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El calendario zaragozano

Respuesta rápida
«El calendario zaragozano» significa Almanaque español fundado en 1840 que publica cada año predicciones meteorológicas día a día. Su nombre se usa como sinónimo de pronóstico popular a largo plazo.
  • Origen histórico: El almanaque lo funda Mariano Castillo y Ocsiero en 1840 y sigue publicándose desde entonces, con las fases lunares, el santoral y un pronóstico del tiempo para cada día del año. Su método nunca se ha hecho…
  • Variantes frecuentes: El zaragozano · Lo dice el zaragozano

Almanaque español fundado en 1840 que publica cada año predicciones meteorológicas día a día. Su nombre se usa como sinónimo de pronóstico popular a largo plazo.

Cada otoño aparece en los quioscos un cuadernillo de papel barato que dice qué tiempo hará todos y cada uno de los días del año siguiente. Es el calendario zaragozano, fundado en 1840, y lleva casi dos siglos haciendo lo mismo. Su nombre se usa además como sinónimo irónico de pronóstico a muy largo plazo.

Qué es exactamente

Es un almanaque anual, y almanaque quiere decir bastante más que calendario. Dentro hay el santoral completo, las fases de la luna, los eclipses del año, las horas de salida y puesta del sol, las fiestas movibles, las ferias y mercados y, lo que le ha dado la fama, una predicción meteorológica día a día, repartida por zonas de la península, para los doce meses que vienen.

Se compra en otoño para el año siguiente, en quioscos, estancos, ferreterías y tiendas de pueblo, y su formato apenas ha variado: pequeño, de pocas páginas, con una portada reconocible a distancia. La costumbre asociada no es leerlo de corrido, sino consultarlo. En las casas del campo fue durante generaciones el único calendario que había, y con él se decidía cuándo sembrar, cuándo podar, cuándo esquilar y cuándo hacer la matanza. Que además llevara el santoral no era un adorno: el año agrícola español se organiza por nombres de santos, no por números de mes, y el almanaque era el sitio donde ese calendario estaba escrito.

Conviene entender qué promete exactamente, porque de ahí sale todo lo demás. No dice que en marzo suela llover: dice qué hará un martes concreto de marzo, con meses de antelación. Y no explica cómo lo calcula. El método nunca se ha hecho público.

De dónde viene

El almanaque tiene fundador y fecha, y eso lo distingue de casi todo lo demás que hay en este diccionario. Lo creó Mariano Castillo y Ocsiero, nacido en Villamayor de Gállego en 1821, que se formó en astronomía y meteorología en San Fernando, en Cádiz, donde estaba uno de los grandes observatorios de la época, y que empezó a publicar el almanaque en 1840 con otro título: El Firmamento.

El éxito fue inmediato y trajo el problema que trae siempre el éxito editorial en el siglo XIX: las imitaciones. La respuesta fue un título defensivo y kilométrico, del tipo el verdadero y único legítimo calendario zaragozano arreglado para toda España, que es exactamente lo que se pone cuando el mercado se ha llenado de copias. Con el tiempo, el apodo popular se comió al título original, y hoy nadie llama a aquello El Firmamento.

Queda la pregunta del nombre, que casi todo el mundo responde mal a la primera. La explicación intuitiva es la ciudad, y algo hay de eso, porque el almanaque nace y se imprime en Zaragoza. Pero la explicación que dan los editores, y que repite la bibliografía sobre la publicación, apunta a un apellido: Victoriano Zaragozano y Zapater, astrónomo aragonés que elaboraba sus propios almanaques en el siglo XVI, de manera que el título sería un homenaje a un predecesor y no un gentilicio. Las dos cosas se refuerzan, que es probablemente la razón de que el nombre cuajara tan deprisa.

Desde 1840 la publicación se ha mantenido año tras año, con la interrupción de la Guerra Civil. Pocas cabeceras españolas pueden decir lo mismo, y ese solo dato ya justifica que la costumbre de comprarlo se estudie como costumbre.

Cómo se vive hoy

Sigue publicándose y sigue vendiéndose, y sigue teniendo comprador fiel en el mundo rural y entre gente de ciudad que lo hereda de sus padres. Al mismo tiempo, su nombre se ha convertido en una manera de tomarle el pelo a quien pronostica con demasiada seguridad: cuando alguien anuncia en septiembre que el invierno será durísimo, la respuesta es preguntarle si lo ha leído en el zaragozano.

Sobre si acierta hay que ser claro, y no por ganas de aguar la fiesta. El problema no es que el almanaque lo haga mal: es que lo que promete no se puede hacer. La atmósfera es un sistema caótico, es decir, un sistema en el que una diferencia mínima en las condiciones iniciales crece hasta hacerse enorme, y eso pone un techo físico a la predicción determinista que hoy está en torno a los diez días. No es una limitación de medios que se vaya a resolver con ordenadores más grandes. Existen las predicciones estacionales, sí, pero funcionan de otra manera: hablan de probabilidades y de tendencias por trimestres, del tipo temperaturas por encima de lo normal en tal zona, y jamás de si lloverá el 14 de marzo. El zaragozano ofrece precisamente lo único que la ciencia atmosférica no puede ofrecer, y esa es la clave de su encanto.

Su supervivencia se entiende mejor si se mira lo que fue. Durante generaciones no había alternativa: ni radio, ni parte meteorológico, ni satélite. En un pueblo de 1900, el cuadernillo era el pronóstico. Cuando llegaron los partes de verdad, el almanaque ya se había convertido en otra cosa, en un objeto de calendario que se compra por costumbre, como el santoral o el belén. Hoy conviven en la misma casa la aplicación del móvil, que se mira cada mañana para saber si coger paraguas, y el cuadernillo, que se mira en enero para ver qué dice de agosto. Nadie planifica las vacaciones con él. Se compra medio en broma, y ese medio en broma es justo lo que lo mantiene vivo.

Costumbres parecidas

Su pariente directo son las cabañuelas, con una diferencia de método que merece la pena señalar: las cabañuelas son un procedimiento popular y abierto, que cualquiera puede aplicar observando el cielo en los primeros días de agosto para deducir los doce meses del año, mientras que el zaragozano es un producto editorial con autor y con método secreto. Una es tradición oral, el otro es negocio impreso, y los dos prometen lo mismo.

Las témporas juegan en la misma liga, aunque con anclaje religioso: son días concretos del calendario litúrgico convertidos en jornadas de observación del cielo. Y los refranes de luna, del tipo la luna de octubre siete lunas cubre, hacen lo propio con el ciclo lunar. Todos comparten una misma intuición, que el tiempo futuro deja señales en el presente si uno sabe leerlas.

Fuera de España el género está igual de asentado, lo que indica que no se trata de ninguna peculiaridad hispánica: el Old Farmer’s Almanac estadounidense se publica desde finales del siglo XVIII con pronósticos anuales y método reservado, y en el Reino Unido el Old Moore’s Almanack es todavía más antiguo. La costumbre de comprar cada otoño un librito que promete el año entero es europea y americana a la vez.

⏳ Cronología y Registro Histórico

1840
Primera edición del calendario de Mariano Castillo y Ocsiero

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

España

El almanaque de predicciones del tiempo por excelencia

Se cita con sorna cuando alguien pronostica el tiempo con meses de antelación

«Dice que este invierno será durísimo; será que lo ha leído en el calendario zaragozano.»

Ejemplos de uso

  • «Mi abuelo colgaba el calendario zaragozano detrás de la puerta de la cocina y lo consultaba a diario.»
  • «El capataz decide cuándo se siembra mirando el zaragozano y no hay quien le saque de ahí.»
  • «En el quiosco de la esquina se agota el calendario zaragozano en cuanto lo ponen en diciembre.»

Preguntas frecuentes

¿Qué es el calendario zaragozano?

Un almanaque español publicado desde 1840 que trae el santoral, las fases lunares y una predicción del tiempo día a día para todo el año siguiente. Se vende cada otoño en quioscos y estancos.

¿Quién creó el calendario zaragozano?

Mariano Castillo y Ocsiero, nacido en Villamayor de Gállego en 1821, que empezó a publicarlo en 1840 con el título El Firmamento. El apodo popular acabó desplazando al nombre original.

¿Por qué se llama zaragozano?

Nace y se imprime en Zaragoza, pero sus editores explican el nombre como homenaje a Victoriano Zaragozano y Zapater, astrónomo aragonés que hacía almanaques en el siglo XVI.

¿Acierta el calendario zaragozano?

No puede acertar de forma fiable. La atmósfera es un sistema caótico y la predicción día a día tiene un techo físico de unos diez días. Su método, además, nunca se ha hecho público.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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