Las témporas
- Origen histórico: Las témporas son en origen los cuatro periodos de ayuno que la Iglesia situaba al comienzo de cada estación, del latín quatuor tempora. Al coincidir con los cambios estacionales, el campo las convirtió en…
- Variantes frecuentes: Mirar las témporas · Las témporas de Santa Lucía
- En otros idiomas: «Ember days» (EN)
Días señalados del calendario litúrgico que la tradición rural española usaba para pronosticar el tiempo de la estación siguiente según lo que hiciera en cada uno.
Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.
Cuatro veces al año, una por estación, la Iglesia señalaba tres días de ayuno seguidos: miércoles, viernes y sábado. Son las témporas. El campo español les dio un segundo uso que la liturgia nunca previó y las convirtió en jornadas de observación del cielo para pronosticar el tiempo de los meses siguientes.
Qué es exactamente
En el calendario litúrgico las témporas son doce días repartidos en cuatro semanas, colocadas al comienzo de cada estación. Las cuatro fechas son estas: la semana siguiente al primer domingo de Cuaresma, la siguiente a Pentecostés, la siguiente a la Exaltación de la Santa Cruz, que es el 14 de septiembre, y la siguiente a Santa Lucía, el 13 de diciembre. En cada una de esas semanas se ayunaba el miércoles, el viernes y el sábado, y en esos sábados se ordenaba tradicionalmente a los clérigos.
Ahí está la respuesta a por qué caen donde caen: son los goznes del año litúrgico, colocados a propósito en el arranque de cada estación para marcar el cambio con penitencia. No responden a ninguna observación meteorológica, sino a un reparto del año en cuatro tiempos, que es literalmente lo que significan.
El uso popular español es otra capa, superpuesta encima. En el campo, cada uno de los tres días de témporas se leía como anuncio del tiempo que haría en cada uno de los meses de la estación siguiente, o de los tres meses siguientes según la comarca. Las más citadas son las de diciembre, las de Santa Lucía, que pronosticaban el invierno entero. La regla concreta cambia de un sitio a otro, y esa variabilidad ya dice bastante: en unos pueblos cada día corresponde a un mes, en otros se mira solo el aire que sopla, en otros la nubosidad al amanecer.
De dónde viene
La palabra viene del latín quatuor tempora, los cuatro tiempos, y esa etimología no la discute nadie. Los ayunos estacionales son antiguos en la Iglesia de Roma y se fueron extendiendo al resto de la cristiandad occidental durante la Edad Media; la fijación definitiva de las cuatro semanas en el calendario suele atribuirse al papado del siglo XI. En su origen tenían un componente agrícola indirecto, porque el ayuno se relacionaba con la acción de gracias por las cosechas de cada estación, pero eso es una motivación religiosa, no una técnica de pronóstico.
El salto de días de ayuno a días de pronóstico no está fechado. No hay un documento que diga cuándo ni dónde alguien empezó a mirar el cielo en témporas para deducir el trimestre. Lo que hay son refraneros y almanaques de la Edad Moderna en adelante que recogen la práctica ya establecida, y una lógica bastante clara: eran días marcados en un calendario que todo el mundo tenía, caían justo en los cambios de estación y venían con la autoridad de la Iglesia detrás. Cualquier fecha con esas tres características termina cargándose de pronósticos.
Hasta qué punto está probado
Que las témporas existen como institución litúrgica y que el campo las usó para pronosticar son dos hechos documentados. Que sirvan para pronosticar es otra cosa, y no está demostrado.
Hay un argumento interno que resulta demoledor y que rara vez se menciona. Dos de las cuatro témporas son móviles, porque dependen de la fecha de la Pascua, que puede oscilar más de un mes. Las de Cuaresma y las de Pentecostés se desplazan cada año por el calendario, de manera que las jornadas de observación no caen en las mismas fechas ni en la misma situación atmosférica de un año a otro. Un método de pronóstico estacional que cambia de día según la luna llena de primavera no tiene cómo funcionar, salvo que se acepte que la Pascua influye en el clima.
A eso se añade lo de siempre en este terreno: no hay ninguna serie comprobada que respalde el valor predictivo de un día concreto sobre los tres meses siguientes, y sí una explicación psicológica sencilla para que la gente jure que aciertan. Los aciertos se recuerdan y se cuentan, los fallos se olvidan, y como los pronósticos suelen enunciarse en términos vagos, casi cualquier invierno puede considerarse cumplido.
Lo que sí tiene fundamento es la intuición de fondo. Los cambios de patrón atmosférico en la península se concentran de verdad en las semanas de cambio estacional, y observar el cielo en esos días no es una tontería: es lo que hace un meteorólogo, con la diferencia de que él no pretende deducir tres meses de una mañana.
Cómo se vive hoy
Por el lado religioso, las témporas prácticamente han desaparecido de la vida de la mayoría de los católicos. La reforma litúrgica de finales de los años sesenta las sacó del calendario general y dejó su celebración en manos de las conferencias episcopales, de modo que hoy solo se mantienen con su forma clásica en comunidades y parroquias vinculadas a la liturgia tradicional. Muchísima gente que oyó hablar de las témporas a sus abuelos no sabe que eran, en origen, días de ayuno.
Por el lado meteorológico aguantan mejor, aunque en retroceso claro. Sobreviven en el habla de la gente mayor del medio rural del interior peninsular, en los almanaques de quiosco y en conversaciones de bar cada diciembre. Y sobreviven también como recurso periodístico: cada cierto tiempo aparece un artículo que las presenta como sabiduría popular sobre el tiempo, sin mencionar que su base es un calendario de ayunos y que dos de las cuatro se mueven cada año.
No hay versión comercial ni turística de las témporas, y eso las distingue de casi todo lo demás en este apartado del corpus. Nadie ha montado una fiesta ni un menú con ellas. Se mantienen solo como conocimiento heredado, que es la forma más frágil de mantenerse.
Costumbres parecidas
Las cabañuelas son su rival directa y trabajan con el mismo principio, deducir muchos meses a partir de unos pocos días, pero se apoyan en el calendario civil, en los primeros días de agosto o de enero según la variante, y no en el litúrgico. El calendario zaragozano hace lo mismo por escrito y en formato de negocio, con la ventaja comercial de que ahorra al comprador el trabajo de observar.
Con los santos de hielo y con los días de la merla comparten el mecanismo de fondo, que es fijar el saber meteorológico en fechas del santoral, porque el santoral era el calendario que la gente tenía en la cabeza. Y con la Candelaria comparten incluso el formato de refrán, ese que dice que si la Candelaria llora el invierno ya está fuera: una fecha, una observación, una consecuencia. Es el mismo artefacto mental repetido a lo largo de todo el año.
⏳ Cronología y Registro Histórico
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
España
Días de pronóstico estacional
Uso rural y en retroceso; conviven las témporas de Santa Lucía con las de otras fechas según la comarca
«Por las témporas de diciembre decían que el invierno vendría seco.»
Ejemplos de uso
- «Mi suegro todavía mira las témporas antes de decidir cuándo poda los frutales del huerto.»
- «En el curso de agricultura tradicional nos enseñaron cómo se miraban las témporas en cada comarca.»
- «En la tertulia del mercado hubo discusión sobre lo que anunciaban las témporas de Santa Lucía.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
Ember days
Literalmente: días de témporas
Preguntas frecuentes
¿Qué son las témporas?
Cuatro periodos de tres días de ayuno, uno al comienzo de cada estación, del calendario litúrgico católico. La tradición rural española los usó además para pronosticar el tiempo de los meses siguientes.
¿Cuándo caen las témporas?
En la semana siguiente al primer domingo de Cuaresma, la siguiente a Pentecostés, la posterior al 14 de septiembre y la posterior a Santa Lucía, el 13 de diciembre. Se ayunaba miércoles, viernes y sábado.
¿De dónde viene la palabra témporas?
Del latín quatuor tempora, los cuatro tiempos. Nombraba los ayunos estacionales que la Iglesia situaba al comienzo de cada estación del año.
¿Sirven las témporas para predecir el tiempo?
No está demostrado. Además, dos de las cuatro témporas dependen de la fecha de la Pascua y cambian de día cada año, lo que hace muy difícil sostener que anuncien el tiempo de los meses siguientes.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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