El casado casa quiere
- Origen y documentación: Se le supone mucha antigüedad, pero el rastro más viejo que hemos encontrado es de 1876, y el diccionario de la Academia lo recoge en 1899. En la edición de Correas que tenemos, la de 1906, no aparece…
- Variantes recogidas: El casado, casa quiere
- En otros idiomas: «a married man needs his own home» (EN)
La pareja recién casada necesita vivienda propia y no convivir con los suegros. Se dice para justificar la independencia de los hijos que se casan.
El matrimonio nuevo pide casa propia. Eso sostiene el refrán: los recién casados necesitan un techo para ellos solos y no acomodarse en el de los padres de uno de los dos, porque la convivencia con la familia política acaba mal. Se usa para justificar la independencia de los hijos que se casan, y hoy, cada vez más, para lamentar que no puedan permitírsela.
Qué significa exactamente
Enuncia una necesidad, no un capricho. La estructura es de las más económicas del refranero —sujeto, complemento, verbo— y afirma que el hecho de casarse trae consigo el requisito de la vivienda, como si una cosa no pudiera darse sin la otra. No dice que sea conveniente. Dice que el casado la quiere, en el sentido antiguo del verbo, más cercano a necesitar o requerir que a desear.
Detrás hay un juego de palabras que existe un motivo para ello. Los diccionarios etimológicos derivan casar de casa: casarse era, literalmente, poner casa, formar un hogar aparte. Visto así, el refrán no relaciona dos cosas distintas, sino que le recuerda al oyente lo que la propia palabra ya contenía. De ahí su aire de evidencia y su eficacia como argumento: quien lo suelta parece estar constatando algo que está en el idioma antes que en su opinión.
Quién lo dice y a quién se lo dice ha cambiado, aunque de los primeros tiempos no sabemos nada: por escrito no lo encontramos hasta el siglo XIX. En los ejemplos de entonces que hemos podido leer casi siempre lo suelta un tercero, alguien de la familia, para empujar a la pareja a poner casa propia. Hoy se usa con más frecuencia al revés, entre los propios interesados, y a veces con una tercera intención: la de justificar la marcha ante unos padres que preferirían tenerlos cerca.
Conviene distinguirlo de cada mochuelo a su olivo, con el que a veces se confunde. Aquel manda a cada uno a su sitio y sirve para cualquier grupo que se dispersa; este habla específicamente del matrimonio y de la vivienda, y lleva incorporada una idea de fundación: no se trata de volver a un sitio propio, sino de crear uno nuevo que antes no existía.
De dónde viene
Se repite mucho que es un refrán del Siglo de Oro, y en los libros que hemos podido consultar eso no sale. Lo hemos buscado de varias maneras, incluida la grafía antigua con ese larga, y esto es lo que hay. En el diccionario de la Academia de 1831 no está: el artículo «casado» trae solo «casado y arrepentido» y pasa directo a «casador». En el de 1899 ya sí, y es el libro más viejo en el que lo encontramos; la página viene con borrones de la máquina de leer y pone «que encarece la conveniencia de que cada matrimonio viva indepeudiente en casa aparte». Ese «indepeudiente» no es cosa del diccionario, es el borrón: Sbarbi copia la misma explicación en 1922 y escribe «independiente». El de 1914 repite la entrada, aunque ahí la página está tan machacada que las palabras del refrán ya no se leen, y lo reconocemos por la explicación, que es la misma, y por el sitio que ocupa, justo antes de «casador». Sbarbi, en 1922, lo da con todas las letras: «Encarece la conveniencia de que cada matrimonio viva independiente en su casa, y separado de los demás individuos de la familia.» Y en 1926 lo recoge Rodríguez Marín: «El casado, casa quiere.» Fuera de los diccionarios, el banco de textos antiguos de la Academia, el CDH, da nueve casos, y el más antiguo que enseña es de 1876; de ese ejemplo la herramienta solo imprime el año y el país, España, así que no podemos decir ni de qué libro sale ni quién lo escribió.
De Correas no hay rastro. En la edición de su Vocabulario que tenemos, la que publicó Miguel Mir en 1906, el refrán no aparece: en ese tramo del abecedario están «El casado y la bestia, con la cabeza abre la puerta.» y «El casado descontento, siempre vive con tormento.», y en medio no hay nada que se le parezca. Y hay algo que lo apoya desde fuera: Rodríguez Marín, que sí lo recoge, tituló su colección Más de 21.000 refranes castellanos no contenidos en la copiosa colección del maestro Gonzalo Correas, o sea que juntó a propósito lo que a Correas le faltaba, y metió este. No es nuestra palabra contra la de nadie: es un estudioso de 1926, con el Correas delante, diciendo que ahí no estaba.
Tampoco lo trae el refranero del marqués de Santillana, los Refranes que dizen las viejas tras el fuego, que son de mediados del siglo XV y de los que manejamos el impreso de Sevilla de 1508: de toda esa familia de palabras solo sale «Haxa la enlodada, nin viuda nin casada.» Ni lo trae Hernán Núñez en 1555, setenta y dos años antes de la fecha que se le suele poner a este refrán; en su libro «casado» aparece siete veces y ninguna es esta, sino «Médico casado, cornudo ó espantado.», «En Tencambado, antes cornudo que casado.» y parecidas. Y en los libros modernos que cuentan de dónde vienen los dichos, los de Iribarren, Buitrago y Doval, tampoco está.
Lo que sí encaja bien es el apuro al que responde, y que en el siglo XIX seguía siendo el de siempre. Casarse no era alquilar un piso: era negociar entre dos familias el patrimonio con el que la pareja iba a empezar, y en muchas casas la única solución posible era que los recién casados se instalaran con los padres de uno de ellos. Esa convivencia forzosa, en viviendas pequeñas y con la autoridad doméstica en manos de la generación anterior, era fuente permanente de fricción. A ese mismo roce apuntan los refranes de suegras y nueras, que en el Vocabulario de 1906 van varios seguidos: «Suegra, ni de azúcar buena; nuera, ni de pasta, ni de cera.», «Suegra, ninguna buena; hícela de azúcar, y amargóme; hícela de barro, y descalabróme.»
El refrán toma partido en ese conflicto. Da por sentado que la casa propia es condición de la nueva vida y no un lujo, lo que en su momento era una afirmación con consecuencias prácticas: reclamaba recursos, obligaba a las familias y legitimaba a la pareja frente a los padres. No es una descripción, es un argumento, y por eso ha sobrevivido tan bien.
De un episodio, de un autor o de una fecha de invención no hay noticia ninguna: es de esas frases que no tienen padre conocido. Lo más razonable es pensar que anduvo de boca en boca antes de que nadie se molestara en apuntarla, que es como nacen casi todos los refranes; pero eso es lo que parece, no lo que podemos enseñar. Papel escrito y con fecha lo tenemos desde 1876, y libro que lo explique desde 1899.
Lo que se cuenta por ahí (y por qué no cuadra)
Se lee en muchos sitios que este refrán está en el Vocabulario de Gonzalo Correas de 1627 y que ya venía de las colecciones del siglo XVI. En la edición de Correas que tenemos, la que publicó Miguel Mir en 1906, no aparece; tampoco en el refranero de Hernán Núñez de 1555 ni en el del marqués de Santillana, que es de mediados del siglo XV. El libro más antiguo de los que hemos podido consultar en el que sí está es el diccionario de la Academia de 1899. Y hay un dato que lo apoya desde fuera: Rodríguez Marín, que lo recoge en 1926, tituló su colección «Más de 21.000 refranes castellanos no contenidos en la copiosa colección del maestro Gonzalo Correas», es decir, reunió a propósito lo que a Correas le faltaba, y metió este.
Cómo se usa hoy
Sigue plenamente vivo y su registro es neutro: cabe en una conversación familiar, en un artículo de prensa y en una charla entre amigos sin desentonar. Se cita entero, porque es corto, y con frecuencia se le añade un comentario detrás, que suele ser donde está la intención real del hablante.
Y es que su uso más habitual hoy no es el literal, sino el irónico. La frase da por descontado algo que en España se ha vuelto difícil, así que se emplea continuamente en clave amarga a propósito del precio de la vivienda, con remates del tipo el casado casa quiere, pero no puede. Aparece así en tertulias, en titulares sobre alquileres y emancipación y en la conversación corriente de cualquier familia con hijos de treinta años en casa. El refrán se ha convertido, sin cambiar una palabra, en el enunciado de un problema social.
Conserva también el uso tradicional, sin ironía, cuando alguien defiende que una pareja debe instalarse por su cuenta. En ese contexto hay que medirlo: dicho delante de unos suegros con los que la pareja convive, suena a reproche directo, por muy refrán que sea. Dos usos naturales: Se quedan en casa de mis padres seis meses y luego alquilan, que el casado casa quiere. Y en la versión de hoy: El casado casa quiere; con dos sueldos de mil euros, ya me dirás cuál. Dentro del español americano circula el sentido sin dificultad en todo el ámbito hispanohablante, aunque su circulación corriente es peninsular.
Expresiones parecidas
El contraste más instructivo es con contigo, pan y cebolla, porque los dos hablan de lo mismo y dicen lo contrario. Aquel proclama que el amor se basta y que las condiciones materiales son secundarias; este afirma que sin casa no hay matrimonio que aguante. El refranero sostiene las dos posiciones a la vez, y quien las usa elige según lo que necesita defender ese día, que es exactamente cómo funciona esta clase de sabiduría.
Del terreno de la familia política vienen los refranes sobre suegras, como suegra, ni de azúcar buena, que en el Vocabulario de 1906 va seguido de nuera, ni de pasta, ni de cera. Ahí la relación es de causa a efecto: el refrán de la casa propone la solución, y los de la suegra describen el problema que la hace necesaria.
Por otro lado está casar y compadrar, cada cual con su igual, que se ocupa de la elección de pareja y no del alojamiento, aunque comparte con este el aire de consejo práctico sobre el matrimonio. Y cada mochuelo a su olivo, ya comentado, se le acerca en la forma pero se aplica a cualquier dispersión y carece de la idea de fundar un hogar, que es lo específico de este.
⏳ Cronología y Registro Histórico
«que encarece la conveniencia de que cada matrimonio viva indepeudiente [independiente] en casa aparte»
Dónde se dice y con qué sentido
La expresión se usa con el mismo sentido en todos estos países. Cuando hemos encontrado algún matiz propio, queda anotado.
España
Los recién casados necesitan hogar propio
Se usa hoy con ironía amarga, cuando el precio de la vivienda impide justamente eso
«El casado casa quiere, decía mi abuela; hoy el casado quiere y no puede.»
Ejemplos de uso
- «Mamá, no te lo tomes a mal, pero nos buscamos piso: el casado casa quiere y así estaremos mejor todos.»
- «Fue su suegra la primera en decirlo, que el casado casa quiere, y les ayudó con la entrada del piso.»
- «En el debate sobre alquileres alguien recordó que el casado casa quiere, pero que hoy pocos pueden permitírselo.»
Así suena en una conversación
Después de la boda
—¿Se quedan con los suegros?
—El casado casa quiere.
Buscando piso
—Con lo que cuesta ahora…
—El casado casa quiere.
—Pues a ahorrar.
Cómo se dice en otros idiomas
EN
a married man needs his own home
Literalmente: un hombre casado necesita su propia casa
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el casado casa quiere?
Que la pareja recién casada necesita vivienda propia y no debe quedarse conviviendo con los padres de uno de los dos. Enuncia una necesidad, no una preferencia.
¿De dónde viene el refrán el casado casa quiere?
No se sabe quién lo dijo primero. Lo más antiguo que hemos encontrado es de 1876, en el banco de textos antiguos de la Academia, y en 1899 ya está en el diccionario; después lo recogen Sbarbi en 1922 y Rodríguez Marín en 1926. En la edición de Correas que tenemos, la de 1906, no aparece, ni en el refranero de Hernán Núñez de 1555 ni en el del marqués de Santillana. Encaja con el apuro de siempre, vivir con la familia política, pero eso explica el apuro, no la frase.
¿Por qué se dice casado y casa en el mismo refrán?
Porque están emparentados: los diccionarios etimológicos derivan «casar» de «casa». Casarse era, literalmente, poner casa, y el refrán juega con eso para sonar a evidencia.
¿Se sigue usando el casado casa quiere?
Sí, y muy a menudo con ironía. El precio de la vivienda impide a muchas parejas cumplir lo que el refrán da por evidente, así que suele rematarse con un «pero no puede».
Fuentes y referencias
- Academia Española, Diccionario de la lengua castellana (1899), s. v. casado, «que encarece la conveniencia de que cada matrimonio viva indepeudiente en casa aparte.» Es el libro más antiguo de los que hemos podido consultar en el que aparece. El escaneo parte el lema («el ca sado casa quiere») y deja «independiente» como «indepeudiente»; se cita tal cual y el borrón se explica en el texto
- Real Academia Española, Diccionario de la lengua castellana (1914), s. v. casado, «que encarece la convenieatia de qae cada matrimonio rira iadcpaadtaateacaie en casa aparte.» Misma entrada y misma explicación. El escaneo está tan deteriorado que las palabras del refrán son ilegibles: la identificación se apoya en la explicación, que es la misma de 1899, y en la posición alfabética, justo antes de «casador»
- Academia Española, Diccionario de la lengua castellana (1831), s. v. casado: consultado; el artículo trae «casado y arrepentido» y pasa directo a «casador», sin este refrán
- Sbarbi y Osuna, José María, Diccionario de refranes, adagios, proverbios, modismos, locuciones y frases proverbiales de la lengua española (1922), s. v. casado casa quiere, «El casado casa quiere.» y «Encarece la conveniencia de que cada matrimonio viva independiente en su casa, y separado de los demás individuos de la familia.» Es la versión que confirma cómo había que leer el borrón de 1899
- Rodríguez Marín, Francisco, Más de 21.000 refranes castellanos no contenidos en la copiosa colección del maestro Gonzalo Correas (1926), s. v. casado casa quiere, «El casado, casa quiere.» Va como entrada propia, entre «El casado a media carta, cuando quiere se aparta» y «El casado no ha de volver a su casa con las manos vacías». Lo vuelve a citar al explicar otro refrán, «Hija casada, hija apartada»: «Porque, según otro refrán, el casado, casa quiere». Por el título del libro, hecho a propósito con lo que a Correas le falta, su inclusión es la certificación de un tercero con nombre y fecha de que Correas no lo recogía
- Correas, Gonzalo, Vocabulario de refranes y frases proverbiales y otras fórmulas comunes, en la edición de Miguel Mir (1906): consultado; en el tramo de «el casad…» están «El casado y la bestia, con la cabeza abre la puerta.» y «El casado descontento, siempre vive con tormento.», pero no este refrán. De esta misma edición salen los dos refranes de suegras que se citan en el cuerpo: «Suegra, ni de azúcar buena; nuera, ni de pasta, ni de cera.» y «Suegra, ninguna buena; hícela de azúcar, y amargóme; hícela de barro, y descalabróme.»
- Atribuido a Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, Refranes que dizen las viejas tras el fuego (mediados del siglo XV; el ejemplar consultado es el impreso de Sevilla, 1508): consultado; de esa familia de palabras solo trae «Haxa la enlodada, nin viuda nin casada.»
- Núñez de Toledo y Guzmán, Hernán, Refranes o proverbios en romance (1555): consultado; «casado» sale siete veces y ninguna es este refrán («Médico casado, cornudo ó espantado.», «En Tencambado, antes cornudo que casado.»)
- Iribarren, José María, El porqué de los dichos; Buitrago, Dichos y frases hechas; Doval, Del hecho al dicho: consultados los tres, que son los libros del corpus que explican de dónde vienen los dichos; ninguno trae este refrán. Los dos únicos impactos son de otros pasajes: en Buitrago, un comentario del Quijote sobre Dorotea; en Iribarren, «será el casado marido y el perdido más perdido»
- Corpus del Diccionario histórico de la lengua española (CDH), Real Academia Española: nueve casos; el más antiguo que lista es de 1876 (España). La consulta devuelve solo año y país de cada ejemplo, sin autor ni obra, así que de ese testimonio no se puede decir nada más
Qué sostiene esta ficha
- Certeza declarada: hay una hipótesis con apoyo, pero no está probada.
- Fuentes citadas: 10 obras.
- Testimonio escrito citado: Diccionario de la lengua castellana, 1899.
- Estado editorial: cotejado contra fuentes primarias y corpus histórico.
Así trabajamos. ¿Usas esta expresión de otra forma en tu región, o conoces una variante local que no aparece aquí? Cuéntanosla y la añadimos citándote.
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