El que venga detrás, que arree
- Origen histórico: Arrear es azuzar a las caballerías para que tiren o caminen, verbo del vocabulario arriero y agrícola. La imagen es la de la recua en marcha: quien va delante ya ha pasado y deja al de atrás el trabajo de…
- Variantes frecuentes: Que arree el que venga detrás
- En otros idiomas: «devil take the hindmost» (EN)
Declaración de quien resuelve lo suyo y se desentiende por completo del problema que deja a su sucesor o a los que vienen después.
Uno resuelve lo suyo, cierra la puerta y deja el problema al que llegue después: eso es lo que declara este refrán, y lo declara sin pudor. Sirve para confesar la propia desidia con humor y también para reprochársela a otro, que suele ser un cargo saliente, un jubilado reciente o una generación entera.
Qué significa exactamente
Lo característico no es escaquearse, es escaquearse hacia el futuro. Ahí está la diferencia con los refranes vecinos. Quien escurre el bulto esquiva un trabajo que hay encima de la mesa y delante de testigos; quien se lava las manos rechaza una responsabilidad presente. En cambio, el que dice esto ya ha terminado: ha cobrado, ha firmado, se ha ido. El perjudicado todavía no ha llegado, y a veces ni siquiera existe.
Esa asimetría explica su eficacia como reproche. El damnificado no puede protestar porque no estaba, y cuando llega se encuentra con las decisiones tomadas y sin nadie a quien pedir cuentas. El refrán retrata, en una línea, el problema de las responsabilidades diferidas: la deuda que se firma a treinta años, el edificio mal construido, el contrato blindado que ata al sucesor.
Se usa en dos direcciones opuestas. Confesada en primera persona es un chiste cínico, casi siempre con encogimiento de hombros: yo ya cumplí, que se apañen. Dicha de otro es una acusación seria disfrazada de dicho popular, que es una manera muy española de acusar sin subir la voz.
De dónde viene
Arrear es azuzar a las caballerías para que caminen o tiren, y pertenece al vocabulario del arriero y del campo. De ahí sale todo. La escena es la de la recua en marcha por un camino malo: el que va delante ya ha pasado el atolladero y sigue su ruta, y el de atrás se encuentra el paso destrozado y tiene que arrear a su ganado como pueda. La metáfora es transparente y no necesita ninguna anécdota histórica.
El verbo ha tenido buena descendencia en el habla y hoy casi nadie piensa en mulas al oírlo. Arrear vale también por golpear, como en arrear un guantazo, y funciona de interjección para meter prisa. En el refrán se entiende sin esfuerzo como que espabile, que apechugue, que se las componga: la imagen ganadera se ha desdibujado y el sentido ha quedado intacto, que es lo que suele ocurrir con las metáforas rurales bien hechas.
No hay texto que fije el origen. No se conoce autor, no hay primera documentación localizada y la ficha lo sitúa en el siglo XIX a título de estimación, por el ambiente arriero que evoca y por su asentamiento en el español peninsular. Ese siglo es una hipótesis razonable, no un dato.
Hasta qué punto está probado
Certeza probable, con una separación que conviene hacer explícita. Lo documentado es el verbo: arrear está registrado desde antiguo con el sentido de conducir animales, y esa es la base de la imagen. Lo no documentado es el refrán como tal, del que no se ha fijado ni primera aparición ni fecha.
Es un caso más de origen transparente, esos en los que la explicación no exige investigación porque la propia lengua la lleva encima. Cuando se lee por ahí que la frase nació en una cuadrilla de segadores concreta o en un oficio determinado con nombre y comarca, se está añadiendo un relato que nadie ha documentado.
Cómo se usa hoy
Registro coloquial y vigencia total, con un terreno predilecto: lo público. Se dice de los gobiernos que dejan la deuda cuadrada a base de aplazarla, de los ayuntamientos que firman concesiones larguísimas, del directivo que se marcha con la reestructuración a medias. En la conversación privada aparece con la jubilación y con la herencia, dos momentos en que a alguien le toca recoger lo que otro dejó.
En los últimos años ha encontrado un uso generacional muy claro. Es una de las frases con las que se resume el reproche por las pensiones, la vivienda o el clima: decisiones cuyos efectos los pagará quien todavía no vota. El refrán no ha cambiado de significado, ha cambiado de escala.
Cuidado con soltarlo en primera persona en un contexto profesional, porque lo que en una barra de bar suena a broma, en una reunión de trabajo suena exactamente a lo que dice. Fuera de España la frase apenas se usa, aunque se entiende: en las zonas ganaderas americanas el verbo sigue vivo en su sentido literal, de modo que la imagen llega incluso mejor que a un lector urbano peninsular.
Expresiones parecidas
«Después de mí, el diluvio» es su hermano culto y europeo, la fórmula que la tradición pone en boca de Luis XV o de Madame de Pompadour sin que los historiadores se hayan puesto de acuerdo en ello; dice lo mismo con esmoquin. «Escurrir el bulto» y «lavarse las manos» comparten la actitud pero no el tiempo verbal del daño: los dos esquivan algo presente, y este deja algo pendiente para después; el de las manos, además, tiene detrás la escena evangélica de Pilato, que le da un tono de solemnidad hipócrita muy útil. «Quitarse el muerto de encima» sí traspasa el problema a otro, pero a uno que está delante y que puede negarse. Y «el último que apague la luz» suele emparejarse con este refrán y no es exactamente lo mismo: describe una desbandada colectiva, un sitio del que se va todo el mundo, más que la decisión individual de dejarle el marrón al siguiente.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
España
Desentenderse de lo que queda por resolver
Se dice tanto confesándolo como reprochándoselo a otro
«Firmó el contrato hasta 2040 y se jubiló: el que venga detrás, que arree.»
Cómo se dice en otros idiomas
EN
devil take the hindmost
Literalmente: que el diablo se lleve al último
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el que venga detrás, que arree?
Que uno resuelve lo suyo y se desentiende por completo del problema que deja al que venga después. Se dice tanto confesándolo con cinismo como reprochándoselo a otro.
¿Qué quiere decir arrear en este refrán?
Arrear es azuzar a las caballerías para que anden, verbo del vocabulario arriero. En el refrán se entiende como que espabile o que se las apañe con lo que se ha encontrado.
¿De dónde viene el que venga detrás, que arree?
Del mundo rural, por la imagen de la recua que avanza y del que va detrás lidiando con el mal paso. La motivación es transparente, pero no hay texto que documente su origen ni su fecha.
¿Es lo mismo que después de mí, el diluvio?
Prácticamente sí, con distinto registro. La frase francesa es culta y se atribuye a Luis XV o a Madame de Pompadour sin acuerdo entre historiadores; el refrán español es coloquial y de origen campesino.
Por qué puedes fiarte de esta ficha
Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.
Expresiones emparentadas
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