Hacer una verónica
- Origen histórico: La verónica es el lance con el capote a dos manos, y la explicación tradicional del nombre remite a la imagen de la Verónica que sostiene el paño con el rostro de Cristo, por la postura de los brazos. Es la…
- Variantes frecuentes: Una verónica · Rematar con media verónica
- En otros idiomas: «to sidestep gracefully» (EN)
Recibir de frente y con las manos bajas lo que se viene encima, dejándolo pasar a un lado sin moverse del sitio.
Conviven varias hipótesis sin consenso entre especialistas.
Una verónica es el lance con que el torero recibe al toro de frente, con el capote a dos manos y las muñecas bajas, y lo deja pasar a un costado sin mover los pies. En figurado, hacerle una verónica a algo es dejarlo pasar de largo sin apartarse y sin perder la compostura.
Qué significa exactamente
En la plaza, la verónica es el lance fundamental del toreo de capa. El torero cita de frente, sostiene el capote con las dos manos por delante del cuerpo y le da salida al toro por un costado, acompañándolo con los brazos mientras los pies permanecen quietos. Se torea en serie: una verónica llama a la siguiente, y la tanda se remata con una media verónica, que recoge el capote, frena al toro y lo deja fijo, como quien pone un punto final.
Lo que distingue a la suerte no es lo que el torero hace, sino lo que no hace. No se mueve. El mérito está en la quietud de los pies y en la lentitud de las manos, no en la habilidad para esquivar. Esa es la clave para entender el uso figurado, y también la razón de que se malinterprete tan a menudo: quien hace una verónica no huye del embate, lo consiente y lo administra.
El nombre importa por una razón poco advertida. La verónica es el lance base y por eso no lleva apellido, mientras que casi todos los demás lo llevan y muchos son el apellido de quien los inventó: la chicuelina viene de Chicuelo, la gaonera de Rodolfo Gaona. De esos sabemos quién los bautizó y cuándo. De la verónica, no.
Fuera del ruedo, el sentido figurado es minoritario y culto. Se le hace una verónica a una pregunta incómoda, a una crítica, a una oferta que no interesa. El matiz que la separa de sus vecinas es preciso. Quien sale por la tangente cambia de tema y se le nota. Quien se hace el sueco finge no enterarse. Quien escurre el bulto se aparta físicamente. Quien hace una verónica se queda donde estaba, deja pasar el asunto por un lado y sigue hablando como si nada. Es esquivar con los pies clavados, que es bastante más difícil.
Las variantes de uso son pocas y todas técnicas: una verónica como sustantivo suelto, media verónica para el remate, torear a la verónica para describir el estilo de una faena entera. En el uso figurado casi siempre aparece con el verbo hacer y un complemento con a.
Entre aficionados circula una idea que ayuda a entender el prestigio del lance: la verónica es lo primero que aprende un chaval en una escuela taurina y lo último que domina un matador con veinte años de alternativa. No tiene truco ni sorpresa, y por eso no admite disimulo. Todo depende del temple, que es la capacidad de acompasar el movimiento de las manos a la velocidad del animal, ni más deprisa ni más despacio. Una verónica mal templada no es fea: es que sencillamente no es una verónica.
De dónde viene
La explicación que repiten los tratados remite a la Verónica, la mujer que según la tradición piadosa enjugó el rostro de Cristo camino del Calvario y se quedó con el paño y la imagen impresa en él. En la iconografía aparece siempre igual: de frente, sosteniendo el lienzo con las dos manos a la altura del pecho. La postura del torero que abre el capote delante del cuerpo recuerda esa estampa, y de ahí, dice la versión tradicional, saldría el nombre de la suerte.
El contexto hace verosímil la explicación. El vocabulario taurino está trenzado de referencias religiosas, y no por devoción particular de nadie, sino porque durante siglos la imaginería sacra fue el repertorio visual compartido por todo el mundo. Había capilla en la plaza, se brindaba, se rezaba antes de vestirse. En un ambiente así, poner a un lance el nombre de una imagen conocida por todos no requiere ninguna explicación adicional.
El problema es que no hay acta de bautismo. No se conserva un documento que registre quién puso el nombre, cuándo ni con qué intención. La suerte es anterior a las explicaciones escritas: cuando los tratadistas empiezan a ordenar y justificar la terminología, el término llevaba ya tiempo circulando. Eso abre la puerta a la segunda hipótesis, defendida por autores que desconfían de la primera: el parecido con la iconografía sería una racionalización posterior, una explicación bonita encontrada después para un nombre cuyo motivo real se ignora.
No hay una tercera vía sólida. Nadie ha propuesto una etimología alternativa que se sostenga, de modo que la discusión no es entre dos orígenes rivales, sino entre una hipótesis única y la sospecha de que esa hipótesis se construyó al revés, de la palabra hacia la imagen.
Hasta qué punto está probado
Está probado lo que se puede probar. El lance existe, tiene nombre fijado y forma descrita, y la tratadística taurina lo recoge como suerte asentada desde que el toreo a pie se codifica en el siglo XVIII. El diccionario académico registra la acepción sin discutirla. Nada de eso está en duda.
Lo que no consta es el momento del bautizo. Falta el testimonio contemporáneo que diga, con todas las letras, que el lance se llama así por la imagen de la Verónica. Sin ese eslabón, lo que hay es una explicación repetida durante generaciones, que es otra cosa distinta de una explicación demostrada.
Hay además un motivo de cautela metodológica. Una etimología que se apoya solo en un parecido de forma siempre merece desconfianza, porque el parecido se encuentra después de haber decidido la respuesta: quien busca una postura con los brazos abiertos y un paño la acaba encontrando en el arte religioso, en la ropa tendida o donde haga falta. No significa que sea falsa. Significa que no basta.
La posición razonable es esta: la explicación tradicional es probablemente correcta, encaja con la postura y con el ambiente cultural que produjo el nombre, pero mientras no aparezca el texto que lo diga, la ficha la mantiene como disputada. Repetirla como hecho sería justo lo que este diccionario intenta no hacer.
Cómo se usa hoy
Dentro de la plaza y de la crónica taurina, verónica es un tecnicismo corriente y neutro, tan poco marcado como pase o estocada. Se emplea en España, México, Colombia, Perú y Venezuela con idéntico valor, porque la terminología de la lidia es común a todo el ámbito y no ha desarrollado variantes nacionales de importancia.
El uso figurado es otra cosa. Es escaso, suena culto y funciona como guiño: aparece en crónica política, en columna deportiva y en conversación de gente que conoce la fiesta. Tiene un riesgo evidente. El lector que no sabe qué es una verónica entiende esquivar y se queda ahí, con lo que se pierde exactamente el matiz que hacía valiosa la expresión, el de la quietud. Si ese matiz no se puede dar por sabido, conviene otra imagen.
En cuanto a la escritura, el lance va en minúscula, como cualquier nombre común: le salieron tres verónicas templadas. Con mayúscula queda el nombre propio de la santa. El plural es regular y no plantea dudas.
Merece la pena señalar una tendencia de fondo. El español lleva décadas perdiendo metáforas taurinas en el habla común: las que sobreviven son las más generales, como coger el toro por los cuernos o estar al quite, y las que dependen de conocer una suerte concreta van quedando para el círculo de los enterados. La verónica está claramente en el segundo grupo. Eso no la convierte en una expresión muerta, pero sí la sitúa en un registro que hay que elegir a conciencia, sabiendo que parte del público no la seguirá.
Expresiones parecidas
Dentro del mismo repertorio, abrirse de capa es el gesto previo, el de desplegar el capote y ponerse a la vista, y en figurado significa mostrar lo que uno lleva. Dar un pase es el término genérico del que la verónica es una especie concreta. Correr la mano describe el acompañamiento largo del engaño, que es justamente lo que convierte una verónica correcta en una buena.
Fuera de la plaza, la familia es amplia y los matices no son intercambiables. Salir por la tangente se ve venir. Dar largas aplaza sin negar. Escurrir el bulto supone apartarse del sitio. Torear a alguien añade burla y desgaste, que en la verónica no hay. La expresión que se le acerca más es quitarse algo de encima con elegancia, pero le falta lo que aquí sobra: la técnica.
⏳ Cronología y Registro Histórico
Cómo cambia según el país
La misma expresión no significa lo mismo en todas partes. Estas son las diferencias regionales que conviene conocer antes de usarla fuera de casa.
Colombia
Recibir de frente y con las manos bajas lo que se viene encima, dejándolo pasar a un lado sin moverse del sitio.
España
Lance de capote; en figurado, esquivar con elegancia
Fuera de la plaza se usa poco y suele ser guiño culto
«Le hizo una verónica a la pregunta y siguió con su discurso.»
México
En la plaza, el lance de capote a dos manos; fuera de ella, casi solo en la crónica de fútbol para el regate en que se deja pasar al rival sin moverse del sitio.
El vocabulario taurino sigue vivo por la afición local, así que la palabra se reconoce sin esfuerzo, pero el uso figurado en el habla común es tan raro como en España y suena a guiño de comentarista.
«El delantero le hizo una verónica al defensa y se fue solito rumbo a la portería.»
Perú
Recibir de frente y con las manos bajas lo que se viene encima, dejándolo pasar a un lado sin moverse del sitio.
Venezuela
Recibir de frente y con las manos bajas lo que se viene encima, dejándolo pasar a un lado sin moverse del sitio.
Ejemplos de uso
- «A la pregunta de mi madre sobre la boda le hizo una verónica y se puso a hablar del tiempo.»
- «El director hizo una verónica con lo de los sueldos y pasó al siguiente punto del orden del día.»
- «En la asamblea le hicieron una verónica al asunto de la derrama y nadie volvió a sacarlo.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
to sidestep gracefully
Literalmente: esquivar con elegancia
Preguntas frecuentes
¿Qué significa hacer una verónica?
En los toros, recibir al toro de frente con el capote a dos manos y dejarlo pasar a un costado sin mover los pies. En sentido figurado, dejar pasar de largo algo incómodo sin apartarse ni perder la compostura.
¿De dónde viene el nombre de la verónica?
El origen está disputado. La explicación tradicional lo relaciona con la imagen de la Verónica sosteniendo el paño con las dos manos, por la postura de los brazos, pero no hay documento que acredite el bautizo y algunos autores la consideran una explicación construida a posteriori.
¿Qué diferencia hay entre una verónica y una media verónica?
La verónica deja pasar al toro entero y la media verónica remata la serie: el torero recoge el capote y frena al animal para dejarlo fijo y parado. Sirve de punto final a la tanda.
¿Se escribe verónica con mayúscula?
El lance taurino va en minúscula, como cualquier nombre común. La mayúscula queda reservada al nombre propio de la santa de la tradición piadosa.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
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Torear a alguien
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Colgar los trastos
Dejar el oficio y guardar las herramientas de trabajo, con la idea de que no se van a volver a sacar del armario.
Salir por la puerta grande
Terminar algo con un éxito rotundo y reconocido por todos, marchándose en el mejor momento y con todos los honores.
Estar hecho un miura
Estar furioso y de un genio insoportable, hasta el punto de que más vale no acercarse a decirle nada a esa persona.