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Si la Candelaria plora, el invierno está fuera

Respuesta rápida
«Si la Candelaria plora, el invierno está fuera» significa Si llueve el 2 de febrero, día de la Candelaria, el invierno se da por terminado; si hace sol, queda lo peor. La coletilla escéptica desmonta el pronóstico acto seguido.
  • Origen histórico: La Candelaria, 2 de febrero, cae casi exactamente a mitad de camino entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera, y por eso el calendario popular europeo la cargó de pronósticos. La forma…
  • Variantes frecuentes: Cuando la Candelaria plora, el invierno está fora · Si la Candelaria plora, el invierno está fuera; que plore o que deje de plorar, la mitad del invierno está por pasar · Por la Candelaria, si llora, invierno fuera; si ríe, invierno viene
  • En otros idiomas: «If Candlemas Day be fair and bright, winter will have another fight» (EN)

Si llueve el 2 de febrero, día de la Candelaria, el invierno se da por terminado; si hace sol, queda lo peor. La coletilla escéptica desmonta el pronóstico acto seguido.

Si llueve el 2 de febrero, día de la Candelaria, el refrán da el invierno por terminado; si amanece despejado, lo peor está por llegar. Lo mejor viene en la segunda parte, la que casi nadie recuerda entera: llore o deje de llorar, queda medio invierno por pasar. Un pronóstico que se desmiente solo, en el mismo aliento.

Qué significa exactamente

Plora es «llora», y llorar, en boca del campo, es llover. El refrán mira el cielo de un día concreto, el 2 de febrero, y saca de ahí una conclusión sobre las semanas que vienen: si ese día cae agua, el invierno se da por liquidado; si sale el sol, lo duro está por venir. La lectura descoloca a quien la oye por primera vez, porque invierte el reflejo de asociar el buen día con la buena noticia. Aquí el buen día es la mala noticia.

Detrás hay una lógica reconocible. En el interior peninsular, una jornada de febrero clara y seca suele corresponder a una situación anticiclónica, con el aire frío embolsado, heladas por la noche y ninguna prisa por marcharse. La lluvia, en cambio, llega con el flujo atlántico, que entra del suroeste, viene húmedo y viene templado. Quien fijó el refrán no sabía nada de anticiclones, pero había visto las dos escenas suficientes veces como para asociar cielo raso en febrero con más frío por delante.

La coletilla es lo que convierte el refrán en otra cosa. En su versión larga, la que recogen los refraneros, añade que plore o deje de plorar, la mitad del invierno está por pasar. Y tiene razón hasta en la aritmética: del solsticio al 2 de febrero van cuarenta y tres días, y del 2 de febrero al equinoccio de primavera, unos cuarenta y siete. La fecha cae casi en el fiel de la balanza. El remate no es una ocurrencia graciosa: es un dato, y desactiva el pronóstico con más eficacia que cualquier explicación.

Conviene no confundirlo con la idea de que la lluvia de la Candelaria sea buena para la cosecha. Este refrán no habla del campo, habla del calendario. Y el fuera del final es, en las versiones orientales, fora, que es la palabra que de verdad rima con plora.

De dónde viene

La fecha viene del calendario litúrgico. El 2 de febrero cae cuarenta días después del 25 de diciembre y conmemora la presentación del niño en el templo y la purificación de la madre, según el plazo de cuarenta días que fija la ley judía para el parto. El nombre lo pone la liturgia del día: se bendicen candelas y se sale con ellas en procesión. En muchos pueblos españoles esas velas se guardaban después en casa y se encendían cuando venía tormenta, práctica bien recogida por los folcloristas.

Lo que carga la fecha de pronósticos no es la liturgia, sino su posición en el año. El 2 de febrero está a mitad de camino entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera, y media Europa colocó ahí un oráculo meteorológico. La creencia de que el tiempo de ese día anuncia el resto del invierno está fijada en refranes de varias lenguas europeas, siempre con el mismo esquema: día claro, mal augurio; día de agua, invierno vencido. El refrán castellano pertenece a esa familia.

Hay un argumento de forma que merece la pena mirar despacio. Plora no es castellano: es catalán y aragonés, del verbo plorar. En la versión oriental, plora rima con fora y el refrán suena redondo. En castellano, plora con fuera cojea. Que la variante más extendida conserve una palabra extraña a la lengua en que se dice, y que además pierda la rima al hacerlo, apunta a una versión levantina o aragonesa traducida a medias, con la palabra rara conservada porque sonaba a fórmula. Es un razonamiento sobre la forma, no un documento. Pero es lo mejor que hay.

De la misma fecha sale la versión con animal: por la Candelaria, el oso deja la osera y, si ve el cielo despejado, se vuelve a meter a dormir seis semanas más. Esa creencia europea viajó a Norteamérica con los colonos alemanes de Pensilvania, que cambiaron el oso por la marmota, y de ahí sale el día de la marmota. Mismo día, misma lógica, otro bicho.

Hasta qué punto está probado

La certeza catalogada es probable, y conviene decir qué cubre y qué no. Sólido: la fiesta, su fecha y su razón litúrgica; la existencia de la creencia meteorológica en buena parte de Europa; la procedencia oriental de la forma plora. No sólido: cuándo se dijo por primera vez en castellano, quién lo trajo y si desciende de una versión catalana concreta o se formó en paralelo a partir de la misma creencia.

La ficha no trae primera documentación y la época consta como desconocida, así que cualquier fecha que se leyera aquí estaría inventada. Se recoge en los repertorios paremiológicos modernos, entre ellos el Refranero Multilingüe del Centro Virtual Cervantes, y eso es todo lo que puede afirmarse sobre su historia escrita.

Como pronóstico, no acierta más que el azar, y no hay manera de que lo haga: el tiempo de una jornada no contiene información sobre las seis semanas siguientes. Lo llamativo es que el propio refranero ya lo sabía y se encargó de decirlo en el segundo verso.

Cómo se usa hoy

Se oye cada 2 de febrero, sin falta, en la radio, en el parte del tiempo y en la barra de un bar. El registro es neutro y el tono casi siempre irónico: se cita mirando por la ventana, con el mismo gesto con que se comenta un titular. Casi nadie lo dice creyéndoselo, y ese es justamente su estado natural.

Lo habitual es citar solo la primera mitad. La coletilla se reserva para quien quiere rematar y desactivar el augurio, y funciona como una pequeña broma compartida entre los que conocen la versión larga. Si vas a usarlo, la versión completa es más fiel y más divertida.

Un aviso de pronunciación y de forma: plora resulta opaca para la mayoría de los hablantes de castellano, y por eso muchos dicen llora. Las dos formas circulan y ninguna es incorrecta, pero llora borra la huella de por dónde entró el refrán. Fuera de España no se usa. La fecha sí está muy viva al otro lado del Atlántico, con otro contenido: en México el 2 de febrero es día de tamales y de vestir al Niño Dios, sin lectura meteorológica ninguna, y en Canarias la Candelaria es la patrona del archipiélago y el día va de la Virgen, no del cielo. Quien suelte el refrán en cualquiera de esos sitios tendrá que explicarlo entero.

Expresiones parecidas

Pertenece a la familia de los pronósticos de larga distancia, junto a las cabañuelas y las témporas, que pretenden leer meses enteros en unas pocas jornadas señaladas, y junto a la luna de octubre, que hace lo mismo con una fase lunar. La diferencia es de actitud: aquellos van en serio, y este se ríe de sí mismo antes de que lo hagas tú.

Del mismo día sale el refrán del oso que sale de la osera, que es la versión con animal de la misma creencia y sirve para lo mismo. Y en el santoral hay muchos refranes que amarran una faena a una fecha, del tipo del que manda poner la gallina por san Antón; ahí la función es otra, porque marcan calendario de trabajo y no adivinan el tiempo.

Lo que separa a este de todos ellos cabe en una línea: es de los poquísimos refranes españoles que traen incorporado su propio desmentido.

Dónde se dice y con qué sentido

La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.

España

El tiempo del 2 de febrero anuncia el resto del invierno

Casi siempre se cita con la coletilla que se ríe del propio refrán

«Está diluviando: si la Candelaria plora, el invierno está fuera. Ya veremos.»

Cómo se dice en otros idiomas

EN

If Candlemas Day be fair and bright, winter will have another fight

Literalmente: Si el día de la Candelaria es claro y luminoso, el invierno dará otra pelea

DE

Lichtmess im Klee, Ostern im Schnee

Literalmente: Candelaria en el trébol, Pascua en la nieve

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «Si la Candelaria plora, el invierno está fuera»?

Que si llueve el 2 de febrero, día de la Candelaria, el invierno se da por terminado, y que si hace sol queda lo peor. Plora significa llora, es decir, llueve. La versión larga añade que, llueva o no, queda medio invierno por pasar.

¿Se dice plora o llora?

Circulan las dos. Plora es la forma catalana y aragonesa del verbo llorar, y es la que conserva la rima en las versiones orientales, donde el final es fora. Muchos hablantes de castellano dicen llora, y no se considera incorrecto.

¿Acierta el pronóstico?

No más que el azar. El tiempo de una jornada no contiene información sobre las seis semanas siguientes. El propio refrán lo sabe: por eso la coletilla popular remata diciendo que, llore o deje de llorar, la mitad del invierno está por pasar.

¿Tiene algo que ver con el día de la marmota?

Comparten raíz. La creencia europea de que un animal sale ese día de su madriguera y pronostica el invierno según vea o no el cielo despejado viajó a Norteamérica con los colonos alemanes de Pensilvania, donde el oso se convirtió en marmota.

Por qué puedes fiarte de esta ficha

Cada explicación lleva declarado su nivel de certeza. Cuando el origen está documentado, se cita la fuente; cuando solo hay hipótesis, se dice; y cuando la historia que circula por internet es falsa, se desmonta. Así trabajamos. ¿Ves algo que no encaja? Cuéntanoslo.

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