La romería
Peregrinación, normalmente colectiva, a una ermita o santuario y, por extensión, la fiesta vinculada a ese recorrido.
Peregrinación, normalmente colectiva, a una ermita o santuario y, por extensión, la fiesta vinculada a ese recorrido.
Ejemplos de uso
- «La romería comienza con el camino a la ermita y continúa con la fiesta.»
- «El archivo recoge tanto promesas religiosas como recuerdos de la comida compartida.»
Alcance y precisión documental
Muchas romerías combinan culto, música y comida al aire libre, pero no todas siguen el mismo formato ni son exclusivamente rurales. La palabra se relaciona históricamente con «romero», el peregrino.
Qué es exactamente
El esquema se repite con pocas variaciones por toda España. Hay una ermita apartada del casco urbano, casi siempre en el término municipal pero fuera del pueblo, y hay un día del año en que se va allí. Se sale en grupo, a pie, a caballo o en carros y remolques engalanados. Se dice misa, se saca la imagen en procesión alrededor de la ermita y en muchos sitios se subastan los banzos, es decir, se puja con dinero por el derecho a llevar las andas. Hasta ahí, lo religioso.
Después viene lo que ocupa la mayor parte del día: la comida en el campo. Tortilla, empanada, arroz, carne a la brasa según la zona, vino y una siesta a la sombra. Por la tarde hay baile, y muchas veces una segunda parte en el pueblo cuando se vuelve. La fecha suele estar en primavera o al principio del verano, cuando el campo aguanta una comida al aire libre, y muy a menudo cae en Pentecostés, en mayo o en la festividad del santo titular de la ermita.
Romería, peregrinación y fiesta patronal pueden solaparse, pero no son nombres intercambiables en todos los lugares. La romería destaca el desplazamiento a un destino de devoción y la celebración asociada. Su duración, el itinerario y la participación dependen de cada tradición; no existe una regla que la limite a un día o le quite su carácter voluntario.
De dónde viene
La palabra tiene una historia clara y documentada, y explica de dónde sale la costumbre. Romero significaba originalmente el peregrino que iba a Roma, frente al palmero, que iba a Jerusalén y volvía con una palma, y al peregrino propiamente dicho, que en las Partidas alfonsíes designa al que va a los Santos Lugares o a Santiago. La distinción era técnica y estaba viva en la Edad Media: Dante la usa con los mismos tres términos. Corominas explica romero a partir del latín tardío que designaba al romano y al occidental que peregrinaba, y la evolución semántica posterior está bien establecida.
Lo que ocurrió después es un ensanchamiento de significado en dos pasos. Primero, romería dejó de significar el viaje a Roma para significar cualquier viaje devoto. Segundo, y aquí está el nacimiento de la costumbre española, pasó a designar el viaje devoto que uno podía permitirse: no el de meses a Roma, sino el de una mañana a la ermita del término. Casi nadie podía ir a Roma; a la ermita podía ir todo el mundo.
La comida campestre, que hoy es lo que la define, es un añadido posterior, y no se puede fechar con precisión. Lo que sí se puede decir es que convirtió una práctica devota en la fiesta de primavera del pueblo, y que muchas romerías conservan las dos capas superpuestas sin ninguna incomodidad.
Queda el asunto del que no se puede escapar en este terreno. Se repite mucho que las romerías cristianizan cultos anteriores a fuentes, piedras o árboles. Que existieron esos cultos está documentado: los concilios hispanos y textos como el de Martín de Braga en el siglo VI condenan expresamente encender velas junto a piedras, árboles y manantiales. Eso es un hecho. Pero de ahí a afirmar que una romería concreta desciende de uno de ellos hay un salto que casi nunca se puede dar con documentos, y que se da constantemente en los folletos. Sin una cadena documental, la coincidencia de lugar no prueba continuidad de culto.
Hay un tercer relato que conviene identificar: la leyenda fundacional de la aparición. Un pastor, casi siempre un pastor, encuentra la imagen en una cueva o en un árbol, se la lleva al pueblo y la imagen vuelve sola al sitio, de modo que hay que construir la ermita allí. Ese cuento se repite en decenas de santuarios españoles con las mismas piezas. Es un relato de tipo recurrente, no una crónica, y su valor está en lo que dice de la comunidad que lo cuenta, no en lo que dice del siglo XII.
Cómo se vive hoy
Es de las tradiciones que mejor aguantan, y en varios sitios va a más. La más multitudinaria es la romería del Rocío, en la aldea de Almonte, en Huelva, que se celebra en Pentecostés, reúne a más de ciento veinte hermandades filiales y a más de un millón de personas, y que ha crecido tanto que ya no se parece a ninguna otra. En el extremo contrario están las miles de romerías locales de un solo día, con dos autobuses y una paella.
Lo que ha cambiado es el peso de cada parte. En muchas romerías la misa se ha quedado en un trámite al que asiste una minoría, mientras que la comida en el campo la hace todo el mundo, incluidos los que no pisan la iglesia el resto del año. También ha cambiado el camino, que era la mitad del asunto: hoy buena parte de la gente llega a la ermita en coche y aparca al lado, con lo que la peregrinación se reduce a los últimos cien metros. Y ha aparecido la capa institucional, con ayuntamientos que subvencionan, declaraciones de fiesta de interés turístico y autobuses lanzadera. Nada de eso la invalida, pero explica por qué una romería de 1950 y una de ahora se parecen menos de lo que parece.
Del uso figurado de la palabra se ha derivado además una expresión corriente: cuando se dice que un sitio es una romería, se está hablando de un desfile continuo de gente entrando y saliendo, sin ninguna connotación religiosa.
Costumbres parecidas
La fiesta patronal es su vecina más próxima y la diferencia está en la geografía: aquella se hace en la plaza, esta en el campo. La verbena comparte el baile y la noche, pero no tiene ni santuario ni caminata. El Camino de Santiago está en el otro extremo de la misma escala: misma raíz devota, distinta duración y distinto esfuerzo.
Con el magosto comparte lo que sostiene en realidad a las dos, que es comer en grupo al aire libre en una fecha fija, aunque el magosto no tenga ermita ni procesión. Y en el terreno de la lengua, la romería ha dejado en el castellano el verbo romear, hoy casi perdido, y la palabra romero como sinónimo de peregrino, que sobrevive sobre todo en los cantos de las propias romerías.
Recorrido, destino y fiesta
La definición de romería del DLE relaciona viaje o peregrinación, santuario y fiesta. Esos elementos no fijan una duración obligatoria. Un recorrido cercano puede completarse en unas horas y otro movilizar a participantes durante varios días. Tampoco la alegría colectiva excluye una promesa o una experiencia penitencial individual.
La palabra puede nombrar el desplazamiento y, por extensión, lo que sucede al llegar. Esa amplitud explica que una persona diga «vamos a la romería» pensando en el camino y otra en la comida o el encuentro. Para describir una celebración hay que precisar qué parte del acto está designando cada testimonio.
La relación con Roma pertenece a la historia de la palabra romero. No demuestra que cada santuario local naciera como sustituto de una peregrinación romana. La etimología identifica una trayectoria léxica; la fundación y la continuidad de una fiesta requieren documentación propia.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «La romería»?
Peregrinación, normalmente colectiva, a una ermita o santuario y, por extensión, la fiesta vinculada a ese recorrido.
¿Qué conviene matizar?
Muchas romerías combinan culto, música y comida al aire libre, pero no todas siguen el mismo formato ni son exclusivamente rurales. La palabra se relaciona históricamente con «romero», el peregrino.
Fuentes y referencias
Qué sostiene esta ficha
- Certeza declarada: hay una hipótesis con apoyo, pero no está probada.
- Fuentes citadas: una obra.
- Testimonio escrito citado: no se aporta una referencia específica en este campo.
- Estado editorial: cotejado contra fuentes primarias y corpus histórico.
Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.
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