; como pronóstico, no. Los refranes meteorológicos son observaciones locales, muchos se acuñaron con el calendario anterior a 1582 y el clima ha cambiado.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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