Pascua marzal, hambre o mortandad
Antiguo mal agüero según el cual una Pascua de Resurrección celebrada en marzo traería hambre o mortandad.
Antiguo mal agüero según el cual una Pascua de Resurrección celebrada en marzo traería hambre o mortandad.
Ejemplos de uso
- ««Pascua marzal, hambre o mortandad», respondió al recordar que el resultado todavía no estaba asegurado.»
- «El refrán «Pascua marzal, hambre o mortandad» sirvió para comentar la situación, no para sustituir los datos que faltaban.»
Alcance y precisión documental
Está documentado en refraneros del siglo XVI, pero expresa una superstición. La fecha móvil de la Pascua no causa epidemias, guerras ni malas cosechas.
Qué significa exactamente
Marzal es simplemente el adjetivo de marzo, hoy poco usado fuera de este refrán y de algún topónimo. La fórmula, brevísima, plantea una disyuntiva que en realidad no es tal: hambre o mortandad significa hambre y mortandad, porque en la economía antigua lo segundo venía detrás de lo primero con una regularidad tristemente comprobada. Otras versiones lo dicen sin disimulo y añaden la guerra a la lista.
Lo que el refrán afirma es una relación de causa entre la fecha de una fiesta y la suerte del año. No una coincidencia observada, sino una influencia: si la Pascua se adelanta a marzo, el año viene torcido. Es superstición en el sentido estricto de la palabra, y así la trataron ya en su momento quienes se molestaron en examinarla.
La fecha oscila porque la Pascua es móvil. Se celebra el domingo siguiente a la primera luna llena de la primavera, de modo que puede caer entre el 22 de marzo y el 25 de abril, algo más de un mes de horquilla. Toca marzo algo menos de una vez de cada cuatro años, lo que basta para que la creencia se refresque con regularidad y no llegue a olvidarse.
Conviene distinguirlo, además, de los refranes que hablan del mes de marzo sin más. Aquí no se maldice a marzo: se maldice que la fiesta caiga en él. La diferencia parece pequeña y no lo es, porque de ella depende que se trate de una observación meteorológica o de una creencia sobre los números del calendario.
De dónde viene
Aquí no hay que conjeturar nada, y eso es poco frecuente en el refranero. La expresión aparece ya en los repertorios de mediados del siglo XVI. Francisco de Espinosa la anota en su refranero, recopilado entre 1527 y 1547, con la grafía Pascua marçal o hambre o mortandad. Hernán Núñez la incluye en sus Refranes o proverbios en romance, de 1555. Y Gonzalo Correas la recoge en 1627 en su Vocabulario, que es donde la cosa se pone interesante, porque Correas no se limita a anotarla: la explica.
Su glosa desmonta la superstición desde dentro, y lo hace con argumentos materiales. Una Pascua temprana, viene a decir, cae en tiempo todavía invernal, frío y lluvioso; los corderos pascuales no están hechos para entonces; y la fiesta, con sus días de precepto, cae en plena temporada de arada y quita jornadas de trabajo en el peor momento. Correas advierte que el refrán no se decía por tener verdad, sino por estas razones prácticas. En 1627 alguien ya había visto que la fecha no influía en nada y que lo que fastidiaba era el calendario laboral.
Un siglo después, Benito Jerónimo Feijoo volvió sobre el asunto en sus Cartas eruditas y curiosas, donde examinó la fiabilidad de los adagios y calificó estas creencias de vana observancia, que era el término con que la teología moral designaba las supersticiones sin fundamento. Es el mismo tratamiento que dio a las cabañuelas y a otras profecías populares.
El refrán no es exclusivo del castellano. José Manuel Pedrosa lo ha documentado por toda la Romania, del portugués al catalán y al francés, siempre con la misma pareja de calamidades. Esa extensión indica que no nació en España, sino que forma parte de un fondo europeo común de creencias sobre el calendario litúrgico, y explica también su longevidad: una idea repetida en cinco lenguas se sostiene mucho mejor que una ocurrencia local.
En cuanto a por qué precisamente marzo, hay dos razones que se suman. La primera es la que dio Correas: una Pascua temprana es una Pascua fría, y la fiesta llegaba antes de que el campo hubiera dado nada. La segunda es la mala fama del propio mes, el de Marte, tradicionalmente asociado a los temporales que diezmaban los rebaños recién paridos y a un tiempo inestable que el refranero castellano no se cansa de retratar.
El bulo del calendario gregoriano
Circula desde antiguo una explicación que conviene desmontar: que el papa Gregorio XIII reformó el calendario en 1582 precisamente para evitar que la Pascua cayera en marzo. Lo sostuvo Torres Villarroel en el siglo XVIII y Rodríguez Marín lo desmintió en 1896. La reforma gregoriana corrigió el desfase acumulado entre el calendario juliano y el año solar, que había desplazado el equinoccio, y su efecto sobre la Pascua fue devolverla a su relación correcta con la primavera, no sacarla de marzo. La prueba es sencilla: después de la reforma la Pascua siguió cayendo en marzo con toda normalidad, como en 1883 o en 1894.
Cómo se usa hoy
Sobrevive, pero ha cambiado de función. Ya casi nadie lo dice creyéndolo: se cita como curiosidad los años en que la Semana Santa se adelanta a marzo, y suele venir acompañado de una sonrisa o de la mención de una abuela. Aparece en la prensa local, en los programas de radio de esas semanas y en las conversaciones de cofradía, donde el calendario pascual se sigue con lupa por razones prácticas.
El registro es neutro y el tono, casi siempre escéptico. Quien lo emplea suele estar citando una creencia ajena, no afirmando la suya, y esa distancia es parte del uso actual. Funciona también como comentario resignado cuando la Semana Santa adelantada trae mal tiempo, que es lo más probable, y entonces el refrán se cumple en el único sentido en que puede cumplirse: hace frío porque marzo es marzo.
Hay un resto de utilidad práctica en su versión hostelera y turística. Una Semana Santa de marzo significa procesiones con más riesgo de lluvia, menos afluencia y peor recaudación en las localidades que viven de ella, así que el mal augurio conserva una traducción económica real, aunque el mecanismo no tenga nada que ver con el que imaginaba el refrán.
Fuera de España se entiende donde la Semana Santa pesa en el calendario, que es buena parte de América Latina, pero la creencia concreta no ha arraigado allí con la misma fuerza y el refrán castellano se oye poco. Sus parientes vivos están más bien al lado, en Portugal, en Cataluña y en Francia, donde la misma superstición circula en su propia lengua.
Expresiones parecidas
Su reverso está en los refranes que celebran la Pascua tardía, del tipo de «Altas o bajas, en abril son Pascuas», que sitúan en abril el lugar natural de la fiesta y, con ella, del buen año. Entre los dos se ve el mapa completo de la creencia: marzo malo, abril bueno.
Del lado de la desconfianza hacia marzo se emparenta con toda una serie que retrata al mes como traidor, y muy en especial con «Cuando marzo vuelve el rabo, ni deja pastor enzamarrado», que avisa del temporal que llega cuando el mes ya parecía apaciguado. La diferencia es de naturaleza: aquellos son observaciones sobre el tiempo, este es una creencia sobre la fecha de una fiesta.
Y en el terreno de las supersticiones de calendario, comparte familia con los refranes que atribuyen fortuna o desgracia a la posición de una fiesta en el año, como los que rodean a la Navidad y a la Candelaria. Todos parten de la misma idea, la de que el año tiene una forma correcta y que salirse de ella se paga. Es la contabilidad moral del calendario, aplicada esta vez a la luna llena de primavera.
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «Pascua marzal, hambre o mortandad»?
Antiguo mal agüero según el cual una Pascua de Resurrección celebrada en marzo traería hambre o mortandad.
¿Qué conviene matizar?
Está documentado en refraneros del siglo XVI, pero expresa una superstición. La fecha móvil de la Pascua no causa epidemias, guerras ni malas cosechas.
Fuentes y referencias
Qué sostiene esta ficha
- Certeza declarada: se citan fuentes documentales; su alcance se explica en el análisis y las referencias.
- Fuentes citadas: 2 obras.
- Testimonio escrito citado: no se aporta una referencia específica en este campo.
- Estado editorial: cotejado contra fuentes primarias y corpus histórico.
Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.
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